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Terrorismo, injusticia y pobreza

Óyelo juan, que te lo digo a ti

Ahora que SS Francisco anda de gira por Nairobi, el aprendiz de escribano se queda admirado de la visión del pontífice a la vez del enfoque global que tiene la problemática mundial. Quizá coincidan mis adorables lectoras y maravillosos lectores, que los mensajes del Papa tienen un efecto de epicentro -como los movimientos telúricos- y llegan a todas partes.


Visita Papa


En esta oportunidad, el público objetivo fueron los dirigentes políticos y los líderes empresariales, a quienes convocó a luchar contra la pobreza y la frustración, empleando como medios: la distribución equitativa de los recursos -que este escribano quiere interpretar como el cumplimiento de la hipoteca social del empresario, y la solidaridad y subsidiaridad como políticas públicas -enfocando su razonamiento en un tema toral para todos los países.

La claridad de pensamiento fue igual de determinante: la pobreza, la frustración, la carencia de lo que sea y la injusticia, son el terreno fértil para el surgimiento de los conflictos bélicos y el terrorismo.

¿Y la revolución mexicana cumplió su objetivo?

Un elemento interesantísimo para el escribano, radica en responder una pregunta: De verdad, después de más de 100 años de revolución mexicana… ¿Se lograron los propósitos de justicia social? ¿La pobreza y la ignorancia disminuyeron? ¿Las desigualdades que hay, son sinónimos de frustración? ¿Las carencias, o como se dice en Sedesol y Sedatu, la pobreza en el saber, en el tener, la alimentaria, y todas las demás, se lograron abatir? La respuesta es obvia: No.

Lo que, lamentablemente vemos es un escenario deficiente, desigual, carente de oportunidades. Es evidente que, si le agregamos una dosis de ideología, nos topamos con la protección a los delincuentes; la falsificación de la defensa de los Derechos Humanos; la negociación de la ley a cambio de una paz armada como sucede en Guerrero, Tamaulipas, Michoacán, Veracruz o el Estado de México.

Por esa razón, no debe extrañar la presencia de los índices de delincuencia, de violencia, de crimen organizado y desorganizado; de autoridades coludidas con delincuentes, y la simulación de actos jurídicos que acaban por ser golpes mediáticos irrelevantes.

No se requiere ser un gran estudioso del acontecer social para darse cuenta de que la violencia, los conflictos de todo tipo y el mismo terrorismo, son impactos que se alimentan del miedo, la frustración, la desconfianza y la desesperación.

Es suficiente observar en muchas zonas del país la forma en que los comerciantes y las empresas se encierran tras las rejas o pagan sumas extraordinarias a cambio de “seguridad” porque la autoridad es incompetente o, muchas veces, complaciente, no importa si se llama Al Qaeda, Al Shabab, los Caballeros Templarios o el Cártel Jalisco Nueva Generación. No importa si son yihadistas somalíes o gente de El Americano, la “Barbie” o el “Chapo”.

El desafío

De inicio, ser mensajeros de paz y de esperanza. Sembrar paz y semillas de esperanza en la trinchera donde nos ha tocado vivir. Sí, hay muchas cosas que en este país funcionan mal; pero empezando por las familias, vale la pena apostar por un futuro promisorio y mejor. Ahí, en el hogar, es en donde se gestiona la vivencia de valores espirituales, pero también cívicos y políticos. Ahí es en donde se aprende a dar testimonio. Es en la familia, el sitio cálido y acogedor que forma en la responsabilidad, en la verdadera vocación de servicio, en la pedagogía de la solidaridad con quienes son menos favorecidos. De ahí se proyecta al resto de la vida social, en la escuela y el trabajo, en la universidad y en la empresa, en la economía y la política.

La familia es el crisol de las aspiraciones y los sueños de todos. En Kenia existe una tradición que podemos importar los mexicanos: Sembrar un árbol como signo, como señal de esperanza en el futuro.

En esta ocasión, el escribano cierra esta entrega con dos frases en luganda –idioma oficial en Kenia-: Paapa Awangale, que significa “Larga vida al Papa”, canción compuesta por el músico Silver Kyagulanyi, según la cobertura de Aci Prensa. Y la segunda frase, fue la pronunciada por Francisco, sentimiento al que nos unimos -con toda certeza- muchas de mis hermosas lectoras y amables lectores: “Mungu abariki Kenya" que significa: “Que Dios bendiga Kenia”, en idioma suajili.

Francisco inició en Kenia su primera visita a África, un difícil viaje por la paz y la reconciliación que le llevará también a Uganda y la República Centroafricana, donde predomina la inseguridad.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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