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El perfil del maestro en el siglo XXI

Hace unos cuantos días, el 14 de marzo para mayores referencias, se dibujó para gusto de este aprendiz de escribano, el perfil del maestro que requiere México para el siglo 21.


Reforma educativa


MAESTRO, NO ES SOLO TRABAJAR

Este primer elemento del perfil docente para el Siglo XXI resulta fundamental. No se trata de que, quien acepta el compromiso con una vocación de esta naturaleza, se dedique, como decimos en México, solamente a “chambear”. Dice el pensador consultado que trasciende la mera terapia ocupacional, para convertirse en una relación humana en la que cada maestro debe sentirse “enteramente implicado como persona, para dar sentido a la tarea educativa hacia los propios alumnos”.

Desde este enfoque, es muy difícil pensar siquiera que los profes-vándalos-destructores-asaltacomercios y malandrines sean del tipo de docentes que se comprometen con la educación para darle sentido a todo lo que rodea esto, y tiene repercusión en sus alumnos.

PASIÓN POR EL SER HUMANO

También es notable que los mal y autollamados docentes que sólo cumplen con 80 de los 200 días obligatorios de clases –porque están en plantones, protestas o llevándose pantallas Led de 50 pulgadas para llorar mejor a los desaparecidos– sean capaces de renovar cada mañana su vocación y su pasión por desarrollar a los hombres y mujeres de su salón de clases. Se trata, pues, de encontrar maestros y maestras apasionados con el proceso de formación y desarrollo de sus estudiantes.

Y esto se lograría mediante el compromiso reiterado y tozudo con la formación de los alumnos, con la mejor pedagogía: el testimonio congruente de vida personal y la siembra de esperanza en un porvenir mejor para todos. Un porvenir que es necesario construir también entre todos.

EL DESARROLLO HUMANO, “GRAN RESPONSABILIDAD”

Seguramente mis adorables lectoras y gallardos lectores coinciden con este escribano. Me quedo con la acepción de la palabra “responsabilidad”, que quiere significar “el que es capaz de valorar las cosas”.

Por eso, el docente realiza un trabajo “serio que sólo una persona madura y equilibrada puede realizar”. Adicionalmente, porque la labor de maestros y maestras impacta a toda la comunidad educativa a la que pertenece.

Es decir, los referentes, alusiones, experiencias, elementos didácticos empleados en el aula, traspasan las fronteras de la escuela, porque llegan y aterrizan en la vida cotidiana de las familias.

Las maestras y maestros –es necesario puntualizarlo y recalcarlo–, dice el filósofo citado, contribuyen a hacer crecer al país; a generar una auténtica reforma de la escuela y educar a la generación de nuevos líderes que dirigirán en breve todos los campos de la acción comunitaria. Por eso también, se requiere una enorme dosis de pasión, de entusiasmo y de disponibilidad para formar en los valores de orden superior a cada uno de los chicos y chicas que son entregados y confiados a sus manos. A esto se llama tener fe en la misión del docente para catapultar los talentos de sus más próximos: sus alumnos.

El nuevo perfil demanda maestros que apliquen un coaching ontológico. Son guías, orientadores, misioneros, consejeros, entrenadores y porristas. Son quienes generan “el efecto champagne” en la formación de detonadores de hombres y mujeres exitosos.

El docente es alto de miras y de ideales. Es gente de sueños y de esfuerzo para conseguirlos. Sabe que no es reduccionismo motivacional, sino puesta en escena de los ideales de docentes de excelencia. De aquí que los maestros y maestras aman con mayor intensidad y pasión a los alumnos más difíciles, rebeldes, débiles o desfavorecidos. Aman más a los estudiantes que no quieren estudiar por desigualdades, discapacidad o falta de oportunidades.

Para ellos, el docente de ideales superiores hace ver la escuela como un referente positivo para la vida. Le dan sentido a la tarea, al estudio y a la cultura, no sólo transmiten info-datos. El maestro y la maestra de excelencia le dan sentido existencial a cada mañana y cada turno en la escuela. Ellos y ellas son creíbles, fiables y confiables, porque su testimonio de vida respalda su palabra.

Por cierto, el autor de estos pensamientos fue un colega maestro, que ahora es Papa: Jorge Bergoglio, el Papa Francisco.

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