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Para perpetuar la pobreza

Cambio de paradigma

Una entrega del periodista Antonio Gutiérrez Trejo consigna un elemento interesante para el análisis de mis preciosísimas lectoras y gentiles lectores, más allá de lo que le pase al Chapo.


Análisis Social


Se trata de romper con un tan viejo como obsoleto paradigma que ha tenido postrado a México desde varias décadas atrás, porque siempre se ha creído que si se aumenta el presupuesto social, se acabarán los problemas de pobreza, ignorancia y desigualdad. Así nació la divisa de la revolución en el país, lo mismo que ahora se percibe en los resultados de Cristina Fernández, Evo Morales o Nicolás Maduro.

De aquí que el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado se haya expresado fuerte, lamentando que la administración que preside Enrique Peña continúe de forma reiterada enviando y canalizando “la mayor parte del presupuesto a gasto social y no al de inversión”, destaca Gutiérrez Trejo.

Por qué cambiar

Es evidente que el concepto de solidaridad resulta fundamental, en especial, durante los momentos de crisis. Sin embargo, las ayudas que se ofrecen –subsidium– no pueden ni deben ser permanentes, porque generan, casi por gravedad, una cultura de dependencia y castran los resultados que podrían alcanzarse aplicando una eficaz subsidiariedad.

En buen romance, la subsidiariedad puede sintetizarse en la siguiente premisa: que no haga el mayor lo que pueden realizar los menores. Dicho de otra forma, tanta ciudadanía como sea posible, y sólo tanto gobierno como sea necesario. Enorme verdad de Perogrullo.

¿Para qué se mete el gobierno a hacer zapatos, si eso lo pueden realizar los particulares? Cuando se acciona en contrario, fácilmente se afectan de manera negativa los efectos de la competitividad y el desarrollo de las personas. Y estos lineamientos no son únicos ni de ahora. Revisemos: Jesucristo realizó todos los milagros que se mencionan en la Escritura, es cierto. Pero si analizamos con un poco de más detalle, todos aquellos que recibieron el milagro tuvieron que hacer su parte. Lo mismo con el paralítico de la piscina que la hemorroísa; lo mismo que Zaqueo o la samaritana.

Por ello, es fundamental y urgente cambiar de paradigma. La razón es sencilla: cuando no se aplica el principio de subsidiariedad, se crea una cultura de infantilismo y dependencia. En México hay familias enteras que viven literalmente de recibir ayudas sociales. Cada miembro de esas familias recibe beneficios porque está inscrito en la lista de ayudas.

El impacto de la dependencia

¿Cuántos programas sociales pueden identificar los adictos a esta columneja? ¿Cuál es el riesgo de todo ello? Por un lado, decíamos que es crear una cultura de dependencia e ineficiencia social; pero, por otro lado, también surge la tentación de generar mecanismos clientelares al servicio de líderes comunales que cobran lo entregado con credenciales de elector y votos cautivos.

De fondo, todos estos mecanismos acaban por disparar y perpetuar la pobreza que se pretende acabar. El Coneval ha dado cuenta de los escasos resultados de programas como los actualmente aplicados. Lo nefasto es que no acabamos de desprendernos de la cultura del “Estado benefactor”, cuando –por las características de la crisis mexicana– lo que se requiere es implantar el paradigma del “Estado facilitador”.

Visión de Estado

El gobierno y el Estado no son empleadores ni generadores de puestos de trabajo. Eso es tema de la empresa privada, que para lograrlo, requiere que el Estado genere y propicie las condiciones para que la empresa se desarrolle de forma eficiente, y con ello, los empleos formales y bien pagados aumenten y mejoren.

La mejor forma y la más eficiente de acabar con la pobreza, es creando nuevas fuentes de trabajo, facilitando la inversión para que las micro, pequeñas y medianas empresas generen riqueza y que ésta sea distribuida, cumpliendo con la hipoteca social que le corresponde. Por tanto, una medida adoptada por el Estado deberá orientarse a impulsar y favorecer la inversión productiva, y fortalecer mediante ello el mercado interno. Actuar en otro sentido, sacará a México de la competencia global.

De aquí que la profecía del CEESP adquiera un valor fundamental: “Destinar cada vez mayores recursos a gasto corriente no asegura ni una eficiente distribución del ingreso ni tampoco un efecto importante sobre el ritmo de crecimiento de la economía”.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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