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La última tentación del Presidente

Encuentros megalómanos

En el lugar de origen de este aprendiz de escribano, los antiguos acostumbran decir que “el poder emborracha”. Hoy en día, tendríamos que afirmar que lo que provoca el poder, es equivalente a ir mandando mensajes y leyendo correos electrónicos al mismo tiempo de manejar a 120 kilómetros por hora en la Plaza de la Constitución en la capital defeña.


Venezuela


Por supuesto que el poder golpea, y si no se sabe ponerlo en su sitio de servicio –que es lo único que justifica asumirlo–, quien lo asume se obnubila, se le sube el humo a la cabeza y es capaz de sentirse bordado a mano por el Olimpo. Y en ese mismo afán, la segunda parte del síndrome se llama megalomanía, ese afán desmedido de controlarlo todo y dominarlo todo. Es como una gran tentación.

Cría dictadorzuelos y te sacarán los ojos

Lo peor del tema es que, con leyes o sin ellas, con elecciones o sin ellas, con movimientos armados o sin ellos, los ciudadanos llevamos y asumimos una buena parte de culpa para que estos megalómanos asuman un poder que no les otorgaron los ciudadanos.

Así actuaron Chávez y el bailarín Noriega; esa línea fue la asumida por la dictadura en Chile, la conducta de Baby Doc y las locuras de Evo en Bolivia, las ocurrencias de Maduro o las de Nikita Kruschev. Es síndrome porque se trata de un conjunto de síntomas.

Al igual que Hugo Chávez reprimió a los medios de comunicación que se atrevieron a disentir del pensamiento “oficial”, Nicolás Maduro se fue a la yugular de 22 directivos de empresas de comunicación, acusándolos –asegura mi estimado Pascal Beltrán– de “difamación agravada y continuada”, con cualquier cosa que esto pudiera significar.

Y en seguida, para que no quede duda de quién decide por todo y por todos en Venezuela, Leopoldo López fue condenado a casi 15 años de prisión por andar protestando y hablando mal del régimen. Esto es delicado porque presupone la absoluta dependencia del poder judicial al presidente Maduro. Y no requiere demostración alguna la subordinación de la Asamblea Nacional al heredero del chavismo sin Chávez.

La huida del fiscal

El nivel de coloración en las presiones políticas ejercidas por Maduro se deduce de un viaje a Estados Unidos realizado por Franklin Nieves, que actuó como parte del Estado acusando a Leopoldo López. El fiscal se encuentra ahora en Aruba, una isla que se encuentra a 25 kilómetros al norte de Venezuela en el Caribe.

Franklin ha sido amenazado, difamado, presionado de todas las formas posibles. Su temor es completamente válido. Le pidieron inventar cargos, sembrar pruebas y era evidente que ya no podía más. Ahora se levantan ya varias demandas en su contra.

El silencio mata

No hay voces que denuncien, no hay notas diplomáticas, no hay tribunas y tribunos exigiendo justicia y democracia, respeto a la legalidad; y nadie destaca hasta ahora los excesos del mandatario venezolano. La indiferencia y el silencio matan. López y Enrique Capriles, al lado de varios cientos de miles de hermanos nuestros, se sienten solos.

Desde luego, cada voz que surge en contra del presidente Maduro es atribuida a un complot internacional.

¿Hasta cuándo, Claudia Ruíz Massieu, a nombre de los demócratas mexicanos y de nuestro pueblo, levantará la protesta? ¿Hasta cuándo? Lo contrario podría interpretarse como la última tentación de los presidentes.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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