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Si elegimos bien…

Junto con el equipo de sacerdotes y laicos del Decanato Santísima Trinidad, se editó un documento que no por pequeño es de menor relevancia, titulado “Si elegimos bien, vamos a estar bien”.


Reflexión política


POR SU IMPORTANCIA

El tema es, evidentemente, un campanazo en momentos en los que falta muy poco para que todos participemos –inclusive quienes rechazan hacerlo, pues ya están haciendo política– en el proceso electoral que se avecina.

Mi párroco sostenía que “la Iglesia no va a decir por quién votar o por quién no”. Y tiene razón, porque sería meterse en un ámbito que no le es propio; lo que tampoco significa que soslaye o se olvide de orientar, desde la luz del Evangelio y el Magisterio de la propia Iglesia, a sus feligreses en materia política, tal y como lo hace en el terreno de la vida familiar, laboral, económica, sindical o de filosofía y antropología social. Ese es su campo y ese el compromiso con Su Fundador.

En consecuencia, tales orientaciones son relevantes para los creyentes y hombres y mujeres de buena voluntad, que desde luego, sí los hay. A quienes practican el jacobinismo a ultranza, de fuerte aroma a nazi-fascismo, los conceptos les provocarán un poco de urticaria y una cierta diarrea ideológica. Ni hablar, habrá que aprender a ser tolerantes e incluyentes… lo mismo que ellos piden.

JUSTICIA, PAZ Y SOLIDARIDAD

Los tres conceptos no son de poca monta, pero los señores curas pisaron el acelerador al preguntar y proponer varias cosas: De entrada, “¿Qué hace cada uno de nosotros por tener un país soberano, en el que se viva la justicia, la paz y la solidaridad?”

En efecto. Todo mundo nos quejamos –este aprendiz de escribano incluido– de las injusticias cometidas por quienes teoréticamente nos protegen. Todos criticamos que falta implantar la paz en Michoacán, Tamaulipas o Guerrero; y lo mismo sucede en los lugares cercanos a donde vivimos.

Todos conocemos a alguien, o lo hemos padecido en lo individual, a quien le abrieron el auto, le robaron el tanque de gas, saquearon su casa, le “navajearon” la bolsa en el camión o le robaron el celular. Cualquiera de mis hermosísimas lectoras y amables lectores tendrá una crónica que compartir.

Y lo mismo sucede con la visible ausencia de solidaridad con nuestros más próximos, incluida la vecina esa, convertida en vocera de la vida de toda la colonia, misma que en la madrugada deja la bolsa de basura, exactamente, frente a la puerta de usted; o el vecino aquél que en actitud inmisericorde y a media semana, se pone a festejar el día de la independencia de Hazrat-i Turkestan (una ciudad situada en el sureste de Kazajistán cerca del Sir Daria, sobre el ferrocarril Trans-Aral entre Ak-Mechet al norte y Taskent al sur, para mejores detalles de localización) con mariachis y gruperos que empiezan a guardar silencio, en el momento mismo en que el despertador de usted, le anuncia que es momento de irse a trabajar.

ENDOSANDO RESPONSABILIDADES

La parte cómoda de todo ello es que, sigue destacando el documento, ya se nos hace “normal” dejar la responsabilidad a otros. Se ha vuelto de uso común, abandonar nuestra parte cuando se trata de hacer algo para bien de nuestro pueblo.

Esto significa que quienes actúan de esta forma, renunciaron de facto a su deber de elegir a quienes queremos que nos gobiernen. En este sentido, el mensaje del Decanato reproduce y hace suyo el pensamiento del Papa Francisco: “Ser ciudadano fiel es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral”, tal y como se deja establecido en la Evangelii Gaudium en el numeral 220.

LA CONVOCATORIA URGENTE

Este escribano se siente impresionado con toda la riqueza de pensamiento que puede caber en un díptico. En consecuencia, los criterios que aporta el documento los analizaremos con nuestras hermosísimas lectoras y gallardos lectores en una siguiente oportunidad; en tanto, resulta valioso destacar tres planteamientos que se citan en el texto a manera de conclusiones.

Primero: “Tu dignidad de ciudadano no tiene precio; ningún regalo que aceptes te obliga a votar sin razonar”.

Segundo: “Vota por quien consideres la mejor opción y no votes bajo presión de nada ni de nadie”.

Tercero: “En la urna, tú tienes el poder y la libertad de elegir”.

A este escribano le parece que, con mensajes como estos, lo menos que se puede decir es: ¡Gracias!

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* Las opiniones expresadas en esta columna, son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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