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La faceta ignorada de John Lennon

A casi 75 años de su nacimiento, John Lennon (1940-1980) fue, sin duda, uno de los músicos y compositores más afamados y reconocidos en la década de los años sesenta, quien formó parte del grupo The Beatles, y posteriormente, destacó como solista.


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Junto con Paul McCartney compuso canciones sumamente populares, del gusto juvenil, que dieron la vuelta al mundo: “Day tripper”; “Love me do”; “I want to hold your hand”; “A hard's day night”; “I feel fine”; “Norwegian wood”; “In my life” “Yellow submarine”; “We can work it out”, “Girl”; “Ticket to ride”, y un largo etcétera. Vendieron una cantidad hasta ese entonces inédita de copias de sus melodías y se hicieron millonarios.

Todo ese cúmulo de canciones, con la acertada dirección de su manager, Brian Epstein y del arreglista musical, George Martin, generó la llamada “Beatlemanía” y, en cada país donde daban conciertos, los seguían miles de fanáticos, quienes esperaban, con ansiedad, sus nuevas grabaciones.

¿Cómo aparecía Lennon en público? Habitualmente sonriente, alegre; cantando se le observaba eufórico y le daba el toque “wild” al grupo; era irónico y algo irreverente con la nobleza inglesa; en las entrevistas de prensa, destacaba por sus originales ocurrencias, llenas de ingenio y agudeza; se caracterizaba por hacer bromas y hacerla un poco de bufón –junto con Ringo Star– en sus actuaciones. En síntesis, se le veía feliz.

Es verdad que su recuerdo para la posteridad ha quedado como ícono de un infatigable y valiente luchador por la paz, la fraternidad universal y en contra de los conflictos bélicos: “Imagine”, “Happy Christmas, (War is Over)”, “Give peace a chance”... El entonces Presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, en numerosas ocasiones, trató de expulsarlo del país por su abierta postura contra la Guerra de Vietnam.

Pero detrás de esa “máscara” de alegría, John llevaba a cuestas una gran tristeza, hondos sentimientos de soledad y angustia. El primer aviso lo externó en su rítmica canción: “Help!”, en la que dice: “¡Auxilio! Necesito a alguien. / Ya no estoy tan seguro de mí mismo. / Ayúdame, si puedes, / porque me siento deprimido. (…) / De vez en cuando, / me siento tan inseguro...”.

¿Cómo se había comportado en su vida ordinaria? De estudiante, era revoltoso, rebelde, indisciplinado y solía reñir con sus compañeros de clase. Como adulto, sus biógrafos revelan que era un “golpeador” de mujeres, alcohólico, acostumbraba consumir diversas drogas (LSD, cocaína, heroína, mariguana...), con cambios bruscos de carácter, irritable, agresivo, sumamente violento y, por sistema, en contra del “establishment”; se declaró ateo; le regresó a la Reina de Gran Bretaña su condecoración de “Sir” por los servicios prestados a la Corona Real; unas veces estaba a favor de la paz, pero recibió también la influencia del marxismo-leninismo y estaba a favor de la lucha armada para resolver las diferencias de clases sociales, como lo refleja su melodía (“Power to the people”); gustaba de fotografiarse desnudo junto con su esposa Yoko Ono, o bien, hacer el amor con ella en un lujoso hotel –naturalmente, convocando a la prensa internacional– como una manifestación antibelicista.

Era tremendamente celoso (“Jealous guy”), con un afán compulsivo y patológico de componer continua y afanosamente canciones que estuvieran en los primeros lugares de las listas de popularidad y, cuando eso no ocurría, caía en un profundo estado depresivo.

Era sarcástico e hiriente en sus comentarios. Por ejemplo, nunca le perdonó a Paul McCartney que haya decidido separarse de The Beatles y grabar su propia música como solista, y luego, formar otro grupo musical: “Wings”. Pero Paul se defendió, argumentando que la conflictiva y violenta convivencia con John se había vuelto insostenible; que había cambiado notablemente de conducta –ya no era el alegre y fraterno amigo de los años de la adolescencia– y que, más bien, él fue el causante de la desintegración de The Beatles.

¿Qué ocurría en realidad con Lennon? Porque muchas de sus posturas tenían la deliberada intención de provocar notoriedad y no eran auténticas, ni siquiera bien meditadas, sino producto de sus permanentes cambios de estados de ánimo, de su sistemática inestabilidad emocional.

Al poco tiempo, debió de acudir a un psiquiatra y, entre otras recomendaciones, el médico le sugirió que también grabara melodías, a modo de musicoterapia, donde transparentara las causas verdaderas de su profundo dolor interior. Fue una sorpresa cuando salió a la luz pública su canción “Mother” (1970) en la que externa: “Madre, / me tuviste, / pero yo nunca te tuve. / Yo te quise, / pero tú nunca me quisiste. / (…) Padre, / tú me abandonaste, / pero yo nunca te abandoné. / Yo necesitaba mucho de ti, / pero tú nunca me necesitaste. / Así que / yo solo quiero decirles, / adiós, adiós. / Niños, no hagan / lo que yo hice. / Ni siquiera podía caminar, / y traté de huir. / (…) ¡Mami, no te vayas! / ¡Papi, regresa a casa!”

¿A qué se refería concretamente John? A que su padre, Alfred, marino mercante, fue el “gran ausente” de su casa. Lo trató muy pocas veces en su vida. Su madre, Julia, era una mujer inmadura y un tanto desequilibrada que “regaló” a John a su hermana Mimí, casada con el granjero George Smith. Luego de muchos conflictos y fricciones, los padres de Lennon se separaron para siempre. John recuerda tormentosamente que, a la escasa edad de 5 años, su padre le exigió que se decidiera –estando su madre presente– entre seguir viviendo con él o con su madre, Julia. John dirigió sus pasos hacia su padre, pero ante el llanto de su madre, cambió de opinión. Desde entonces, no volvió a ver a su padre. A continuación, Julia entregó a John a la custodia de su hermana Mimí y de su esposo George, y se dejaron de frecuentar porque estaba embarazada de otro hombre y John más bien le estorbaba en su nueva relación sentimental. Su madre murió en 1958, atropellada por un conductor ebrio.

Esos sentimientos de orfandad, de abandono, de olvido, de falta de cariño, le provocaron al niño John profundos traumas que explican las conductas incongruentes anteriormente expuestas. Fue un acierto que acudiera al psiquiatra, pero a los pocos meses, inexplicablemente, interrumpió su tratamiento.

Con su primera esposa, Cynthia Powell, John tuvo un hijo, Julian. Y John repitió el perverso círculo vicioso que suele ocurrir en estos casos: no sentía afecto hacia Julian porque veía reflejado en el pequeño a la mujer que detestaba. Julian lloraba desconsoladamente y solía desahogarse con Paul McCartney, quien para consolarlo, le compuso su célebre melodía: “Hey, Jude” en que le canta: “No reacciones mal, / mejor toma una canción triste, / y cámbiala por otra más alegre. / (…) En cuanto dejes tu dolor, / darás oportunidad a que entre la alegría en tu corazón y esa felicidad ira creciendo y creciendo...”. En realidad, Paul, no podía hacer otra cosa que consolar al pequeño Julian y cantarle alegres canciones.

Tal y como se encontraba Lennon con sus profundos trastornos emocionales, pudo haber fallecido: de una sobredosis de drogas; viéndose envuelto en problemas con la justicia por golpear fuertemente, o matar involuntariamente, a una de sus muchas amantes; o simplemente, suicidándose.

Pero Yoko Ono se percató a fondo de lo que le sucedía a Lennon: detrás de aquel “superstar del rock” se encontraba un niño traumatizado por la destrucción de su hogar, cuyas heridas continuaban sangrando y manifestándose profusamente con sus actitudes violentas y agresivas. Y lo convenció de tomar un decisión sabia: retirarse del mundo artístico por varios años; irse a vivir por largas temporadas a Bahamas; construirle –con su afecto y comprensión– el amable y grato hogar que nunca antes había tenido, en compañía de su hijo común, Sean, a quien le compuso una bella melodía, titulada: “Beautiful boy”, donde se escucha el suave rumor de las olas del mar, con un entorno sereno y apacible. Así que Yoko Ono, considerada por muchos fanáticos como “la intrusa que destruyó la unidad de The Beatles”, en realidad tuvo que representar los papeles de: esposa, madre, hermana mayor, confidente, psiquiatra, su mejor amiga, que le brindó siempre palabras de consuelo. Ésa fue la mejor psicoterapia de John.

La prueba es que en 1980 lanzó su último álbum –antes de ser asesinado a tiros por un desquiciado que sufría de megalomanía– “Es como volver a empezar”, y a través de las letras de sus melodías se descubre a un Lennon más centrado y maduro.

Lo que nos deja como reflexión estos rasgos biográficos de John Lennon, es que el desarrollo del ser humano requiere del afecto y cariño, tanto del padre como de la madre. Que los niños y los adolescentes se deben desenvolver dentro del ambiente cálido, grato y cordial de un matrimonio unido, donde se note que los padres se quieren, se comprenden y se perdonan mutuamente. Y se respire un clima de armonía, que le brinde a los hijos seguridad, paz y estabilidad emocional, para un saludable y acertado crecimiento en su personalidad.

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