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Urge una extradición lenta

Escueto

Acabo de escuchar el mensaje que, a nivel nacional, dio el presidente Peña Nieto; un discurso escueto, simple y alejado de la verborrea tradicional, aunque hiperbólico en los conceptos que juegan entre el ejercicio retórico del lenguaje personalizado –ordené, dije, me comprometí– y las infaltables expresiones de “los mexicanos unidos”, “somos fuertes”, tenemos un gobierno cuidadoso del Estado de Derecho, y las felicitaciones típicas a todos los personajes e instituciones que intervinieron en la captura de Guzmán Loera.


Chapo Guzmán


Se cumplió

La parafernalia, la decoración exquisita requerida por el ritual, las dos banderas nacionales acompañando al mandatario, la alfombra recién lavada y planchada, y todo el equipo de especialistas bien formaditos y almidonados, compusieron la escenografía del caso. Se cumplió a cabalidad en el tema, a pesar de que, si mis adorables lectoras y amables lectores coinciden con el escribano, el mensaje estuvo flojo, quedó a deber en el fondo y la forma.

Ciertamente, no se trataba de festejar el hecho, pero ése parecía ser el rumbo. En ciertos momentos previos al evento y casi instantes después del tweet presidencial, el anuncio estratégicamente guardado para este día, igualmente quería hacer sentir –esa fue la primera impresión– que con la recaptura del capo los problemas nacionales quedarían resueltos.

El contexto

Como era de esperarse, el retraso en la participación y el anuncio formal permitió que las redes se saturaran con mensajes. Unos, los menos, aplaudiendo, como fue el caso de los voceros oficiosos; otros más, dando la buena noticia, pero preguntándose y preguntando a la audiencia respecto del “ahora dónde lo van a guardar”. Algunos animadores, como Daniel Bisogno, pidiendo que encierren al Chapo en una celda donde no haya ni baño, ni regadera, porque el recapturado ya conoce lo planos y él sí sabe cómo hacerle.

El sentir de la gente en las redes

Lo que el ciudadano de a pie percibe, es lo de siempre: incredulidad, desconfianza y levantamientos de ceja, que en lenguaje no verbal dicen mucho para el buen entendedor.

En efecto, se duda… y con la duda se siembran inquietudes de todos los aromas y sabores.

¿Ya lo tenían y lo anunciaron hasta hoy por todos los problemas que hay con la devaluación, la subida brutal del dólar, la caída de los precios del petróleo y las reformas que no acaban de cuajar en cosas concretas para las familias? En este país todo eso puede ser; es parte de los privilegios del Mirreynato, como lo refiere el analista Ricardo Raphael.

En el trabajo de inteligencia se mencionó a todos los organismos y entidades nacionales, pero el presidente no mencionó la coordinación y colaboración de los servicios de inteligencia estadounidenses. ¿Participaron o no? ¡He ahí el dilema!

¿Qué pasará, qué misterio habrá…?

Indudablemente, la captura de Guzmán Loera hará subir como espuma –señala Ferriz de Con– los bonos del presidente al iniciar la segunda parte de su mandato. Sin duda es un buen éxito, porque se trata de un hecho concreto, específico, que la sociedad mexicana espera y merece; pero ello, no significa que mandando al Chapo extraditado, se resolverán todas las dificultades nacionales.

Desde luego surge la pregunta de fondo, más allá del reduccionista concepto sobre el lugar donde estará preso y las medidas de custodia para que no se vuelva a escapar de la “máxima seguridad”.

Como se ha informado, toda la estructura jurídica y diplomática está lista para que se realice la extradición del Chapo a cárceles de Estados Unidos.

El problema más grave para el sistema, desde el enfoque de este aprendiz de escriba, se encuentra en el hecho de que nuestro pueblo tiene muy mala memoria histórica. Y si al capo sinaloense lo mandan a la brevedad a Estados Unidos, a la gente –perdonando lo genérico de la expresión– se le va a olvidar muy pronto el plausible éxito presidencial, para volver a cuestionar muchas de las cosas que en tierra mexica siguen sucediendo.

Para que dure la sonrisa y la emoción del momento, la mexicana alegría necesita una urgente, pero lenta, extradición del Chapo. ¿O no?

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