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Prioridades sin prioridad

Con la pena

Es posible que mis hermosísimas lectoras y pacientes lectores concuerden con este aprendiz de escribano: de nuevo, la asnífera cuadrúpeda retorna a escenarios gramíneos en materia de educación en el país.


Reforma Educativa


Desde siempre, coincidimos con Lorenzo Meyer, con Sergio Aguayo, con mi adorable María Amparo Casar, Ricardo Alemán y Leonardo Curzio: el solo cambio de titulares en el gabinete presidencial, de suyo y per sé, no significa mejoras, problemas resueltos, ni resultados del tamaño de la espectacularidad mediática con la que se anuncia la multi-sobada reforma educativa.

Pena, penita, pena

Si no fuera tan grave el asunto para los mexicanos, el tema podría ser parte del guión de La hora Pico, Sabadazo o Encuentros Ufológicos del Profe Maussan.

Igualito que con la reforma económica. Nos dicen, declaran, pontifican, que vamos re-que-te-bien, y el caso es que todos tenemos cerca a alguien que ha perdido el empleo, que se inició como plurinominal en la informalidad, o bien, que en vez de Cancún, ahora escoge –por la cercanía– Oaxtepec.

Pena ajena ni tan ajena

Hace unas cuantas lunas, Aurelio Nuño, comandante de la SEP, compareció en el Senado. Obvio, era de esperarse, todo mundo –a excepción de las huestes de Gamboa Patrón– se le fueron a la yugular, porque, como dijese Chuayffet, citando a alguien más, el “elefante reumático” que es la mencionada dependencia, nada más avanza en presencia mediática y resultados pírricos que se evaporan a la brevedad.

Uno de los cuestionadores –y quien sí sabe de educación, porque a eso ha dedicado toda su vida– fue el senador panista Juan Carlos Romero Hicks, nota captada por la periodista Sonia del Valle, en el diario Reforma. El ex rector de la Universidad cuevanense no habló de poner bebederos en escuelas que no tienen agua. Se fue al fondo: urge un nuevo modelo educativo, es imperioso reformar las normales y fortalecer en serio a los profes, así como echarle lejía y pinol a la nómina, por donde se fuga más dinero que lo que costó el Chapo-Túnel.

Penosamente, pero no ha cambiado nada

A dos años del arranque de la dichosa reforma, la educación no es sustancialmente mejor, dijo Romero Hicks, porque no ha cambiado prácticamente nada. Los planes y programas no se modificaron, los profes carecen todavía de mejores herramientas para chambear, el SNTE no es más transparente y la CNTE sigue fabricando vándalos marchantes.

El disparo del panista fue certerísimo: no hay mejora en escuelas multigrado, la deserción sube al ritmo del dólar, y como en León, Guanajuato, se construyó una “súper escuela” en donde nadie más tiene cupo; esto es, la visión e inversión en infraestructura es pobre, escasa y miope. En síntesis, la prioridad de la educación en este sexenio, carece de prioridad.

Si no fuera suficiente, el perredista Raúl Morón le pegó duro al presupuesto en educación, porque el próximo año será  menor, lo que contraviene la prioridad que el tema tiene en el discurso presidencial.

Manuel Bartlett, ex de un montón de cosas, se fue sobre la agenda del Secretario Nuño, al señalar que al sexenio le quedan 44 lunes solamente, y que si pretende visitar las escuelas y dialogar con padres de familia y maestros, dijo Bartlett, sus giras no llegarán ni al uno por ciento de los planteles. O sea, nada.

Por lo menos, se crea un nuevo campo semántico: en este increíble México ya existen las prioridades que no son prioritarias; surgieron las minorías mayoritarias y los eufemismos surrealistas.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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