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¿El aborto protege la salud de las mujeres? – Segunda Parte

Cáncer de mama

La ciencia aún está investigando y debatiendo sobre la relación entre el aborto y el cáncer de seno. Sin embargo, existen estudios significativos que muestran que existe un mayor riesgo de este tipo de cáncer entre las mujeres que han experimentado un aborto inducido. A nivel mundial, 27 de 33 estudios coinciden en señalar un aumento en el riesgo. Un meta-análisis del Dr. Joel Brind y el bioestadístico Vern Chinchilli, recogió datos de 28 informes y concluyó que el aborto inducido aumenta en un 30% el riesgo de cáncer de mama(1).



En 1973, el año en que fue legalizado el aborto en Estados Unidos, la incidencia de cáncer de pecho era de 82,6 por 100.000, y era considerado una enfermedad de las mujeres mayores. En 1998, la incidencia de cáncer de pecho había aumentado en más de un 40% –hasta los 118,1 por 100.000– y se había convertido en una enfermedad de las mujeres jóvenes.

Angela Lanfranchi y Patrick Fagan también han mostrado la relación entre aborto provocado y cancer de mama(2).

Complicaciones psicológicas para la mujer

Son más frecuentes que las físicas y las mujeres generalmente no se les alerta sobre las mismas ni se les da apoyo: alteraciones nerviosas (44%), alteraciones del sueño (36%), remordimiento (31%), disfunciones sexuales (35-59%), idea (60%) e intentos de suicidio (28%), aumento del tabaquismo, drogadicción y alcoholismo, anorexia y bulimia, depresión, divorcios, abortos repetidos, síndrome de estrés postraumático.

El trauma psicológico puede afectar a las mujeres muchos años después de un aborto. El 60% de las mujeres que abortan sufre algún problema emocional posterior. El 30% sufre problemas severos.

Síndrome postaborto (SPA)

El SPA es un tipo de trastorno de estrés post-traumático caracterizado por síntomas como depresión, ansiedad, conducta agresiva, pesadillas, pensamientos o actos suicidas, bulimia, anorexia, abuso de alcohol, drogas, y ruptura de relaciones de pareja. Algunas investigaciones señalan que las mujeres que han sufrido un aborto provocado padecen un síndrome de estrés generalizado con un 30% más de probabilidad que las que han llevado adelante su embarazo no deseado(3).

Consecuencias psiquiátricas

El aborto provocado puede tener secuelas psiquiátricas, difícilmente tratables e irreversibles, independientemente de la actitud previa de la mujer hacia el aborto(4).

Riesgo de suicidio.- Aproximadamente el 60% de las mujeres que experimentan secuelas psicológicas después del aborto reportan ideas suicidas. De éstas, un 28% comete intento de suicidio(5). Un estudio llevado en Finlandia constató que la tasa de suicidio en el año posterior al aborto era tres veces más alta que la media femenina y siete veces más alta que la de las mujeres que habían dado a luz(6)(7).

Riesgo de abuso de alcohol y drogas.- Existen más de 20 estudios médicos que vinculan el aborto inducido con un incremento en el abuso de drogas y alcohol. Entre las mujeres que habían tenido un embarazo no deseado, aquellas que habían abortado tenían una mayor tasa de abuso de sustancias psicoactivas en comparación con quienes habían llevado el embarazo a término o con quienes no habían estado embarazadas(8)(9).

Disfunción sexual.- Se han descrito alteraciones en las relaciones sexuales y el deseo sexual(10).

Problemas de pareja.- Después de un aborto, las parejas son más propensas a separase o divorciarse. 

Maltrato infantil.- El aborto aumenta el maltrato a los otros hijos como consecuencia de los sentimientos de culpa y la reducción en la autoestima de la madre(11)(12). De hecho, en Estados Unidos el maltrato infantil ha aumentado más de un 1.000% desde que se legalizó el aborto.

En los Estados Unido casi 400 mujeres han muerto por causa de abortos legales desde que fue legalizado el aborto en todo el país en 1973(13). El aborto nunca es completamente seguro. Pero en los países en desarrollo, donde no hay una adecuada atención sanitaria materna ni medicinas, el aumento de abortos causado por la legalización no solo aumentaría la mortalidad materna, sino que tendría un efecto devastador en la vida y la salud.

Conclusión

Vale la pena combatir las ideas y los comportamientos que llevan a miles de mujeres, cada año, a destruir la vida de sus hijos no nacidos. Vale la pena promover una cultura de la vida en la que la sexualidad sea vista en toda su riqueza y protegida de cualquier tipo de abuso, en la que el matrimonio y la familia sean el lugar de acogida de la vida, en la que cada hijo sea visto como un tesoro de valor infinito.

Vale la pena, luchar firmemente contra cualquier ley que trivialice el aborto como si fuera algo plenamente normal, como si fuera un “derecho”, cuando en el fondo se trata de uno de los delitos más graves que puedan darse en el mundo. Porque destruye la vida de un hijo completamente indefenso. Porque va contra la conciencia de una madre que está llamada, como todo ser humano, a amar y darse a los demás, pero de un modo mucho más intenso a cada uno de sus hijos. Porque aniquila la ética profesional de cientos de médicos y profesionales de la salud que deben servir la vida, no destruirla. Porque adormece a la sociedad al reducir el sexo y la procreación a caprichos en los que siempre se pueden evitar “consecuencias indeseadas”.

El aborto mata a miles, millones de embriones y fetos.

El aborto mata, a multitud de madres. No con una muerte física, no con heridas corporales. La mujer sabe, mejor que nadie, que quien vive en su seno es un hijo. Un hijo pobre y débil, un hijo necesitado de calor, de alimento, de protecciones, de cariño. Un hijo que no llegará nunca a abrazar a su madre...

FUENTES:

1 Ring-Cassidy E, Gentiles I. Women's Health after Abortion: The Medical and Psychological Evidence. Canadá: Veber Institute for Bioethics and Social Research; 2002.

2 Angela Lanfranchi y Patrick Fagan, marri.us/abortion-breast-cancer

3 Jesse R. Cougle y colaboradores, publicado en Journal of Anxiety Disorders 2005, 19:137-142.

4 Tankard M. Giving Sorrow Words: Women´s Stories of Grief After Abortion, Sydney, Duffy & Snellgrove; 2000

5 Psycho-social Stress Following Abortion. Sheed & Ward. Kansas City, EE.UU.:1987.

6 Gissler M. Suicides after pregnancy in Finland, 1987-94: register linkage study. British Journal of Medicine 1996;313:1431-4.

7 Gissler M, Berg C, Bouvier-Colle M, Buekins P. Injury deaths, suicides and homicides associated with pregnancy, Finland,1987-2000. Eur J Public Health 2005;15(5):459-463.

8 Reardon DC, Coleman PK, Cougle JR. Substance use associated with unintended pregnancy outcomes in the NationalLongitudinal Survey of Youth. American Journal of Drug and Alcohol Abuse.2004; 26(1):369 - 383. Coleman PK, Reardon DC, Cougle JR. Substance use among pregnant women in the context of previous reproductive loss and desire for current pregnancy. British Journal of Health Psychology, 2005; 10(2):255-268.

9 Coleman PK, Reardon DC, Rue V, Cougle J. A history of induced abortion in relation to substance use during subsequent pregnancies carried to term. Am J Obstet Gynecol 2002;187(6):1673-1678.

10 Gynecol Obstet Invest. 2002, 53:48-53; Pieleg Polozna. 1988, 5:7-9.

11 Ney MD. Relationship between Abortion and Child Abuse. Journal of Psychiatry, (24): 610-620.

12 Coleman PK, Maxey CD, Rue VM, Coyle CT. Associations between voluntary and involuntary forms of perinatal loss and child maltreatment among low-income mothers. Acta Paediat 2005;94(10):1476-1483.

13 Elam-Evans, L. Abortion. Surveillance – United States 2000. Centers for Disease Control, EE.UU. 2003.

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