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El México de Marcel Marceau

MÁS CARNE AL ASADOR

El destacado mimo nacido el 22 de marzo de 1923 en Estrasburgo, con todo un modelo de lenguaje no verbal, era capaz de lograr que su público viera mariposas volar, puertas que se abrían o cerraban a voluntad, o situaciones jocosas y dramáticas que la audiencia aplaudía a rabiar. La expresión está bien empleada, salvo la opinión de mis adoradas lectoras y extraordinarios lectores. El mimo silencioso sacudía a su audiencia.


Caso Ayotzinapa


Sin duda, Monsieur Marceau debió ser asesor político en el México de hoy. No se trata de echarle “más carne al asador”, sino aprovechar la inercia que deja la columna del periodista Javier Aparicio en Excelsior.

PRIMERA PIEDRA

Aparicio lanza la primera piedra. El tema vuelve a la mesa: credibilidad: ¿cómo creer “la verdad histórica” de Murillo Karam sobre Ayotzinapa o la versión del Grupo de Expertos, sin “conocer a detalle”, sostiene, los informes de ambas fuentes?

Pero es el mismo tenor, plantea el periodista, respecto a la investigación federal sobre un posible conflicto de interés que afecta al presidente y en donde no se encontró nada.

El columnista se va a la yugular: hasta ahora, nadie sabe decir cómo fue que un capo se haya fugado de un penal de “máxima seguridad”, sin que nada ni nadie oyera, oliera o viera algo. A un año de los 43 estudiantes, no se aleja la sospecha de las fuerzas federales. No hay explicaciones coherentes ni convincentes.

CONFIAR O NO CONFIAR

Al final de su sexenio, López Portillo pidió “tiempo y confianza”, pero le cerró la puerta a Miguel de la Madrid, quien ya no podía recurrir a ese expediente y solicitarle a los mexicanos que le dieran el lapso de tiempo y el grado de confianza y certeza en las decisiones de gobierno. Los dos hombres fuertes de Peña Nieto, tampoco ahora pueden solicitarlo. Las medidas erráticas, las vueltas en “U”, los cálculos deficientes y la ineficiencia evidente, actúan en contra de su jefe.

La impunidad es la otra parte del juego. Los eufemismos jamás podrán suplir a las evidencias ni a la percepción de la sociedad.

Algunos políticos quisieran que el señor Marceau fuese el gran encantador de Hammelin, pero en el zócalo defeño. Así, todo mundo podría ver en los gestos, las manos y el lenguaje corporal del mimo, todo aquello que, por lo menos ahora, quisiéramos que existiera.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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