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Endurecen el “Hoy No Circula”: ¿y los pobres qué?

A todos los ciudadanos de la capital mexicana nos tomó por sorpresa la propuesta de los legisladores del PRD de endurecer el “Hoy No Circula”. Concretamente, los coches viejos no podrán circular ningún sábado y, además, dos días entre semana. Y a los coches con nueve años también se les ampliará los días en que no deben salir a las calles.


Medidas políticas contra la clase trabajadora


¿No fue el lema de campaña de López Obrador, “Primero los Pobres”? Porque, para personas de las clases media alta y los millonarios, esta medida no les afecta en lo más mínimo: sencillamente se comprarán más coches y asunto arreglado. Otros profesionistas, con menos recursos, se verán en la necesidad de comprar un coche de segunda mano y pagándolo a crédito para no faltar a sus respectivos trabajos.

¿Y los pobres qué? ¿Qué hace habitualmente una familia de clase media baja los sábados? Ir a los “tianguis” a comprar ropa económica; a la Central de Abastos o a un gran mercado similar para conseguir alimentos más baratos; aprovechan también para ir al Seguro Social para llevar al doctor a un enfermo; o bien, el padre de familia lleva el coche a su verificación, afinación, ajuste de frenos y otros arreglos mecánicos. La pregunta es, ¿se le va a privar a la gente pobre hasta de esto?

Los políticos dicen que hay que usar más los transportes públicos para no contaminar la ciudad. ¡Cómo se nota que estos servidores públicos no se han subido jamás al Metro en las “horas pico”; al Metrobús o a los microbuses!

¿Qué ocurre, por ejemplo, con las chicas o señoras que viajan en forma cotidiana en el transporte público? Frecuentemente se abusa de ellas y no hay policías que las puedan defender, o si los hay, prefieren fingir que no se enteraron.

Por otra parte, existe una inseguridad muy grande en la Ciudad de México porque, a menudo, se suben delincuentes a robar relojes, celulares, billeteras, bolsas… muchas veces en complicidad con los conductores de los autobuses. Realizan sus asaltos a tal velocidad, que no es posible detenerlos, y muchos ciudadanos no levantan denuncias ante el Ministerio Público para aportar retratos hablados de los maleantes por miedo a las represalias. Impera la impunidad y la corrupción.

Desde otro punto de vista, la contaminación en la capital no es un fenómeno de ahora. En primer lugar, hay que señalar que vivimos en un Altiplano, en el Valle del Anáhuac, y en buena parte, rodeado de montañas. No circula bien el aire, como ocurre en ciudades como Nueva York o San Francisco, que están junto al mar.

Después, una vez concluida la Revolución Mexicana, desde los años veinte del siglo pasado, gobernantes sin escrúpulos permitieron secar lagos, ríos y talar bosques para que se construyeran casas habitación. Si observamos actualmente los cuatro puntos cardinales, es sorprendente cómo se ha permitido el crecimiento de la ciudad sin control alguno. Me decía un amigo Ingeniero, experto en Ecología, cuando visitábamos el rumbo de Ixtapaluca, Estado de México, y observábamos que se edificaban miles y miles de casas de interés social, y muy preocupado me comentaba: ¿Pero es qué no se dan cuenta las autoridades que puede llegar el día en que se acabe el agua, que no haya suficiente luz o drenaje para todos los habitantes y las vías de comunicación se colapsen en esta monstruosa urbe?

La misma historia ocurrió con el Parque Industrial de la Ciudad capital y la zona limítrofe del Estado de México: se permitió la construcción de fábricas en forma desordenada y masiva. No hubo un proyecto descentralizador para que se mandaran muchas industrias a la provincia. Y el resultado es que esa enorme cantidad de humo se queda flotando; y si se mira desde la altura de un avión, se aprecia una gigantesca nata espesa, rojiza y tóxica, que no se mueve. Sólo las lluvias limpian un poco la ciudad.

De manera que culpar de la problemática de la contaminación a los coches viejos de la gente pobre y de escasos recursos me parece injusto. Y por si fuera poco, el Metro subió a cinco pesos y, con el alza permanente de los precios de la gasolina, los transportes públicos constantemente están subiendo de precio, afectando seriamente a la endeble economía de la  población, porque a su vez suben de precio: alimentos, medicinas, ropa, etc.

La pregunta sigue siendo, ¿realmente a los gobernantes y legisladores del Distrito Federal les interesa en primer lugar el bienestar de las personas económicamente más necesitadas?

A decir por lo anteriormente expuesto, no parece ser así, sino que todo queda en meros discursos con promesas no cumplidas y palabras huecas de significado. Pero no hay que olvidar que estos continuos engaños a la ciudadanía tendrán -tarde o temprano- un importante costo político.

@yoinfluyo

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