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Apostar contra Peña

“Mi admirado analista Gerardo E. Garibay Camarena compartió con este aprendiz de escribano algo que resulta valioso compartir con mis adorables lectoras y amables lectores. El tema es apostar todo en contra de Peña Nieto, culparlo de todo y, como decía mi agüe, “echarle la sal”.


Análisis Político


SENSATEZ, EL NOMBRE DEL JUEGO

Es evidente que pegarle al Presidente –desde artículos incendiarios, hasta memes– se ha vuelto un deporte nacional, que, de entrada, habla de cierto grado de libertad para decir cosas, disentir y expresarlo así, aunque la señora Aristegui siga sosteniendo otra cosa.

No es un caso aislado de la política nacional. Recordamos la segunda parte del sexenio de Fox, donde el robo de los tapones del coche era culpa de Fox; si llovía de más, también; y si no llovía, seguramente era porque Fox no había querido.

El abrir espacios a una cultura de encontrar culpable de todo al Presidente, representa un riesgo doble. Por una parte, quienes tienen voz y son generadores de corriente de opinión, como la periodista Denisse Dresser, pueden provocar que un “borrego” como el del helicóptero, propiedad del empresario Carlos Peralta, se vuelva viral con base en información no corroborada. Es diferente el caso de los relojes de César Camacho o el viajecito del hombre “1” en la Comisión del Agua; o quienes por decisión y opinión de alguien famoso pasamos a formar parte de “la prole”. Los temas se complican –para bien o para mal– en las redes sociales.

Cierto es, como lo afirma Garibay Camarena, que el vituperio y las necedades de algunos políticos nacionales no pueden hacer de la expresión visceral –aunque el cerebro también es víscera– una forma de la democracia y menos un proceso metodológico para disentir. De esta manera, refiere el analista, se debilita el ejercicio democrático y se deshumaniza el debate y la contienda. El riesgo es caer en un concurso de veleidades.

EL EFECTO PEÑA

Indudablemente, el “efecto Peña” traerá efectos colaterales antes, durante y el propio día de los comicios. La portada de la Revista Proceso sintetiza en un lacónico “No pudieron” el sentir y la percepción de muchos mexicanos, y lo hará en dos vertientes:

En una primera, el efecto Peña impacta en un sector pensante, de generadores de corriente de opinión que, a favor o en contra (más éstos últimos), cuestionan, disienten, evidencian errores, maquillaje de cifras y “cuchareo” de estadísticas, particularmente en el tema de seguridad y la parte de las finanza públicas.

Del otro lado, el golpe más severo se dará entre quienes ven que el bienestar, la mejora en la calidad de vida y la elevación del poder adquisitivo sólo se da en los spots oficiales y del partido oficial, porque un señor nunca había invitado a comer a otro.

En efecto, el mayor cuestionador estará conformado por ambos target de la población, lo que viene, sin duda, a complicar las cosas para la causa del partido del presidente.

Paralelamente, un par de opiniones internacionales de alto nivel –un premio Nobel y un alto comisionado de la ONU– acabaron de abollar la credibilidad del equipo presidencial: quejas, incapacidades, gatopardismo en el manejo de las situaciones, fueron desenmascaradas por ambos personajes. Y en medio, Oaxaca, Guerrero, Tamaulipas y un Michoacán que el virrey Castillo dejó casi tal como lo encontró. Los observadores coinciden en el gran avance de las capturas, lo mismo que concuerdan en que la acción no elimina las causas de fondo.

Este escribano cree que si le va mal al presidente, nos va mal a todos. El problema es que el mandatario y su equipo sean lo suficientemente sensibles como para dar un golpe de timón. En análisis final, los logros ofrecidos no se alcanzarán en este sexenio, pero todavía falta dos meses para las elecciones. Algo habrá que hacer.

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