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Nuestra misión en la vida es ser espíritus libres que saben amar

 

El rincón del loco; esclavitudes

Recordamos todos aquella escena en la que ese soldado iba subiendo por una montaña cargando en una red todos los cascos de aquellos que había matado; y lo estaba haciendo como una carga fuerte que había tenido en su vida, se dirigía a una misión que atendían sacerdotes jesuitas en Brasil. Los indígenas que estaban cerca, veían cómo sufría, cómo se le caían los cascos y cómo tenía que regresar, y cómo este hombre llevaba su carga, podríamos decir, con un dolor casi insoportable. Hasta que un niño se acercó con un cuchillo y empezó a cortar aquel cable que unía a ese hombre con esa carga insoportable. El hombre se empezó a enojar de por qué le cortaba aquello, hasta que, al darse cuenta de que perdiendo la carga, recuperaba de nuevo la libertad… quedaba en paz.

Muchos de nosotros estamos esclavos de muchas realidades: adicciones, imágenes, la tecnología, consumismo, parejas dependientes, etc. Y cada una de esas cosas pueden ser como esos lastres que estamos cargando y que no nos dejan terminar de ser. Es algo que parece que no podemos soltar, y hasta nos podemos enojar si alguien nos lo quiere quitar. Pero sin duda, es algo que nos está esclavizando.

Hace no mucho tiempo el Papa nos recordaba que su interés era procurar que aquellos que estábamos esclavizados por alguna mentalidad individualista, indiferente y egoísta, pudiéramos liberarnos de esas cadenas indignas y alcanzar un estilo de vida y un pensamiento más humano, más noble, más fecundo, que dignificara nuestro paso por la tierra. Y esa es la primera consecuencia de las esclavitudes: nos hacen perder la libertad, nos hacen dejar de ser humanos, nos hacen dejar de ser sociales. Y cuando uno se centra en ella y las quiere buscar, tiene que pelearlas desde la otra perspectiva.

Recuerdo hace muchos años que fumaba, fumaba cerca una cajetilla al día; y eso ya no me hacía estar tan bien: una tos crónica, una condición física ya no tan buena, unos gastos considerables, un olor constante a tabaco. Eran muchas circunstancias que me hacían quererlo dejar. Pero fueron más de 40 ocasiones en las que tuve que intentar dejar esa cajetilla, 40 veces en las que con propósito firme decía: mañana, ahorita, el siguiente lunes… y no lo podía dejar porque había una esclavitud muy grande.

Y yo era el primero que no lo quería dejar, porque decía: no quiero, me encanta. Pues sí. Pero hasta que pude encontrar que había algo más grande, y que no lo dejara porque era malo, sino porque había algo en él que no me hacía pleno, pude lograrlo 40 intentos después.

Lo mismo sucede con nuestras esclavitudes cotidianas. Hay que reconocer que lo que hacen ellas es hacernos menos humanos. Muchos saben que el progreso actual y la mera sumatoria de objetos o placeres no basta para darle sentido y gozo al corazón humano, pero tampoco nos sentimos capaces de renunciar a lo que muchas veces el mercado nos ofrece, nos comenta el Papa Francisco también.

Ante estas realidades, tenemos que dar un cambio más radical y tenemos que pensar que la esclavitud no me permite ser hombre, y que tengo que ayudar yo a encontrar el camino de plenitud, a realizarme como persona, a no dejar nada detrás. Esa es la realidad de nuestra vida: intentar  ser espíritus verdaderamente libres, espíritus que saben realizarse y que saben amar.

Porque alguien que es esclavo, lo primero que deja de hacer es amar, porque esta tan ocupado en amarse a sí mimo de modo equivocado, que no es capaz de liberar su espíritu. Los esclavizores del mundo siempre estarán ahí, pero también la capacidad de liberarnos de ellos.

Y mientras en una cárcel alguno es capaz de hacer un túnel y escaparse, tú y yo también somos capaces de hacerlo. Demos el giro a esta realidad que nos quiere atormentar. Demos el giro a esta realidad que a veces nos quiere hacer simples esclavos suyos, y démosle a la realidad la riqueza de lo que nosotros con nuestra libertad podemos ofrecer.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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