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La baja autoestima es un tema de fe, no sólo un tema existencial

 

 

En un momento de la vida me pusieron como director de coro, y en este coro habían grandes voces que se hacían notar; sin embargo, habían otros jóvenes que eran bastante tímidos, callados, poco participativos; claro que se asomaban al coro cuando lo hacían en conjunto, pero no eran de los que hubieran querido tener una parte de solista.

En alguna ocasión, con esa duda de qué había detrás de ello, tuve que hacer un ejercicio bastante peculiar, digamos que casi los puse acorralados en la esquina con el resto del coro detrás, hasta que logramos sacar de su voz aquello que tanto escondían, y era la voz que inmediatamente desplazó a muchos de los otros que podrían estar en media fila, porque había un talento muy especial ahí escondido. En el momento que lograron sacarlo, se transformó en algo que a todo mundo alegró.

En nuestra vida siempre tenemos tentaciones sobre nuestro propio valor. Hace no mucho, el Papa decía: También nosotros podemos hoy caer en el peligro de quedarnos lejos de Jesús, porque no nos sentimos a la altura, porque tenemos una baja consideración de nosotros mismos. Ésta es una gran tentación que no sólo tiene que ver con la autoestima, sino que afecta también la fe. Nos ayudará pensar que nos ama más de lo que nosotros mismos nos amamos, que cree en nosotros más que lo que nosotros mismos creemos, que siempre está de nuestra parte como el más acérrimo de todos los amigos.

El Papa, dirigiéndose a los jóvenes, hablaba de la autoestima de una manera muy diferente, porque incluso aquel que se sentía valioso por cómo cantaba, su autoestima puede quedar muy corta. Lo único que da la plenitud del valor de una persona es justamente que somos hijos de Dios, de sabernos hijos de Dios. No hay nada que nos lo quite de encima, porque Él es mi Padre, porque Él me ama, porque Él dio su vida por mi y porque no hay nada que me detenga en el camino, y eso me hace seguro de que el Cielo es mi patria y que en este lugar tengo que ir sembrando esas hermosas semillas del Cielo, esas semillas de paz, de justicia, de gozo, que hace que todas las cosas cambien.

Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento Dios, cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es recordado, nos recordaba también el Papa. Y cuando uno es consciente de ese ser único y de que es Él el que te ama, no hay nada diferente que hacer en la vida más que gozarla y saberse de los seres más amados de todo el universo.

Porque así es y de facto lo es. Y por eso la baja autoestima no sólo es un tema existencial, sino es un tema de fe, es un tema de creer que alguien te está atormentando, pero no es así. Es en el fondo tambien la oportunidad de creer que alguien que te está amando y que ése que te está amando es Dios, tu Señor que lo puede todo, que lo hace todo y que lo da todo.

Decía en una ocasión el Cardenal Martini, dialogando justo con los jóvenes: ¿Quién llega tan lejos en esa lucha que como Jesús asume desventajas, injurias y sufrimientos? El mundo clama por jóvenes audaces, la audacia de la autoestima. Tener una autoestima de acero sólo se da cuando ponemos nuestras manos en las manos de Dios y cuando Él transforma nuestra existencia porque sabemos que Él es nuestro Dios, porque sabemos que Él nos ama, que Él nos lo dará todo.

Sigamos disfrutando de esta vida en la que uno enloquece porque sabe que tiene un Dios que es amor, que lo ama, que le da toda su vida y que es el único que hace transformar todas las realidades. Dios es amor, Dios nos tiene cercanos y Dios dará siempre a cada uno de nosotros lo que tanto necesitamos.

Sigan disfrutando de sus días. Soy el padre Álvaro Lozano en este pequeño “Rincón del loco”. Dios los bendiga.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


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