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De Estadísticas y cosas peores

A riesgo

De que mi admirado don Armando Fuentes –Catón– me lance su flamígero, el atrevimiento vale la pena, porque Yuri Beltrán, Consejero del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), publicó un material interesante compendiado en el llamado Latinobarómetro, que según se sabe, ya tiene como 20 años de existir, haciendo levantamientos de encuestas en países latinoamericanos, con el propósito de medir los niveles de cultura política y el respaldo ciudadano a 18 democracias de la región, y recientemente, integrando a España.


Análisis Social


Beltrán destaca que en los últimos 20 años los electores mexicanos aumentaron su participación, a diferencia de Brasil, Chile, Costa Rica, Honduras, Paraguay, República Dominicana y Uruguay, donde las cifras van a la baja.

Ciudadanos satisfechos

El estudio plantea varios indicadores. En América Latina, como región, el 37% de los ciudadanos se muestra satisfecho con la forma en que opera la democracia. Al hacer el comparativo, en Asia es del 70%; en Europa, del 59%, y en África, del 49%. En México, en el 2006, revela el estudio, la satisfacción ciudadana llegaba al 41%, en tanto que este año sólo alcanzó 19 puntos porcentuales.

La paradoja radica en que 49 de cada 100 mexicanos considera que la democracia es preferible por sus principios y valores. De hecho, 60 de cada 100 valora la democracia como el mejor sistema de gobierno. El problema se encuentra en la mayor o menor legitimidad que el ciudadano concede al tema y a las prácticas democráticas.

Pulcritud electoral

Hace seis años, sostiene Beltrán, sólo el 23% calificó como “limpios” los procesos comiciales; este año aumentó a 26%, adicionando que, de acuerdo con Paco Agundis, de Parametría, 65 de cada 100 mexicanos calificó bien al árbitro electoral.

Ciertamente –dijese Fox– la democracia no se limita a las elecciones; sin embargo, esos procesos generan credibilidad y enriquecen la confianza de la sociedad.

Escenarios por construir

Del trabajo realizado por el Consejero Electoral defeño pueden deducirse varios conceptos:

1. Los tres órdenes de gobierno y los poderes republicanos en México tendrán que invertir grandes esfuerzos, energía y presupuesto para comunicarse con la sociedad y hacerlo igualmente entre sí, porque –lamentablemente– es frecuente que los voceros oficiales recurran a los clichés de oratoria que carecen de contenido y acaban por dejar que la gente sea derrotada por el cansancio, el tedio o los oídos sordos a las mentadas y la falta de sensibilidad en los dirigentes.

2. El área de oportunidad es formidable para la clase política del país, porque se presenta en el momento justo para alejarnos del “sospechosismo”, como los nombramientos de Ministros para la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN); la desconfianza eterna en las “verdades históricas”; las dudas que matan, como en los casos de los peritajes de PGR e Innsbruck, o las “aclaraciones” sobre conflictos de intereses que acaban por evaporarse en el arcano; o bien, como los encuentros cercanos del quinto tipo en el penal de La Palma, antes Almoloya, con el becario más buscado al que nadie encuentra.

¿De verdad, será tan difícil e infranqueable recuperar la credibilidad, la confianza, y legitimar los resultados? Creo que no es un problema de marketing político. El asunto es recuperar la confianza y, como ciudadanos, creer, tener certeza de que, en efecto, vamos mejor.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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