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Hipoteca social del empresario

Constructores de bien común

Se ha puesto de moda impulsar a los emprendedores y empresarios -aunque para este modesto aprendiz de escribano no hay grandes diferencias entre ambos conceptos-, y divagar sobre el tema es materia de otro momento.


Salario mínimo


La parte sustantiva es que las empresas son micro, pequeñas, medianas o grandes, pero quienes las capitanean son todos empresarios. Y en este sentido, aprovechando las teorías del Coaching, resulta interesante analizar el papel que realiza el empresario mismo como detonador de bien común en la sociedad, esta vez, como “misionero” del bien general a partir de su inserción en la economía, la sustentabilidad y el trabajo, que impactan igualmente a las familias y la vida comunitaria

¿Por qué es de tanta importancia comprender esta dimensión social del hombre y la mujer de empresa? La razón pareciera una perogrullada. Cuando mi querida Coparmex impulsó el “Curso Empresa”, quienes tuvimos el privilegio de ser invitados como expositores, hablábamos de que, como unidad económica, la empresa nace para generar riqueza, pero adicionalmente, con tres beneficios sociales de primera magnitud: La generación de empleos, los sueldos y salarios, y la educación-capacitación de quienes colaboran en ella.

No es “el mercado”

Es decir, no se trata de satisfacer al “mercado”, sino a las personas y estar al servicio del desarrollo de la comunidad humana donde germina la propia empresa.

Esta filosofía es acorde con los actuales procesos de certificación para la calidad, de investigación y mejora continua, desde el mismo enfoque que asume el Kaizen. De aquí que la Visión, Misión, Filosofía empresarial, Código de Conducta y Valores organizacionales se convierten en la norma que inversionistas, directivos y personal administrativo y operativo traducen en estrategias de bien ser y bien estar de las personas a quienes se dirigen los bienes, productos y/o servicios que genera la empresa.

Empresarios misioneros

México, como nunca antes, necesita de sus empresarios -no de “hombres de negocios” que limitan su actuar a la gestión de un buen y jugoso contrato- sino de aquellos hombres y mujeres que arriesgan todo, para echar raíces y lograr el prestigio de una marca, del posicionamiento del producto en los intrincados espacios de los que se catalogan como de “clase mundial”.

Por ello mismo, el empresario contribuye a forjar el bien común desde los interiores de la misma empresa, entre las paredes de la nave que ve nacer un sueño, pero también entre las vitrinas, sillas y mobiliario de una pequeña empresa.

Nuestro país exige un talante de empresarios que tengan claro que, en medio de colaboradores y subordinados, la gestión del bien común en la comunidad productiva comienza con la oportunidad de que la vida de “su gente” se entrelaza con la vida de la empresa y la propia. Cada empleo generado es -en medio de la crisis mexicana- el respiro y la oportunidad para que alguien pueda llevar lo necesario a su hogar.

A un tiempo, el empresario construye bien común, porque los procesos de educación y capacitación, dan forma a una especie de “salario espiritual” y de oportunidad de crecimiento para ser mejor persona, propiciando un círculo virtuoso, ya que la educación-capacitación que ofrece la empresa abre, asimismo, nuevas posibilidades de desarrollo individual y familiar.

Los esfuerzos del empresario para cuidar “la casa común” y darle sustentabilidad a los procesos productivos, son un invaluable apoyo para cuidar también, a las siguientes generaciones.

Perfil del carisma empresarial

Es indudable que el empresario -tenga dos o catorce mil empleados- asume de suyo un liderazgo formidable en la sociedad. “Carisma” significa “Don de Dios” y por ello, el empresario de clase mundial busca tutelar, auspiciar y proteger la armonía entre trabajo y familia. Y lo hace en estos términos, porque está cierto que las cosas de calidad las generan seres humanos de calidad, porque nadie da lo que no tiene.

El empresario “socialmente responsable” y líder profundamente humano, está atento al cuidado del derecho de la mujer para propiciar condiciones que armonicen la vida de trabajo con el llamado a la maternidad y la insustituible presencia en el hogar. Por esa razón, cuando el empresario participa con bonhomía y eficacia en las organizaciones intermedias, impulsa la creación de políticas públicas y acciones de gobierno que asuman estos compromisos.

La misión de fondo del empresario de clase mundial, logra poner en el centro de su actuar, a la persona humana. Y esto mismo implica una visión de apertura y altura de miras frente a la pobreza y la fragilidad de las familias que rodean a la propia empresa.

Este aprendiz de escribano acaba de recibir una enorme lección que inspiró estas líneas: El presidente del consejo de administración y director general de una empresa fabricante de productos desechables, estaba a las afueras de un hospital –junto con varios de sus empleados y gerentes- entregando gratuitamente, alimentos, café, agua y frutas diversas, para que los familiares de los enfermos que no tenían forma o recursos para comer, pudieran hacerlo. Para los empresarios de este nivel, no hace falta que su acción o su fotografía, aparezcan en los medios. Así son.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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