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“Soy hombre y tengo el síndrome post aborto”

Cada vez son más los hombres que deciden buscar ayuda después de la interrupción del embarazo de sus parejas.


Aborto


Las manos le sudaban, cada pensamiento que pasaba por su cabeza estaba lleno de arrepentimiento, culpa e impotencia. Las ganas de salir corriendo e interrumpir el aborto que le estaban practicando a su novia lo martirizaban conforme pasaba al tiempo.

Dos horas después de haberse despedido de ella, el médico salió del quirófano a decirle que todo estaba bien, y que en contados minutos podría entrar a verla. Juan no era capaz de mirarla a los ojos, no era capaz de sostenerle la mirada, de recorrer su cuerpo y sentir que su vientre ya estaba vacío.

Desde ahí, sus noches eran una repetitiva película de ese momento, ese instante en el que su vida dio un giro inesperado. “Para mí es inevitable pensar la vida que pude haber tenido si hubiese decidido tener a mi hijo, todas las noches me duermo pensando en eso”.

Con el testimonio de Juan se abrió la primera sesión del grupo de apoyo de “Yo también fui papá”, un proyecto que busca acompañar a todo tipo de hombres sin importar la clase social ni edad, para poder superar el síndrome post aborto.

“Sin saber por qué, cada vez que veía a un niño de la edad que tendría mi hijo, era inevitable que las lágrimas se me salieran, o que actuara de alguna manera agresiva”, cuenta Juan Torres, de 24 años, con la voz quebrantada. Es estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad Santo Tomás.

Con una mirada arrogante entra a la sala un hombre hablando por celular. Acompañado de un fuerte suspiro y su traje elegante, llega a ser parte del grupo contando su historia. “Acepté venir acá después de 11 años de tener el síndrome post aborto; traté de hablar con ella y le insistí en que no debía matar a nuestro hijo. Yo le ofrecí en ese entonces quedarme con el niño si ella le permitía nacer, pero desapareció por unos días y regresó diciendo que había abortado. La angustia y la culpabilidad que sentí fue enorme, yo quería que naciera".

Los asistentes intentan contener el llanto, sus miradas se distraen entre sus manos y las ventanas del lugar. Son pocos los que hablan mirando a los ojos. Son ocho hombres, tres estudiantes, un ejecutivo, un desempleado y dos que pasan los 45 años.

La intervención de Mario Fernández, uno de los fundadores del grupo, logró que los ocho integrantes del grupo pudieran romper el nudo en la garganta y por fin entrar en llanto. “Los hombres sufren el aborto de un hijo aunque no suelan hablar de ello. Se esconden detrás de su machismo y no se enfrentan a sus verdaderos sentimientos. Este espacio es para ustedes, nadie los va juzgar, acá todos estamos pasando por lo mismo”.

Dejar de sentirse culpables, cochinos y asesinos, son varias de las razones que los llevaron a estar allí, pero sobre todo la esperanza de que algún día puedan cargar en sus brazos a alguien que les diga mirándolos a los ojos: “¡Papá!”

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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