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Carta a Chabelo

Me resisto con fuerza a decirte “Señor López”, o “Estimado señor don Chabelo”. Prefiero decir simplemente “Chabelo”, tal como te conocí y tal como puedo identificar –también así lo hicieron mis hijos, y ahora una nueva generación de tus admiradores en casa– a ese niño intemporal, dueño de un carisma que nadie… ni el tío Gamboín o el mismo Walter Elias Disney lograron. Así que:


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Estimado Chabelo:

De verdad, ¡no entiendo a los estrategas de Emilio! Ciertamente, ya había varios programas que –urgía– que sacaran del aire, pero el tuyo –siempre tan nuestro, tan de nuestra familia– ¿por qué? ¿Porque a alguien se le ocurrió que había que cambiar de “formato”? Se me hace altamente peregrino el argumento.

La razón vale la pena comentarla y compartirla. No se trata de demeritar a nadie ni minusvaluar las producciones, pero hay que decirle a la televisora a la que, dicho sea de paso, le entregaste muchos años de la vida de Chabelo, que ni los programas de Discovery Kids, Nikelodeon, ICarly o las chicas Superpoderosas lograban reunir a la familia en la misma cama, haciendo del domingo un día realmente especial, porque todos llegaban a invadir la recámara de los papás, para que, bien cobijaditos, jamás pensáramos en “catafixiar” esos instantes con nada del mundo.

Tú eras un factor de unidad y de cariño, de admiración y alegría para miles y miles de familias.

Junto contigo, nuestra casa se emocionaba al máximo, cuando veíamos a mamá que no acertaba en el juego planeado por tu producción, o cuando papá se empleaba a fondo y con todas las ganas del mundo hacía su mejor esfuerzo para convertirse en el héroe de los hijos. Todos, desde nuestra cama, te ayudamos muchas veces a contar, generalmente a gritos, para que empezara el concurso, porque todos, absolutamente todos en casa, nos sabíamos y sentíamos “cuates” y “cuatitas”.

¡Cómo nos acordamos de las travesías de los papás al intentar trasladarse por la cuerda floja, en tanto tú los ponías nerviosos entonando una vetusta canción!: “Silencio, que están durmiendo”. Muchos papás no lo lograron, pero tú siempre tenías un premio, aun para quienes no obtenían el éxito esperado.

Cuando nos enteramos que te sacaban del aire, en una de esas mega-reuniones familiares, varios papás se acordaron de tus programas “en blanco y negro”, al anunciar junto con el Tío Gamboín los famosos “Juguelotes”. Los chicos –de aquella época maravillosa– esperaban con expectación los juguetes que presentarías. ¡Eran geniales de verdad!

¿Sabes por qué te seguimos recordando así? Porque Chabelo será siempre el niño intemporal que vivirá en nuestros corazones, aunque lo mercadólogos pretendan otra cosa. Es decir, nadie podrá sustituirte jamás. No es gratuito lo que muchos decimos. Verifica por favor la cantidad de Inbox que viajaron por las redes; ve la polvareda electrónica que Twitter levantó, y los cientos de memes que se distribuyeron en Facebook.

Chabelo, ¿sabes una cosa? Nunca vamos a olvidarte. Gracias por todo lo que tú lograste escribir en nuestras historias de familia. Gracias por re-dimensionar la importancia de vivir y estar “En Familia”. Hasta siempre.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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