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Una historia dramática sobre la “pornoadicción”

Cuando observé con calma ese inolvidable video, sencillamente no daba crédito. El protagonista había asesinado a varias chicas. Pero no era el típico “asesino serial”, sino que confiesa, con dramatismo y arrepentimiento, que le que quedaban muy pocas horas de vida. Que sólo había pedido antes de su ejecución por dictamen del tribunal judicial, dos cosas: platicar a solas con un sacerdote y, después, dejar un mensaje grabado para que lo vieran las chicas y los chicos y “pudieran sacar experiencia en cabeza ajena”.


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Inicia relatando que en su adolescencia se consideraba un chico normal y deportista y había recibido buena formación de sus padres. Tuvo un aceptable desempeño escolar. Pero debido a malas compañías, al alcohol y a las drogas, se comenzó a aficionar a dedicar horas y horas a mirar y deleitarse con la pornografía.

Al principio, lo hacía con todo el material que tenía a su alcance. Luego pidió a sus “amigos” que le consiguieran pornografía para “tener emociones más fuertes”.

De esos deseos impuros, fácilmente pasó a la acción: comenzó por tener una vida sexual desordenada; pero pronto eso ya no le satisfizo. Le comenzó a resultar más apasionante perseguir a las chicas en lugares solitarios, golpearlas y violarlas. Así lo hizo por una temporada.

Pero, por ese diabólico binomio “goce-dolor”, cambió de táctica: comenzó a invitarlas a su departamento; las seducía, las drogaba, las violaba y, entonces, dio un paso nunca antes realizado: las estrangulaba. Y en su mente enferma, experimentó un extraño placer con esa nueva modalidad de agredir a sus víctimas y aniquilarlas.

Así continuó repitiendo esos actos de locura, hasta que fue localizado por la policía, encarcelado y juzgado a la pena de muerte.

En aquel video decía muy compungido a los jóvenes, algo así como: “Por favor, no vean ni se habitúen a buscar pornografía, porque es una auténtica droga; se comienza con poco y luego nos deslizamos insensiblemente hasta irnos directo a un barranco sin fondo, a un desfiladero. Y cuando queremos reaccionar, quizá ya es demasiado tarde…”.

El excelente número de “Aceprensa” (11-06-14; No. 45/14) titulado: “Los costes sociales de la pornografía”, nos hacen reflexionar en varios temas importantes, entre ellos, que actualmente ella se encuentra a la mano de todo público, en cualquier celular, portal de Internet, películas o redes sociales. Con lo cual la sexualidad de ha banalizado, se ha depreciado y se considera una mera diversión; por ejemplo, el hecho que las chicas envíen sus propias fotografías desnudas, imitando a las “pornoestrellas” de cine. Y la excusa, ¿cuál es?

-“¿Qué tiene de malo? ¡Si todo el mundo hace lo mismo! ¡Es lo normal, lo moderno, lo ‘sexy’!”

¿Qué fenómeno ocurre entonces? “La pornografía genera una imagen cínica del amor y una visión de la sexualidad como puro dominio sobre el otro”. Por otra parte, la violencia del “macho” (novio) drogado o alcoholizado que golpea y maltrata verbalmente a su “hembra” (novia) se ha convertido, por desgracia, en un fenómeno habitual.

Es lógico pensar que esos matrimonios (si es que deciden casarse) duran muy poco tiempo, porque no se ha establecido un respeto hacia la dignidad que se merece la chica, ni existen las más mínimas reglas de urbanidad, de cortesía, de amabilidad, de verdadero cariño y afecto, sino que todo se reduce a la genitalidad.

El psiquiatra y psicoanalista Norman Doidge comenta que observa una evolución hacia un “nuevo mapa cerebral”, con claras influencias de Sigmund Freud. El satisfacer inmediatamente el apetito sexual, aquí y ahora y en el momento que se desee. Estos pobres jóvenes caen en una nueva esclavitud de sus bajos impulsos y pierden el control de sí mismos, su fuerza de voluntad, su verdadera identidad y sus valores.

Toda esta metamorfosis social de los novios está generando severos problemas en los adolescentes y jóvenes matrimonios. Porque requieren de una urgente atención psiquiátrica para “volverles a poner los tornillos de la cabeza en orden”, es decir, retomar los principios fundamentales de la antropología, de la salud mental y el verdadero sentido de la sexualidad, esto es, de unirse en matrimonio para siempre y en orden a traer hijos al mundo.

De esta manera, el noviazgo, es la antesala de un paso sumamente importante y decisivo. Y no es, por lo tanto, un “jueguito divertido” o “moderno entretenimiento” mientras elijo con quién me caso. Quienes actúan de esta manera, lamentablemente están autodestruyendo su propio futuro y su felicidad.

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