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Sabe olvidar

Sabe olvidar aquella tarde donde el viejo Armando le contó su historia. Aquella historia, ella la supo olvidar. Esa tarde, escuchó acompañada de un triste pero sabio relato por primera vez la palabra amor.


Amor permanente


“La amé hasta que me dolió”, con esta frase empezó don Armando a contar la historia de Ana, su primer amor. Sus ojos brillaban cada vez que pronunciaba el nombre de aquella mujer que fue la dueña de muchas lágrimas y lunas de este señor.

En resumen, se conocieron en una tarde de abril por medio de lo que aquí llamamos una “cita a ciegas”, exactamente en una cafetería en el centro de la ciudad de Bogotá. La vio llegar, sintió que era ella, se hicieron novios, le pidió la mano y ella le dijo que no.

-¿No?

-No, Armando es que yo no te amo.

-¿No me amas?

-No, es que tú no sabes qué es el amor.

Él la miró con asombro y con la voz entrecortada le dijo: “¿Qué es el amor?”

Ana, sin pensarlo dos veces, lo miró a los ojos y le dijo: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” Corintios 13.

Pero he aquí lo interesante: Armando sí la amaba.

En ese momento él tomó la decisión de enamorar a su amor. Cuando Ana escuchó estas palabras, se rio en voz baja, como si ya supiera lo que iba a pasar. ¡Dame seis meses para enamorarte!, gritó Armando. Seis meses te daré, respondió Ana, sólo quiero que recuerdes que el amor empieza por uno mismo: para que yo te ame, me debo amar primero a mí misma, y no sé cuánto tiempo me tarde en eso.

Mientras Ana se marchaba, él lo entendió; lo que tenía que hacer era recordarle lo grandiosa que era ante los ojos de él, la criatura que más la amaba en la tierra. Pero ¿cómo? ¿Cómo demostrarle a la mujer que consideraba la más inteligente, su inteligencia? ¿Cómo demostrarle lo valiosa que era, si ella no se lo creía?

Pasaron dos, tres, cuatro meses, y Armando seguía pensando una y otra vez cómo hacer para conquistar a su amor. El día que por fin encontró la manera, fue a su casa, tocó el timbre y le abrió la puerta un hombre. Un hombre que, según Ana, era su prometido. El mundo se le fue al piso, y su corazón se fragmentó en pedazos muy pequeños que, como me contó, aún sigue recogiendo.

-Ana, no te entiendo.

-No tienes nada que entender, es cuestión de aceptar: “Uno acepta el amor que cree merecerse, yo no me merezco tu amor”.

Ella sabe olvidar. Sabe olvidar esas palabras cada vez que se deja tratar mal del novio, cada vez que no recuerda lo valiosa que es, cada vez que nutre su ego y olvida su alma; ella se sabe olvidar cuando mendiga amor, cuando se olvida que no importa el tiempo si existe la eternidad.

Ella sabe olvidar cuando olvida lo que se merece y acepta lo que le toca. Ella sabe olvidar, pero nunca le es tarde para recordar, recordar que cada sol es una nueva oportunidad de volver a empezar, de sentirse amada, de amarse cuando menos lo merece porque es cuando más lo necesita.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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