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Cuando alguien mete la pata

Asertividad y acompañamiento

Es frecuente que, cuando alguien comete un error y se avergüenza de lo que hizo, lo hace con sinceridad y hombría de bien, no falta quien se regodee en seguirle embarrando, de por vida, sus muchos defectos, sus debilidades y torpezas.


Asuntos laborales


Para muchas personas que se ven en esta situación, de nada sirve reconocer sus debilidades, porque –lamentablemente es más frecuente de lo que pensamos– en ocasiones, el líder es quien se encarga de difundir con más fuerza los defectos y las metidas de pata de la gente. ¿Resultado? Siempre será más fácil pedir perdón que pedir permiso. Y así es como se crea una especie de “cultura de la hipocresía”.

El asunto es nefasto, porque los colaboradores se acostumbran a decir solamente aquello que al líder le gusta escuchar, es decir, la “cultura de las buenas noticias”.

Cuando el colaborador reconoce el error

La primera divisa es entender que, cuando el colaborador reconoce sinceramente que ha cometido errores, la sentencia debe reconsiderarse.

Probablemente alguno de mis entrañables lectores se pregunte sobre los “cómo” aprender a ubicar la presencia de un grado importante de humildad y sinceridad para reconocer el error. No es sencillo, pero es cuestión de que el líder se ejercite en el aprender a “leer” a cada colaborador. A entender su lenguaje no verbal y a identificar los frutos por los cuales cada colaborador puede ser también identificado conocido.

Dentro de la evolución del liderazgo, el coaching recomienda aprender a leer a las personas y distinguir las formas de su comunicación verbal y la congruencia con el lenguaje no verbal. En este sentido, la práctica hace a un buen maestro.

La actitud del líder

Visto así, la actitud del líder proactivo es la de “abrirle la puerta” al colaborador que cometió el error, la falla. Se trata de que el subordinado entienda, comprenda y asimile que el reconocimiento de la falta puede ser recibido con beneplácito, al tiempo de que el líder se convierte en un coadyuvante para efectuar la reparación del daño. Es decir, los subordinados perciben que la actitud del líder es de misericordia, de comprensión y de acompañamiento. No  de exterminio ni devastación.

¿Por qué es tan importante esta actitud del líder, en especial por los problemas por los que atraviesa el país? Simple. Porque si la empresa desea conservar a la gente talentosa, productiva y con gran sentido de pertenencia a la misma empresa, el líder debe entender que los errores seguirán apareciendo de una u otra forma. Desde luego, la técnica facilita la realización de los procesos con calidad “cero defectos”, pero las actitudes proactivas son las que facilitan el empoderamiento de la gente y su predisposición a innovar.

La gente debe saber que el líder también es susceptible de cometer errores y meter la pata, pero que el enfoque de los valores de la empresa no se centra en la identificación y ahorcamiento de los culpables, sino en el aprendizaje de la experiencia y las modificaciones a los procesos y sistemas para evitar caer nuevamente en el error.

Al líder del Siglo XXI que quiere construir una empresa –el tamaño no importa, puede ser micro, pequeña, mediana o grande– de clase mundial, es capaz de hacer trascender –llevar de un lugar a otro más elevado– a cada colaborador. Esto es parte de los valores y la filosofía de la empresa competitiva. El Doctor Kaoru Ishikawa sostenía que el 85 por ciento de los errores se presenta por la forma en que hacemos las cosas. Y sólo el 15 por ciento es culpa de las personas.

Un reforzador fundamental del líder en este tema, radica en acompañar y ser empático con el colaborador que erró, no sólo de palabra, sino también acompañando las frases con todo un formato de lenguaje no verbal, que refuerce el rumbo del acompañamiento. Así, la gente empezará a amar lo que hace, en vez de estar maldiciendo lo que hace y trabajar en lo que no le gusta.

Respeto y reconocimiento

Es una pena que, ya iniciado el nuevo milenio, aún puedan encontrarse dirigentes de empresa que se deleitan avergonzando a los colaboradores. En las organizaciones donde se actúa así, es frecuente encontrar grandes cantidades de “robo hormiga” de maquinarias y equipo descompuesto, porque a alguien se le cayó una herramienta de acero en el interior de la máquina. A eso se le llaman “venganzas”.

Por el contrario, cuando el líder ofrece respeto y da muestras constantes de ello, los entornos cambian. Estas actitudes de respeto a los demás deben traducirse en acciones concretas. Nadie respeta un lugar de trabajo en donde los sanitarios rebosan su contenido y donde se requieren mascarillas especiales para soportar el mal olor.

Es importante que el líder entienda que avergonzarse es un sentimiento íntimo que pega fuerte en la vida personal, y que, por tanto, demanda del mismo líder esa actitud de respeto, acompañada por el reconocimiento.

Normalmente, el dirigente-administrador centra todos sus esfuerzos en evidenciar las debilidades de su gente, en vez de reconocer y darle impulso a las fortalezas del colaborador, a todo aquello en donde el colaborador es bueno. Y en vez de humillar a la gente, cuando el líder hace el reconocimiento –en público– de los aciertos y virtudes del subordinado, el comportamiento deseable es más fácil que se repita. No es conductismo. Es saber catapultar las fortalezas y el talento de la gente.

Es todo un reto. Por esto mismo, estos conceptos también son aplicables a los padres de familia y los maestros. Vale la pena el nuevo enfoque, en particular, cuando alguien mete la pata.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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