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Quiero ser yo y nadie más

Ser mujer en la sociedad de hoy en día es básicamente convertirse en el prototipo de mujer que la misma sociedad quiere que seamos: Flacas, altas, que hagan dieta, que todo les quede y que de nada se quejen.


Madurar; ojos del corazón


Sara quería ser la niña bonita que todos miraran, la que más se parecía a las modelos, la que más tenía likes en sus redes sociales, la niña que todas las demás querían llegar a ser.

Puertas afuera todo lo tenía; todos los días era más flaca, más admirada, más envidiada. Pero cuando estaba sola y se enfrentaba a ella misma, algo estaba mal. Se miraba al espejo y se decía: “El día que te quiten los brackets serás la más bonita”. El día que le quitaron los brackets se miró al espejo y dijo: “El día que me opere mi nariz seré bonita”, y así sucesivamente.

En este círculo vicioso, pasaron tres años, y nada que se consideraba “bonita”. Desesperada, entró en llanto porque ya habían pasado tres años desde su último chocolate, desde su última pizza, desde la última vez que había salido a divertirse sin pensar en su apariencia. Se miró al espejo y se dio cuenta que era la misma Sara de hace cuatro años, sólo que con 12 kilos menos, una nariz más respingada y una sonrisa perfecta. Tenía todo esto que físicamente quería, pero nada que se sentía bonita.

¿Qué le faltaba? ¿Una cirugía? ¿Más meses de gimnasio?

Las lágrimas se hacían más intensas, cada suspiro estaba lleno de cansancio y desesperación. Sara se dio cuenta que todo este tiempo había estado haciendo todos estos esfuerzos no por ella, sino por los demás. Sara se dio cuenta que no tenía porqué intentar encajar en esa palabra “bonita”, ya que ella era más que sólo eso. Era una mujer inteligente, responsable, amorosa, una mujer que ama comer pizza, una mujer que no le gusta el maquillaje, ni los tacones, una mujer que sueña, sueña con ser ella y nadie más. Una mujer que, aunque no encajaba en el prototipo de su sociedad, sentía que debía ser respetada y amada por quien ella era.

Obliguémonos a ser más trascendentales y fijarnos en cosas más importantes que en la mera apariencia. Madurar no solamente es que consigamos un buen trabajo en el ganemos el suficiente dinero para irnos de la casa. Madurar es que nuestros sentidos capten más cosas que las que se logran ver, escuchar, tocar. Madurar es mirar al otro y lograr ver más que su cuerpo o cara. Madurar es aprender a ver con los ojos del corazón.

No seamos mejores cada día porque los demás quieren que lo seamos, sino más bien porque nos merecemos ser todo aquello que queramos y soñamos con el corazón.

¡Tú, mujer, eres más que bonita, eres portadora de luz, eres portadora de vida!

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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