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Divertimento en L-12

EL PAÍS DEL “NUNCA JAMÁS”

Unos días atrás, escuchaba a don Rafa Cardona hablar de que México es el país donde pasan cosas, las autoridades se desgranan en la oratoria, parafernalia y coreografía de costumbre, para acabar en un final feliz, donde no sucede nada, todo va siendo diluido por el tiempo, y olvidado por la pésima memoria histórica de un pueblo como el nuestro, condenado a sufrir en este valle de lágrimas. En aquella oportunidad, Cardona dio muchos, muchos ejemplos.


Línea 12 del metro


Ciertamente, vivimos un país, tan extraordinario y maravilloso, como el que rodeó a Alicia; tan lleno de fantasías, que las notas periodísticas más llenas de escándalo –ya sean casas chicas o grandes, donaciones inexplicables, o contratos, bastante más explicables– se van esfumando poco a poco, con la aparición de una nueva nota, más intensa, o con variaciones sobre el tema, dijeran Haydn o Brahms.

EN LA CALLE

Si alguna de mis bellísimas lectoras y amables lectores tiene el tiempo y la suficiente ociosidad griega, como para salir a la calle y preguntarle al mexicano de a pie sobre el estatus que guarda el asunto de la Línea 12 del Metro, seis de cada diez personas –y que nos disculpe Roy Campos– reconocerán su ignorancia, total o parcial, en este tema.

Eso sí, todo mundo recuerda el zafarrancho de Ebrard y de Mario Delgado en la Cámara de Diputados. Les importó un soberano pepino la sesión de la Comisión Especial, y, auxiliados por sus corifeos del Partido Movimiento Ciudadano, dieron al traste con todo.

YA NO ES NOTICIA

Evidentemente, la nota se fue a interiores en varios diarios, porque dejó de ser de interés general, los pleitos entre políticos cesantes, políticos salientes, políticos entrantes y suspirantes a políticos. De alguna forma, los mexicanos sabemos que estos personajes, así se las gastan.

Lo que tampoco, lamentablemente, es nota de interés son las clásicas y reiteradas frases empleadas en estos casos: Colaboración estrecha entre dependencias y entidades. Evitar que se repitan errores en la Línea 12. Que el SAT audite  la importación de los trenes. Que la Secretaría de Obras y Servicios del DF dé su opinión sobre qué tipo de vías es recomendable. Que la Secretaría de Finanzas del DF garantice el uso correcto de los recursos. Valorar si es posible concluir anticipadamente el servicio de arrendamiento y mantenimiento de los 30 trenes. Y, desde luego, que la PGR investigue y consigne los delitos de orden federal, como siempre, hasta sus últimas consecuencias, cayendo –desde luego, no podía faltar– “todo el peso de la ley” sobre quien se deje.

SON PREGUNTAS

¿No sería suficiente con que se aplicara la ley? ¿Por qué se tiene que anunciar “la estrecha colaboración” entre las dependencias? ¿No debería ser algo obvio? ¿Por qué se tiene que anunciar –después de cada metida de pata– que será indispensable crear una nueva casta dorada burocrática para “evitar los errores”?

¿Qué, acaso, las autoridades locales carecen de órganos capaces, con atribuciones suficientes, como para auditar que las cosas se hagan bien, como es el tema de la importación de trenes? ¿Qué, acaso, en su momento, la SOP del D. F. no emitió su opinión técnica sobre las mejores vías para el dichoso tren? ¿Qué no es una tarea obligada –que no requiere anuncio ni marketing específico– que el área de finanzas del gobierno defeño certifique el uso “correcto” de los recursos?

EN FIN

Para cualquier ciudadano con tres centímetros de cerebro, el tema de la Línea 12 del Metro se convirtió en un divertimento. Qué pena.

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