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Estrategias para el Año de la Misericordia

Hace unas horas el Papa Francisco inició las solemnidades del “Año de la Misericordia”. Evidentemente, todo lo que ello implica resultará formidable para la catolicidad a nivel mundial, aunque esto suene a pleonasmo.


Año Misericordia


Sin duda, la celebración se caracterizará por una serie de eventos que marcarán la vida cristiana y los procesos de evangelización que, aun después de cincuenta años del Concilio Vaticano II, siguen tan vigentes como desafiantes.

Algunas de mis hermosísimas lectoras y amables lectores hicieron llegar a la mesa de trabajo de este aprendiz de escribano algunas inquietudes. Entre ellas, ¿cómo hacer del Año de la Misericordia algo cotidiano, algo nuestro para cada día?

En las cosas pequeñas

No se trata de escribir un sesudo tratado de Summa Caritatis, porque el objeto no es disertar sobre la caridad o dar una charla brillante para los intelectuales y la academia. El propósito es vivirla, y hacerlo en las actividades que se realizan cada mañana, como parte de una agenda de cambo interno que proyecta a los demás.

El Papa Francisco, en un mensaje reciente en Santa Marta, provocó una iniciativa interesante para lograrlo: Haz aquello que no hicieron contigo.

Si hay alguien que no es cortés contigo, porque a pesar de que pasa a tu lado, no te dirige la palabra, simple: Dile con una sonrisa, que le deseas el mejor de los días. Si no te contesta o te mira con cara de alienígena, no te preocupes, tú ya hiciste aquello que esa gente no hizo contigo.

Si has recibido ofensas y tu reputación ha quedado en el piso, pídele a Dios que a esa gente que te desea todo mal, le mande toda clase de bendiciones. Verás que pedir por quienes nos desean mal, realmente sana y renueva los pensamientos. Este aprendiz de escribano no quiere mentir. Rezar y pedirle a Dios por aquellos que quisieran vernos derrotados, sumidos en el fracaso y la miseria espiritual, no es fácil. Se requiere desarrollar un alma grande. Eso quiere decir “magnanimidad”.

Por otro lado, quizá, cuando más necesitabas del apoyo de alguien, te dejaron en un total abandono, la receta es sencilla: apoya, respalda, ve en ayuda de esa gente que te necesita, sin importar que haya recurrido a ti o percibas un rechazo de su parte.

Es visitar a aquella familia que, te han dicho, el padre se ha quedado sin trabajo. El propósito es visitarlos y continuar con una tradición cristiana extraordinaria: llevarles y compartir algo de los platillos que alegran nuestra mesa.

Es también entender que, cuando alguien, cuando un papá, mamá y dos o tres pequeños tocan a la puerta de tu casa pidiendo algo de comer, rogándote lavar el auto o barrer el frente del lugar en donde vives, detrás de esa petición hay un enorme mensaje de ayuda. Si hubo un momento en que contigo nadie apoyó, arrima el alma a la caridad –diríamos en lenguaje taurino– y sé generoso con aquellos que tocaron tu corazón.

¿Tienes un compañero de trabajo que está “cazándote” para vociferar cuando cometes algún error, para magnificarlo? Habla bien de aquel sujeto. Observa cuáles son sus cualidades y difunde sus virtudes, para que devuelvas bien por mal. No es fácil, pero es muy factible.

El último desafío que lanza este escribano: Realiza una acción de éstas cada día… una sola al día, no más. Verás que al finalizar el Año de la Misericordia habrás realizado 365 obras de esta naturaleza. No te extrañe que las cosas cambien… para bien.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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