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¿Por qué tratan como animales a los indocumentados?

Es realmente una pena la actitud del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hacia los inmigrantes porque prometió, en su campaña, una ley digna para ellos. Ahora, no sólo ha faltado a su palabra, sino que ha pedido a los gobernantes de México y de los países centroamericanos que vigilen sus fronteras.


Migrantes son discriminados


Hace poco, observaba por televisión que en las aguas fronterizas del Río Bravo ya han colocado metralletas de alto calibre y lanchas rápidas igualmente equipadas. También hay aviones que están permanentemente sobrevolando el espacio de su territorio.

Y un ciudadano normal se preguntaría: ¿Contra quiénes se defienden estos miles de soldados y policías tan bien armados? ¿Hay acaso un ejército que va invadir su territorio y abrirán inmediatamente fuego contra el enemigo?  No, se trata de seres humanos que buscan simplemente puestos de trabajo para tener alimentación, vivienda y vestido, tanto para ellos como para sus familias. Son personas que se encuentran desesperadas por carecer hasta de lo más indispensable.

En cierta ocasión, en uno de esos Centros de Auxilio a la mujer de la capital, llamado “Vida y Familia” (VIFAC), la directora me animó a que conversara con una señora de ocho meses de embarazo procedente de un lejano país sudamericano. Me contaba que vivían su esposo y ella en la serranía. Que su familia se sostenía de la agricultura y,  en años anteriores, llovía regularmente. Tenían privaciones, pero en general, sobrevivían aceptablemente. Pero un año, dejó de llover la cantidad de agua acostumbrada, y así comenzaron a repetirse. un ciclo agrícola tras otro. Entonces, los hermanos de su marido se fueron a Estados Unidos y consiguieron buenos puestos de trabajo en una industria.

“Era tal la hambruna que asolaba en mi terruño, comenta, ¡que comíamos raíces de arbustos y lo que se pudiera!”. Poco tiempo después, los hermanos de mi marido le consiguieron un trabajo en esa misma industria y les mandaron dinero suficiente para el traslado y resolver su angustiosa situación.

A ella no le importó viajar con siete meses de embarazo. Así que tomaron un avión hasta Honduras. Allí la banda que supuestamente les iba a ayudar a cruzar la frontera, les quitó todo su dinero y documentos de identificación. De noche viajaban sigilosamente hasta que llegaron a Guatemala. Los escondían en lugares oscuros, húmedos y prácticamente no les daban alimentos.

Se subieron, en la frontera sur de México, al tren de carga. Esta pobre señora se tuvo que aguantar los malestares propios de su estado. Finalmente tomaron un autobús rumbo a Ciudad Juárez, pero en Zacatecas fueron detenidos por la PGR y conducidos a un reclusorio de la Ciudad de México, especial para inmigrantes. Y así fue como llegó a este lugar en que se ayuda a las mujeres  para poder dar luz a su hijo.

Me explicó que recibió gratuitamente atención médica, psicológica, buena alimentación, un lugar digno para vivir y aprendió un oficio manual para sostenerse económicamente y que se encontraba muy agradecida porque se hicieron cargo de la situación dramática en la que vivían ella y su esposo.

Pero en su  rostro se observaba la tristeza y el desaliento porque en pocas semanas serían repatriados. Habían sido despojados de bastante dinero y toda su documentación legal. Y, ahora, debían de retornar a su pueblo donde reinaba la pobreza, la hambruna y el desempleo.

Haciendo un poco de historia, al término de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos lanzó “El Plan Marshall” para la reconstrucción de Europa y en pocos lustros se vieron los eficientes resultados.

En 1961, el presidente estadounidense, John F. Kennedy, tomando esta fórmula que resultó tan exitosa en el Viejo Continente, inició “La Alianza para el Progreso de las Américas” (ALPRO) con la finalidad de reforzar las economías de los países latinoamericanos y que tuvieran sus propias industrias, sistemas de exportación, de compra-venta, potenciar la agricultura y la ganadería, brindar créditos blandos para las obras de infraestructura (presas hidroeléctricas, carreteras, puentes, puertos mejor montados para los buques de mediano y gran calado. Pero sorpresivamente, este plan se interrumpió en 1970.

¿Qué sucedió después? El poderoso país organizó un plan más pragmático y utilitarista: materialmente invadieron a Latinoamérica con píldoras anticonceptivas; impusieron en todas las naciones del llamado “Tercer Mundo” una cuota mínima de ligaduras de trompas de Falopio, de vasectomías, de abortos, de obsequiar millones de preservativos, etc. ¿A cambio de qué? De otorgar, a través del Banco Mundial y del Banco Interamericano, “generosos” préstamos con créditos muy bajos a los países necesitados.

De esta manera se proyectó un genocidio en gran escala que hoy en día observamos, por ejemplo, en la insistencia de Estados Unidos, a través de su títere llamado la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para que en todos los países de América Latina se legalice el aborto, se retire la patria potestad a los padres para que las chiquillas aborten sin impedimentos, se legalicen las drogas…

¿Por qué motivo? Para establecer un “neocolonialismo económico y político” sobre el continente y entonces con una población idiotizada por la pornografía, las películas y las series de televisión eróticas; lo mismo que la invasión de la propaganda: “tienes derecho a ejercer tu sexualidad a la edad que quieras y con quien quieras” han propiciado la promiscuidad en preadolescentes, en jóvenes y han afectado seriamente a la institución matrimonial. En otras palabras, han impuesto el materialismo hedonista, que sólo promueve el placer y el consumo inmediato.

El Presidente Obama ahora lanza medidas desesperadas contra nuestros hermanos latinoamericanos, porque no ha querido ir a la raíz del problema como es ayudar a impulsar las economías regionales, contribuir a generar más empleos y paliar la hambruna de las diversas naciones del continente.

¿Por qué entonces se les trata como animales o aves de rapiña, cuando lo único que desean es un trabajo digno para sostener a su familia? Mientras Obama y los sucesivos presidentes de la Unión Americana no busquen realmente soluciones permanentes y de fondo, no existirán armas suficientes para detener el flujo de inmigrantes, porque prefieren arriesgar sus vidas, antes que permitir que sus familias se mueran de hambre, sin empleo y sin un futuro prometedor.

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