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Una agresión grotesca al Papa Francisco

Me acaba de llegar un video que recoge la entrevista televisada que le hace el periodista Eduardo Feinmann a la editora de la publicación “Barcelona”, Ingrid Beck, en Argentina.


Ataques contra el Papa


En la portada aparece una enorme fotografía del Santo Padre Francisco sumamente ofensiva, textualmente dice: “¡Putazo!” Y, en forma sobre puesta, le pintan los labios de rojo, le ponen aretes y añade este pasquín de muy poca categoría que es un Papa que “defiende a los afeminados, a los degenerados y tragaleches”.

El periodista Feinmann le cuestiona si no le parece que es una evidente falta de respeto al Romano Pontífice. Ingrid le responde que solamente se trató de hacer una broma, con humor; una parodia…

Y le vuelve a preguntar, sereno y con una amplia sonrisa, el periodista Eduardo Feinmann a Ingrid Beck:

-¿Y si yo afirmara en este medio de comunicación que Ingrid Beck es una “malparida”? -le aclaró que se lo preguntaría en tono de broma, de una simple parodia, con un gran sentido de humor como usted dice haber publicado… ¿qué le parecería?-, concluye.

-¡Esto no me gusta para nada; prefiero irme! -terminó molesta y abruptamente la editora de la publicación “Barcelona”.

El Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2,359 dice: “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”. Es decir, que por el sólo hecho de estar bautizadas también están llamadas a la santidad de vida y no se les debe discriminar, puesto que ellos no eligieron nacer con esas tendencias. Más bien, la Iglesia afirma pastoralmente que se les debe tener respeto, compasión y delicadeza (núm. 2,358). Pero concluye que los actos homosexuales o las relaciones entre hombres y mujeres la Biblia las califica de ‘depravaciones graves’ e ‘intrínsecamente desordenadas’. No pueden recibir la aprobación en ningún caso” (No. 2357).

Esto es lo que textualmente sostiene el Catecismo de la Iglesia y lo que el Papa Francisco ha estado repitiendo, profundizando y exponiendo con diversos matices y enfoques, pero es la misma doctrina que la Iglesia viene repitiendo a lo largo de 21 siglos de cristianismo.

Sin duda, el periodista Eduardo Feinmann le dio a Ingrid Beck –como decimos en México– “una sopa de su propio chocolate”, porque toda persona tiene una gran dignidad como ser humano y el derecho a ser respetado. Se puede no estar de acuerdo con sus ideas y utilizar argumentos de razón para rebatir civilizadamente a la otra persona, pero definitivamente lo que no se puede hacer es vilipendiar a las personas de estas maneras tan vulgares y soeces, so pretexto de un “unilateral” sentido de humor que se resumiría en: “yo sí puedo hacer burla y escarnio de ti, pero no se te ocurra hacer lo mismo conmigo”.

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