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¿Cómo volvió de nuevo a la fe el actor Eduardo Verástegui?

Conocido primero como cantante y actor, y posteriormente como productor y director de películas, Eduardo Verástegui relata que tuvo una conversión al catolicismo después del rodaje de una película en Hollywood. Había nacido en la pequeña población de Xicoténcatl, Tamaulipas.


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Presencié un video, de una larga e interesante entrevista, que la comunicadora Claudia Soberón le hizo al célebre cantante, actor y ahora director de una empresa fílmica. En ella cuenta –con total sinceridad y transparencia– que el hecho de haberse encumbrado a la fama de forma casi meteórica y el acompañarse de ciertas amistades –poco convenientes– del medio artístico, habían resultado una peligrosa combinación para abandonar su fe y vivir una existencia con muchos desórdenes morales.

“Muchas veces la sociedad nos dice que si no llegamos a la cima de la montaña y no somos alguien, entonces no tenemos reconocimiento ni éxito, y por lo tanto, somos unos fracasados. Lo que yo pensaba que me iba a hacer feliz, que me iba a dar paz y que me iba a hacer un hombre completo y pleno, resultó que era una mentira; estaba siguiendo una falsedad”.(1)

Eduardo llevaba diez años con bastante éxito profesional, pero confiesa que –en el fondo– se sentía en un callejón sin salida, queriendo buscar una solución, pero sin encontrarla. Afirma que sentía un vacío interior muy grande.

Una noche, mientras dormía en la tranquilidad de su habitación, narra que sintió como una especie de ‘trallazo interior’, que lo sacudió y escuchó una voz dentro de su alma que lo hacía reflexionar: “¿Qué has hecho hasta ahora con tu vida? ¿Por qué ofendes a Dios con el mal uso de tu sexualidad? ¿No te das cuenta que tu cuerpo es Templo del Espíritu Santo? ¿Por qué te has olvidado de Dios?”.

Una persona amiga a quien confió su situación, le dio a leer el libro: “Roma, Dulce Hogar”, escrito por un reconocido teólogo, Scott Hahn, en el que narra su conversión al catolicismo. La lectura de este best-seller –que recomiendo ampliamente– le incrementó sus deseos de acercarse a la verdadera fe (2).

Después le presentaron a un sacerdote, el Padre Juan Rivas, y comenzó a charlar periódicamente con él. Desde entonces, se ha esforzado por vivir la virtud de la Santa Pureza y toda su fe, especialmente en lo que manda la Iglesia católica en materia moral. Concretamente, en el caso de los solteros, de abstenerse de tener relaciones sexuales con otra mujer hasta contraer el Sacramento del Matrimonio, en orden a tener hijos, formar una familia y serle fiel a su cónyuge.

En Los Ángeles, California, llevaba viviendo alrededor de siete años. Comenta que, después de este extraordinario suceso, le pasó por la cabeza irse de misionero o ser sacerdote y, sobre todo, ¡huir cuanto antes de Hollywood!

Pero aquel sacerdote le dio un consejo lleno de sabiduría: “Dios no te llama a que te vayas a evangelizar en la jungla del Amazonas o en el corazón del África. Lo que te pide es que precisamente donde estás ahora, busques mejorar tu entorno, es decir, cristianizar el ambiente del cine”. Y le subrayó con fuerza: “¡Hollywood es ‘tu jungla’! ¡Aquí tienes mucho por hacer!”. A partir de ese momento, fue cuando Eduardo Verástegui se percató que su vocación era una llamada a la santidad de plenitud de vida cristiana como actor y productor en medio de “La Meca del Cine”.

Fue así como le surgió la idea de formar una productora de cine llamada Metanoia Films, con el objetivo de producir películas que tuvieran el potencial no solamente de entretener a la audiencia sino de elevar y dar a conocer la enorme dignidad de la persona humana y mostrar al mundo lo que es bueno, bello y verdadero.

El primer fruto de ese compromiso se concretó en la película “Bella”, que es una película en favor de la vida humana, los valores familiares y de gran contenido humano, ganadora del “Festival de Cine de Toronto” como la mejor película, y del premio latino “Smithsonian Latino Center”. Recientemente se estrenó en México “Pequeño muchacho” (“Little Boy”). Además, según Verástegui relata, tiene otros proyectos, como filmar una película sobre  la vida de San Pedro; otra, sobre La Madre Teresa de Calcuta; otra más, acerca del Padre Pro, y un largo etcétera.

Pero, en forma simultánea, se ha convertido en un incansable promotor y defensor de la vida de los niños no nacidos, tanto en Los Ángeles como en Miami, y en muchos otros puntos del orbe donde haya un niño que salvar del aborto; y apoya económicamente a madres solteras para que reciban toda la formación humana, médica, psicológica y en tener sólidos valores, para que comprendan que traer un hijo al mundo es el mayor regalo que Dios puede otorgar; un hecho maravilloso e indescriptible, por difíciles que hayan sido los antecedentes de la chica embarazada.

Éste es el increíble giro que ha dado la vida de Eduardo Verástegui: desde el joven desorientado en múltiples facetas de una vida atropellada, vacía y sin sentido, hasta convertirse en un hombre maduro, centrado, consciente de todo el bien que ha realizado y puede continuar haciendo por amor a Dios en el mundo del cine, entre sus amigos actores y cantantes, y promoviendo el invaluable tesoro de la vida humana, en forma particular de los no nacidos. Y todo comenzó desde aquella inolvidable noche en que Jesucristo tocó a la puerta de su corazón y preguntó por él. (3)

NOTAS:

(1) Soberón, Claudia, “Eduardo Verástegui relata su conversión”, www.zenit.org, 11-VI-2008.

(2) Hahn, Scott, “Roma, Dulce Hogar”, Ediciones Rialp, Madrid, 2000.

(3) Espinoza Aguilera, Raúl, “Dios Preguntó por Ellos”, Editorial Minos III Milenio, México, 2015. 182 págs.

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