Últimas noticias:

Misericordia, perdón y vida diaria

Este aprendiz de escribano tiene innumerables razones para pedirle al Papa Francisco acepte ingresar a mi personal Salón de la Fama. “Aterriza” los conceptos más complejos en frases cotidianas que las puede entender hasta un diputado; rompe paradigmas aun en lo más simple como su habitación o sus zapatos. Es capaz de un selfie con los jóvenes, al tiempo de invitarlos a “hacer lío”. Es sencillo como los grandes, pues.


Reflexión divina


LA BULA DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA

La genialidad mercadológica, la oportunidad política, el enfoque visionario y el modelo desafiante para los hombres y mujeres de buena voluntad en el planeta, se aprecia en toda su magnitud, cuando SS Francisco entrega una Bula Papal con el tema de la misericordia. El texto vale la pena leerlo, meditarlo y estudiarlo. Es sustantivo, porque no importa si el lector es budista, mahometano, judío, sintoísta o ateo. El texto vale en plenitud.

La coyuntura en la que se presenta el documento es formidable y retadora. Lo primero, en atención a la estructura y contenidos conceptuales. La Bula pontificia es retadora, desafiante, porque justamente, cuando hoy se enarbola la venganza como método de lucha política; cuando la difamación y la calumnia son embozadas por un halo de programática, y la mentira se yergue como base fundamental del discurso político y económico, hablar de misericordia pareciera ilusorio.

No hay motivo de extrañamiento. Lo mismo sucedió con Jesús de Nazareth al proponer amar a los enemigos y a quienes nos desean mal, cuando la premisa era devolver ojo por ojo.

LA INMERSIÓN

El texto merece meterse “a bucear” para comprender la totalidad del mensaje, su contexto y la urgencia del llamado.

Por razones de espacio se entresacan algunos elementos de alto impacto en la cotidianidad de mis preciosísimas lectoras y amables lectores, en atención a la profundidad de las enseñanzas derivadas del mensaje.

Un primer renglón es la convocatoria a hombres y mujeres para “vivir la misericordia”, porque los seres humanos –creyentes o no– somos los primeros sujetos a quienes, dice Francisco, “se nos ha aplicado misericordia”.

Se trata, destaca el Pontífice, de algo que, de tan cotidiano, pasa eventualmente desapercibido: el aprendizaje del perdón. Y es que el perdón de ofensas, agravios, difamaciones, falsedades y mentiras en contra nuestra, se convierte “en la expresión más evidente del amor”.

Esta es la parte inicial más desafiante del documento papal. De entrada, porque se aleja de la construcción de relaciones neuróticas, de las actitudes falsamente “diplomáticas” o “políticamente correctas”, para hacer una inmersión total en la cultura del perdón. Y para ello se requiere un corazón generoso, un alma grande y una visión ultraterrena de la vida.

La propuesta es llana: ¿Justa o injustamente te difamaron?… ¡perdona!; ¿alguien te culpó y te señala con el dedo incendiario demandando que te ahorquen?... ¡perdona!; ¿los hijos te reprochan por todas tus deficiencias como papá o mamá?... ¡perdona!; ¿le dieron a conocer al mundo todas tus debilidades, deficiencias y defectos?... ¡perdona!; ¿algunos te han colocado como el prototipo del pecador, de todo lo que no se debe hacer y modelo de estupidez?... ¡perdona!; ¿te han dicho que has vivido una vida sin sentido, mediocre y carente de resultados espectaculares porque no vales nada?... ¡perdona 70 veces siete!

¿Por qué de esta forma, que para más de uno resulta una exageración imposible de lograr? Responde SS Francisco: “… para nosotros cristiano es un imperativo del que no podemos prescindir”. Y este escribano replica al instante: ¡Pero, cómo cuesta trabajo! Y el Papa Bergoglio irrumpe con toda la fuerza de la palabra: “… Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón”.

En efecto. Perdonar, sana. De ahí la importancia para que, desde la misericordia y el perdón se generen condiciones necesarias para ser felices. Subraya Francisco que es indispensable “… dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza…”.

Formidable, por decir lo menos. Ser feliz implica dejar de acumular rencores y resentimientos negativos que sólo constituyen veneno para el alma. Significa control de emociones para que la hormona no mate la neurona, y no nos dobleguemos ante las demandas de la rabia. Es dejar de lado, y para siempre, las actitudes de venganza y de impulsar violencias.

Ser feliz es aprender a evitar que caiga la noche y nos sorprenda enojados con la esposa o el marido, con los hijos, con los amigos. Aun con los que todo el tiempo nos han deseado mal. Al final del día, la misericordia y el perdón como su expresión inmediata pasarán a formar parte del propio ideal de vida y criterio fundamental de credibilidad de nuestra fe. La resultante es simple: Un testimonio de vida así, se vuelve irrefutable. ¿No es cierto?

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com


 

 

 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar