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Pemex, de lo inexplicable a lo indefendible

Había una vez…

A este aprendiz de escribano le pasa un acto reflejo siempre que se habla de Pemex. En una de esas sesiones en que resulta infaltable el jamón serrano con melón, rociado con un generoso Lambrusco cosecha 73 y atemperado por velas aromáticas, poesía y cantata, salió a relucir el tema. Una de mis bellísimas lectoras, presente en el momento, me pidió explicación inmediata.


Caso Pemex


Le dije, respondiendo a bote-pronto, que a Pemex me la imagino como la única hija casadera y en edad de merecer, doncella del presidente rey y favorita del castillo pináceo. Su defecto real consistía en que todas sus tarjetas de crédito estaban al tope de sobregiros, y en las arcas reales encomendadas al Arcipreste Videgaray hacía falta dinero para lo más elemental.

En todas partes se conocía lo frugal de la hacienda real, pero su majestad hacía como que las reformas iban viento en popa, aunque en todo el pueblo -era vox populi- que había inflación, depreciación grave de la moneda y que, además, era urgente casar a la hija con algún príncipe con dinero, aunque fuese de comarcas extranjeras. Finalmente, ya se había mandado al baúl de los recuerdos, la idea de un antiguo y obsoleto caudillo que lo impedía.

Los heraldos del rey-presidente visitaron muchas aldeas lejanas invitando a los jóvenes varones a algunas fiestas-licitación para conocer a la hija de su majestad. Como era de esperarse, varios príncipes se sintieron atraídos, pero con sus reservas. Por eso enviaron diversos equipos de stakeholders para indagar la belleza de la princesita Pemex y sus haberes pecuniarios, digo, a fin de calibrar la posible robustez del propio reino.

Las primeras sorpresas

Para los primeros encuentros, los heraldos de los príncipes convocados constataron que la tal doncella, estaba ya, “bastante corridita”, como coloquialmente se decía en los alrededores de palacio. No era tan bella como se comentaba. Antes bien, el make over que por galones le ponían, implicaba el spa real, maquillistas, estilistas, entrenador personal y equipos de todo, que no lograban esconder su obesa humanidad y el tremendo frontispicio que se cargaba.

Dentro de sus averiguaciones, los heraldos se percataron que la doncella, ya ni tan doncella, le había duplicado a la dirigencia del Sindicato de Trabajadores Reales que dirigía el Visconde De Romero y Deschamps, las ayudas económicas, que ascendían ya a más de 380 millones de pesos. La cantidad sorprendió porque era el doble de lo pactado en la revisión contractual anterior.

Obviamente, y aunque se trataba de dineros reales sujetos a transparencia e información pública, al caer en el yate del Visconde, nadie podía indagar nada, ni pedir informe sobre el destino de tales cantidades erogadas y esquilmadas al pueblo. Adicionalmente, la doncella en espléndido y generoso desplante, le daba a sus trabajadores 1,000 litros de gasolina con un descuento del 50 por ciento.

Los heraldos quedaron asombrados, al ver que los dirigentes sindicales recibirían $1’042,556 por retroactividad, porque según la realeza era necesario estimular la “calidad de vida” de los trabajadores al servicio de la doncella. En ese año en particular, la doncella quiso sentirse generosa en serio, con tal de que no le dijeran nada sobre su obesidad, el acné que le salía en donde la espalda pierde su decente nombre, y los galones de comida chatarra, refrescos y tacos árabes que acostumbraba incluir en su dieta aderezada con Splenda.

Por lo mismo, los aplausos fueron para el aumento a distribuir como “canasta básica”, que llegó a los 3,244.70 pesos; los créditos hipotecarios se otorgaban ya a 1’800,000 pesos con el uno por ciento de intereses.

Alerta roja en Twitter

En 140 caracteres, los heraldos escribieron a toda velocidad a sus respectivas majestades. El mensaje era casi el mismo: “Su Majestad, el tema con la doncella está de-la-tiz-na-da. Sugiero buscar otras alternativas”.

Los tweets de regreso: “¿Por qué?”. Los heraldos, en un despliegue de asertividad, describieron algunas cifras, pero además, sugirieron a sus respectivos amos: “Se nos hace que os quieren embaucar Majestad, porque es muy probable que el rey-presidente tenga que pagar el 42 por ciento de los pasivos laborales de la doncella, que son como 102 mil millones de dólares anglosajones. Y, como os comentamos, ya no hay lana. Lo que significaría que, su Majestad tendría que pagar esos pasivos por ser deudor solidario al matrimoniarse con la doncella. La parte alarmante, Majestad, consiste en que la doncella debe la friolera de 84 mil millones de dólares. Sus deudas se han duplicado en los últimos cinco años”.

La del estribo

Fieles a su encomienda, los heraldos deambulaban por la comarca y se mezclaban con los vecinos. La noticia para los príncipes suspirantes a la mano de la doncella, los hizo dejar de suspirar. La tal doncella ya era víctima de la menopausia: su producción va en caída libre; todo lo que vende se depreció un 58 por ciento. Los rendimientos colocados en fotografías de la princesa en bonos, solo llegaron a 0.71 puntos porcentuales.

Por eso, muchos de los aspirantes al casorio con la princesa Pemex, decidieron hacer mutis… Por mucho que se siga diciendo lo contrario.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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