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Institucionalizar los rumores

Historial

Carlos Castillo Peraza acostumbraba decir que, en México, “hemos institucionalizado la filtración”. Y lo destacaba porque, en efecto, ese feo vicio de “dejar caer en el portafolio de algún reportero” información clasificada para beneficiar a unos y reventar a otros, se convirtió en una práctica cotidiana de la política tenochca.


Papa Francisco


Ahora se emplean las redes sociales y los videos no autorizados, pero virales, lo mismo que se graban conversaciones privadas sin que nadie sepa ni quién, ni cuándo, ni con qué tecnología legal o ilegal se produjeron.

Así, ese tipo de “borregos” -como se les dice en la jerga periodística mexicana- circulan de forma extraordinaria, sin faltar el pelmazo que lo crea “a pié juntillas” y lo replique, eventualmente, agregando algún detallito de amarillismo sensacionalista que lo haga ver -al pelmazo, no al borrego- como un ser privilegiado porque maneja información “de primera mano”, que desde luego, nadie más que él y sus fuentes tienen.

Habrá que recordar el ejemplo clásico para los alumnos de comunicación, cuando un periódico del Distrito Federal publicó en la portada “Pedro Infante vive” y en el cintillo inferior: “En el corazón de todos los mexicanos”. Como se esperaba, se vendieron periódicos de forma insospechada. Lo mismo han “matado” a Chabelo, al cantante José José, a Paul McCartney, a López Dóriga y a muchos personajes conocidos.

Cuando se encontraba internado en la Clínica Gemelli, no faltó quien difundiera “la muerte” de Juan Pablo II. Fue entonces que Don Angelo Sodano, Secretario de Estado, respondió a los reporteros: “El Papa estará oficialmente muerto, cuatro o cinco días después de que se anuncie”.

El Turno de Francisco

Es innegable que hay gente a quienes el Pontífice, sus discursos, su presencia y su eficaz influencia en el planeta, le resulta fuertemente incómoda.

Mis bellísimas lectoras y estimados lectores recordarán que Nicolás Maduro, en sus soporíferas ruedas de prensa, señaló que el comandante Chávez estaba sentado a la derecha de Dios Padre, por lo que no le cabía la duda de que él, Chávez Frías, hubiera influido para que el Espíritu Santo eligiera a un Papa latinoamericano. Lo mismo sucedió con “el cáncer” del Presidente Peña Nieto. Pero, eso fue peccata minuta.

Hace unos días, la agencia Reuters dio cuenta de un “borrego pontificio”: “El Papa tiene un tumor en el cerebro”. Como toda información tiene que ser corroborada por el reportero, fue a la fuente directa y primigenia, Don Federico Lombardi.

Es más, el borrego destacaba la presencia de un especialista de origen japonés que había auscultado al Papa Bergoglio en algún nosocomio de la Toscana y encontrado un “pequeño tumor” después de someterlo a varios exámenes. Se publicó en varios medios del grupo italiano Quotidiano Nazionale, Il Giorno, La Nazione y Il Resto del Carlino.

Obvio. Empezaron a circular especulaciones como la hipótesis de un complot, una venganza contra el Sínodo de la Familia, un fruto del contra-espionaje por su intervención en el tema Santos y las FARC, o en las nuevas relaciones diplomáticas de Estados Unidos y Cuba. A este aprendiz de escribano le mandaron un tweet pidiendo información sobre los tiempos y procesos para el Cónclave.

La realidad

Lombardi, vocero del Vaticano enfatizó, verificó, incluso con el Papa y todo resultó completamente falso. El Papa Francisco “goza de buena salud”.

Agregó que no ha habido, ni hubo, un viaje Papal a la Toscana, y que tampoco un médico japonés lo había referenciado después de diagnosticarlo. Bueno, ni siquiera han llegado helicópteros al Vaticano, por lo que Lombardi bromeó: “Si alguien lo ha visto, era una fantasma”.

Al final del día, lo mejor es verificar la información antes de difundir un borrego. ¿O no?

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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