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La templanza y la prudencia nos permiten una vida más armoniosa

 

El rincón del loco

Muchos de ustedes habrán oído hablar de esa película de Matt Damon: “Misión rescate”, un astronauta que es olvidado en Marte por circunstancias coyunturales, y ahí el hombre sabe que le esperan largos días, factiblemente hasta 3 años, antes de que alguien pueda volver por él.

Y este hombre empieza a ver todo lo necesario para sobrevivir en ese lugar. Lo fundamental era la comida. Y haciendo cuentas de lo que tenía, veía que evidentemente no le alcanzaba. Y dijo con claridad: “O produzco algo aquí o ya no podré hacer nada más”.

Una vez resuelto eso, se puso a ver el tema de la comunicación: cómo avisarle a la gente que seguía vivo. Y empezó a buscar todos sus talentos para poderlo resolver. En algún momento de la película, hablaba de que en este mundo podemos estar llenos de dificultades, pero lo importante es afrontarlas una por una, y así en ese camino se puede alcanzar el regreso a casa tan deseado.

Puede ser que sea un ejemplo de prudencia y de templanza. Sabemos que son dos de las grandes virtudes cardinales, junto con la justicia y la fortaleza. Y cada una de ellas nos enseña algo muy importante: La templanza. Éste buen hombre tuvo que ser templado para salir adelante; se pudo haber comido las reservas en algún día de depresión, pero el ser capaz de controlar esos impulsos le permitió salir adelante. Se pudo haber quedado dormido durante largas horas, pero el ser laborioso le permitió superar todas esas dificultades. La templanza nos ayuda a frenar tantas pasiones que a veces nos desordenan, y que a final de cuentas no nos permiten alcanzar lo que tenemos que alcanzar, como éste buen hombre. Y muchas veces, por no ser templados, perdemos muchas cosas.

Claro que hay algo de problema en echarse un taco más, más allá de los que ya nos echamos y que sabemos que son suficientes. Claro que en nuestra vida hay algunos problemas cuando dormimos muchas horas más de las que debería de dormir, y eso nos retrasa.

La templanza nos ayuda a equilibrar nuestra vida. Y la prudencia, gran madre de todas la virtudes, nos ayuda a saber pensar qué es lo importante en cada circunstancia, y muchas de esas cosas de prudencia se pueden resolver con es: escoger el problema que ahorita tengo que afrontar, no quererlos afrontar todos, porque ni tu ni yo somos capaces de resolverlos; pero sí sabemos que podemos resolver uno, y luego otro, y luego otro.

En este pequeño “rincón del loco”, pidamos a esa prudencia, a esa templanza, que empape nuestra vida, incluso ahora que estamos pensando ya en nuevas constituciones, incluso ahora que todavía recordamos la visita del Papa Francisco. Ahora es cuando con mucha más fuerza tenemos que gritar a las calles y gritar ese amor hacia los demás, un amor que siempre tiene que estar lleno de prudencia y de templanza para saber renunciar muchas veces a nosotros mismos y empezar a pensar un poco más, ¿por qué no?, en todos los demás.

Aprovechen mucho su vida para poder hacer un lugar de armonía y paz para todos los demás.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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