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Las enseñanzas de Pierotto

Aprovechando el “puente”

Fue de esos largos fines de semana y el “concilio ecuménico familiar” se dio cita en pleno en la casa de este aprendiz de escribano. Cada quien encontró a sus pares y la chorcha se hizo en grande. Después de degustar una multiplicidad de sabores, aromas y recuerdos, a alguien se le ocurrió que, todos juntos, podríamos disfrutar de una de esas películas que se quedan con todos para siempre: La vida de San Felipe Neri, espléndidamente actuada por Johnny Dorelli en el papel de Pipo Buono, tal y como le decían a Felipe.


Vida de Santos


Virtuosismo en “Fe Mayor”

La figura, personalidad, atributos individuales, liderazgo, fortaleza de espíritu y humildad de un hombre como Felipe Neri no dejan lugar a dudas sobre las razones que motivaron su ascenso a los altares. La vivencia de sus virtudes en grado heroico queda de manifiesto al seguir cada fase de su vida. ¡Un tipazo, sin duda!

Dice el maestro francés Gastón Courtois (“El arte de dirigir”, Ediciones Promesa) que existen dos cualidades sobresalientes en el líder: una, saber trabajar para su sucesor, prepararlo, formarlo, desarrollar todo su potencial; y otra, comprender que si la presencia del líder impulsa a los seguidores a hacer su mejor esfuerzo, el recuerdo del propio líder, para que los demás se empleen a fondo y consigan las metas propuestas, es una característica de los seres humanos excepcionales. Felipe Neri poseía ambos atributos.

Enamorarse de ideales superiores de vida

La indudable pedagogía de la lucha iniciada por Pipo encontró un punto de sustentación extraordinario: lograr que sus seguidores se enamoraran de ideales de orden superior. Por eso surgió la divisa de ¡Preferisco il Paradisso!, como señal e identificación de un desprendimiento de las cosas y bienes materiales, para aspirar Eternidades.

Durante la película, es evidente que el screenplay se concentra en el personaje, y lo logra espléndidamente. Sin embargo, existe una figura como la de Pierotto, que no puede pasar desapercibida.

Pierotto era un niño pequeño con vivencias en la pobreza y, en cierta forma, despreciado por “la gente bien” de su época, en atención a que era hijo de una prostituta. El chico vivía –literalmente– en las catacumbas llenas de humedad y alimañas existentes en las afueras de Roma, asociado a una pandilla de niños liderados por Mezzapagnotta, audaz y temerario niño, con los que se dedicaba a robar, extorsionar y vender protección a las personas, obedeciendo en todo a un matón de gran poder económico que los explota.

El perfil de Pierotto

Ya avanzada la película, se descubren un par de atributos que conforman el gran carisma de Pierotto: su capacidad como investigador y escritor; y por otra parte, la enorme dosis de humildad que aprende de Felipe Neri.

Esta última se pone de manifiesto en dos aspectos: cuando Felipe instruye a su discípulo para hacerse cargo de la comida de la naciente congregación –posición que Pierotto acepta con gusto–; y la otra, cuando la obra de investigación que realiza sobre la vida de los santos encuentra eco entre los intelectuales del momento, que desde Roma van a visitarlo para informarle que el trabajo será publicado y traducido a varios idiomas para ser empleado como texto en varias universidades de Europa.

Dos hechos revelan la fuerza de espíritu que posee Pierotto: cuando le entregan un pergamino con el reconocimiento literario a su obra y su investigación, mismo que va a ocupar un modestísimo espacio en la cocina de la comunidad, pendiendo de un pequeño gancho y a la vista de nadie; y el otro hecho, cuando le entregan un ejemplar de su libro, y al intentar mostrarlo, con legítimo orgullo, al Padre Felipe, coincide –en aparente desprecio de Neri– con el regreso de Mezzapagnotta, que arrepentido y humilde solicita su reinserción a la comunidad de Felipe.

La parábola del hijo pródigo se convierte en un diálogo entre Felipe y Pierotto. “Qué difícil –dice Pierotto, llorando– es hacer la voluntad de Dios”; el Padre Neri le responde parafraseando la Escritura: “Todo lo mío es tuyo. Tenemos que alegrarnos porque tu hermano estaba muerto y ha regresado”.

Más tarde, cuando Felipe Neri siente que su vida está por concluir y ser llamado a la Casa del Padre, Felipe irrumpe en la cocina de Pierotto para solicitarle que lo acompañe a conocer sus nuevas habitaciones. El discípulo se sorprende al darse cuenta que es la celda del propio Felipe. Había llegado la hora de entregarle el mando de la congregación a Pierotto. Felipe muere con una sonrisa en los labios.

La crónica dice poco sobre lo que sucede después en la vida y el camino que Dios dispuso para Pierotto; pero sin duda, se trata de otro ser humano de excepción que tuvo el privilegio de enseñarnos a todos la misma pedagogía de Felipe.

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