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¿Cómo puedo querer más a mi Patria con hechos y de verdad?

Una de las frases más conocidas del Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, fue: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.


Viva México


Este pensamiento me parece muy útil en este septiembre, mes de la Patria en México. Sí, es verdad que desde pequeños se nos enseñó en el plantel escolar a rendirle Honores a la Bandera, aprendimos la letra y a cantar el Himno Nacional, el mantener una postura seria y marcial durante toda la ceremonia, a saludar al Lábaro Patrio.

Tiempo después, vimos por televisión o asistimos a las ceremonias de “El Grito” rememorando, con el tañido de la campana de Dolores, Hidalgo, aquella gesta del Padre de la Patria, el Cura Miguel Hidalgo y Costilla, y se suelen gritar –por todos los rincones de nuestro territorio– los célebres “¡Vivas!” por los héroes que nos dieron Patria y Libertad y, al final, un triple y sonoro: ¡¡Viva México!! Se encienden cohetes, juegos pirotécnicos, se iluminan los edificios de Gobierno, las campanas de  las Catedrales e Iglesias echan a vuelo sus campanas y México entero se convierte en una fiesta memorable y esperada.

Al día siguiente, presenciamos el Desfile Militar con la participación de numerosos contingentes de las fuerzas del Ejército de tierra, mar y aire. Los soldados, engalanados con elegantes uniformes, las trompetas relucientes y el redoble marcial de los tambores, le dan un toque de solemnidad a esta parada militar, mientras circundan por el firmamento los aviones de la Fuerza Aérea formando diversas figuras y, algunos paracaidistas, se tiran para caer justo en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México.

La pregunta es: además del “¡Viva México!”, ¿qué cosas concretas hacemos por mejorar a nuestra Patria?

Un primer deber es acudir a las urnas para ejercer nuestro derecho y deber de votar por nuestros representantes públicos. 

Cuando el Presidente de la República jura ante la Constitución Mexicana de sus deberes como servidor público, concluye con esta frase lapidaria: “Y si así no lo hiciere, que la Nación me lo demande”. De este juramento se deduce que cualquier funcionario público puede ser llamado a rendir cuentas de su administración, de escuchar las sugerencias y propuestas de los ciudadanos.

¿Cuál es el “cáncer” de algunos ciudadanos? La apatía, la indiferencia por lo que ocurre en el país (siempre que a ellos no les afecte), el conformismo, la pasividad cuando objetivamente se cometen atropellos contra la dignidad humana y flagrantes actos de corrupción e impunidad, o en frase gráfica, de “ser un pueblo de ‘agachados’“, que no tienen la madurez para reclamar sus derechos.

Las expresiones: “¡No hay nada que hacer con los políticos porque todos son unos corruptos!” En primer lugar, es injusto generalizar de esta manera porque hay quienes ejercen su función de servidores públicos con honestidad y verdaderos deseos de servir a la Patria. Después, lo más cómodo, es ponerles una “gran etiqueta negativa”, encogerse de hombros y caer en un individualismo egoísta.

Lo interesante es ponerse metas personales o entre un grupo de amigos, de participar activamente en las reuniones de los colonos del barrio; el ir a hablar con el Jefe de la Delegación Política y exponerle algunos asuntos que requieren inmediata respuesta, como pueden ser: los robos de coches o a casas habitación, los asaltos a personas, los secuestros, el abuso sexual de las jovencitas, la inseguridad en los transportes colectivos, la falta de alumbrado en determinados rumbos de la ciudad…

Fue inolvidable aquella manifestación de más de un millón de personas para pedir -a gritos- a las autoridades del Distrito Federal que hubiera seguridad y se exigía un alto total a la violencia, a los asesinatos, a los secuestros… La ciudadanía mostró su tremenda fuerza y los políticos reflexionaron sobre las medidas a implementar y se reunieron con sus principales representantes.

Por desgracia, fue como un gran “cohetón” de fiesta de feria que sube a las alturas y estalla ruidosamente, llamando la atención de toda la población. Pero luego viene el silencio de nuevo. ¿Por qué lo digo? Porque se aprueban leyes que atentan contra la vida de los no nacidos, se ataca al matrimonio, se permite el consumo personal de drogas, incluso, las autoridades llegan a presumir que a la fecha se han realizado 121,000 homicidios de seres humanos inocentes en el seno de sus madres, con plena premeditación, alevosía y ventaja… y la población permanece silenciosa y “agachada”, presenciando cómo se pisotea el primer derecho que tiene todo ciudadano: el derecho a la vida.

Alguno me decía en tono pesimista: “Ese silencio es el signo de los tiempos” y yo de inmediato le respondí “Más bien, es el silencio de los ciudadanos que no están comprometidos con participar en la vida cívica. Se puede gritar con euforia: “¡Viva México!” en las fiestas de septiembre, pero cuando no se defienden con determinación los valores que han hecho grande a nuestro México, entonces no hay un verdadero amor a la Patria.

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