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Las carcajadas del Diablo

¿De qué se ríen el demonio y sus secuaces?... De que muchos seres humanos, en un siglo “tan moderno”, nieguen su existencia.


Enseñanzas sobre el bien y el mal


… Y, algunas personas en sus reuniones, cuando sale este tema, hacen comentarios sarcásticos, donde predominan las burlas y mofas, diciendo, por ejemplo, que habrá mejor ambiente en el infierno debido a que tendrán a su alcance todo tipo de drogas, mujeres, alcohol y música. Y, por tanto, que será un lugar mucho más divertido que el aburrido Cielo, donde las almas cantan y rezan, pero bostezan y se duermen porque es sencillamente soporífero.

¿De qué otra cosa ríen los demonios?... De que muchos piensen que el pecado mortal, esa ofensa grave al Creador, sea causa del Castigo Eterno (Infierno) en realidad nunca ha existido ni existe. Sencillamente son “inventos” de individuos escrupulosos que buscan amargarse la vida y hacer pasar un mal rato a los demás.

… Y alguno completamente embriagado, en una mesa de amigos que han bebido toda la noche, se pone de pie y, tambaleándose, pide a los contertulios un brindis por el diablo porque nos permite hacer “todo lo que nos da la gana”.

Hasta aquí el relato recogido de algunas conversaciones.

Lo cierto es que todo ser humano tiene su tiempo de vida en esta tierra para realizar actos buenos o malos, para hacer uso correcto o no de su libertad y Dios su eternidad para juzgar y actuar en consecuencia.

¿Quiénes van al Purgatorio?... Aquellas almas que necesitan todavía de purificación para poder mirar a Dios cara a cara.

Dios es toda Perfección; en donde se encuentran reunidas toda la Verdad, la Belleza, la Bondad y la Vida; Él es nuestro Rey, nuestro Amigo, el Amor de nuestra vida; nuestro Médico y Maestro. Él quiere reinar en nuestros corazones, pero tenemos que presentarnos bien purificados.

Jesucristo se entregó a la muerte de Cruz para abrirnos las puertas del Cielo con indescriptibles sufrimientos. Sin duda, Mel Gibson “se quedó corto” en la película “La Pasión de Cristo”, porque era muy difícil representar que el mayor dolor del Señor fue cargar con los pecados de toda la humanidad, desde Adán y Eva, pasando por todas las generaciones, hasta el final de los tiempos. Y finalmente, llegar hasta el Monte Calvario y derramar hasta la última gota de su Sangre, con aquellas impresionantes palabras: “Todo está cumplido”. Es decir, he obedecido a mi Padre-Dios absolutamente en todo lo que quería que realizara en este mundo.

¿Qué hay que hacer para no pasar por el Purgatorio?... No tenerle miedo al dolor, a la enfermedad, a las contradicciones de esta vida, si vienen. Buscar la pequeña cruz de cada día en nuestra convivencia diaria con los demás, en el trabajo y en el hogar; en las comidas y las bebidas; dar limosnas, el confesarnos y comulgar con frecuencia, tener una mayor sensibilidad para atender a nuestros prójimos y “próximos” en sus necesidades materiales y espirituales, como nos recomienda el Papa Francisco.

Pero los que están en el Purgatorio sufren mucho, tanto en lo temporal como en lo espiritual, porque no pueden ver a Dios. Algo así como el que está en las afueras de un estadio de fútbol, en una gran final, y escucha los gritos de “gol” y no puede entrar porque llegó tarde y todas las localidades se agotaron.

De allí la necesidad de rezar siempre por los fieles difuntos.

Pero tienen una gran esperanza: que llegará el tiempo en que se purificarán lo suficiente para poder ver el Rostro de Jesús, fin último del ser humano para el cual han sido creados.

¿Qué les sucede a los que han ido a parar al Infierno?... No tienen esperanza alguna de gozar del amor de Dios por toda la eternidad. Éste será el mayor dolor y angustia que sufrirán esas pobres almas. Además recibirán las penas temporales de las que fueron merecedores, con intensos y agudos dolores, también de forma indefinida.

Me imagino que serán bastantes similares a los relatos que describe Dante en su “Divina Comedia” o esos rostros de horror, angustia, profundo dolor y arrepentimiento que pintó magistralmente Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, que cuando escuchan ese grito de la ira divina: “Apártense de mí malditos, irán al Fuego Inextinguible”, se llevan las manos a la cara desesperados. Son rostros que no se olvidan.

Alguno se podría preguntar, ¿Y esto no es demasiado duro y cruel? No, porque Dios, siendo infinitamente Misericordioso, si a la vez no fuera infinitamente Justo, dejaría de ser un Ser Perfecto y, por tanto, no sería Dios.

¿Qué consecuencias se desprenden de estas reflexiones?... Que de Dios nadie se burla, ni puede mofarse sin recibir su justo merecimiento. Que a Dios hay que tomarlo en serio y luchar por ser cristianos de tiempo completo, al cien por cien.

¡Es tan fácil darle rienda suelta a los instintos, secundar a los amigos alocados, vivir una vida “de espaldas a Dios, como si no existiera” y al final, tarde o temprano, vendrá esa caída en el profundo y oscuro abismo donde las almas se arrepentirán y llorarán, pero sin duda será demasiado tarde…

¿Y el Cielo?... Es un lugar donde podremos contemplar toda la maravilla que es Dios; Él ‘volcará’ su Amor en cada uno de nosotros; nos llamará uno a uno por nuestros nombres. Allí no habrá preocupaciones ni dolores, sino que será un intenso e indescriptible gozo sin descanso y sin cansancio. Paulatinamente iremos conociendo y amando más y más las Grandezas del que todo lo ha creado.

Por eso vale la pena vivir nuestro cristianismo de manera congruente y dar buen ejemplo a los demás, luchando por no traicionar nunca al Maestro. Y si tropezamos y tenemos una recaída, por fortuna tenemos ese regalo extraordinario de Dios que es el Sacramento de la Reconciliación para poder volverle a recibir en la Eucaristía.

Sé, de antemano, que no está de moda hablar de estos temas. Pero precisamente por eso lo hago. Existe como un miedo colectivo para que nadie “se traume” o “se impresione demasiado”. Pero es evidente que todo lo mencionado existe y que el demonio nos odia y quiere nuestra condenación eterna al precio que sea. Basta ver la película “El Rito” (“Why the Rito?”) que se apega bastante a la realidad de lo que es un exorcismo dentro de la Iglesia Católica, para percatarse que esto “no es juego de niños” ni para tomarlo con “frivolidad”.

Como aquel compañero de la Primaria, apodado el “Chivo”, que nos decía: “Yo espero llegar al Cielo, de “panzaso”, barriéndome en el ‘home’ y que me grite el ‘umpire’: ‘Safe en home!’ (¡Te salvaste por un pelo y anotaste tu carrera!). No aspiro a más”, nos decía con aire presuntuoso.

Y algunos compañeros y yo le respondimos: “¿Y qué tal si el ‘umpire’ te grita ‘out’ (‘¡fuera!’) y te condenas para siempre?” –“Nunca me habían ‘dado en la torre’ tan pronto. Pero ya me hicieron pensar... Sí –terminó reflexivo–, esto no es un juego de béisbol, es algo mucho más serio”.

La Sierva de Dios, Josefa Menéndez, comenta que Dios permitió que tuviera muchas visiones del Infierno para que rezara mucho por las ánimas del Purgatorio y también por aquéllos que en esta tierra viven en pecado.

Relata que tuvo una serie de visiones sobre el Infierno. Miraba como un bosque tupido de árboles, ubicados en el borde de un profundo barranco. Colgados de sus troncos y ramas veía a cientos y cientos de almas. De pronto, aparecían por todas partes ríos de lava, los árboles se incendiaban, se carbonizaban y no aguantaban el peso de tantas personas. Así que se resquebrajaban las ramas de los árboles, y veía y escuchaba espantada, el grito de horror de miles de seres humanos que iban al precipicio. Eran los condenados al Castigo Eterno que iban directo a ese abismo insondable.

Y le decía el Señor:

“Entiendes ahora, Josefa, mi enorme dolor porque se condenen tantos en la tierra. No dejes de rezar, de ofrecer actos de penitencia y todo tu quehacer diario para que muchos pecadores cambien de vida, y pide también por los que sufren en el Purgatorio.

Escribe San Josemaría en el punto 749 de “Camino”: “Hay infierno. Una afirmación que, para ti, tiene visos de perogrullada [verdad muy evidente]. Te la voy a repetir: ¡hay infierno! Hazme tú eco, oportunamente, al oído de aquel compañero... y de aquel otro”.

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