Últimas noticias:

La alegría viene de un corazón generoso; la tristeza es esclavitud

 

El rincón del loco; 31 mayo 2016

Un joven que en una ocasión iba caminando por su pueblo se encontró a un gran personaje, alguien que sabía tenía una vida muy especial y que transformaba todo su entorno cuando estaba cerca. Se acerca a él y le pregunta: “¿Qué tengo que hacer para ser pleno?” Él le da una primera lista, de las cosas básicas que alguien tiene que hacer: pórtate bien, no te enojes, no mates, no fastidies al resto. Y aquel con franqueza le dijo: “Eso ya lo hago desde pequeño, ¿qué más me hace falta?” Y aquí le plantea ese gran horizonte: “Ve y vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme”. Y el joven se fue triste porque tenía muchos bienes y no fue capaz de seguirlo.

Cierto. En nuestra vida, muchas veces nos colma la tristeza, pero la tristeza no es más que una simple esclavitud, fruto de una incapacidad interna de alcanzar la plenitud, porque somos conscientes de que nosotros mismos nos estamos aferrando a otras cosas.

El gran riesgo, por lo tanto, nos decía el Papa Francisco en su exhortación, el mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro. Nos hacemos esclavos de algo que no nos permite alcanzar la plenitud, y esa es nuestra mayor tristeza en la vida, no el que los demás se mueran, sino el que seamos incapaces de encontrar la fuerza para vivir sin ellos; no el que no tengas el gran trabajo que esperas, sino el que no te sientas capaz de alcanzar la plenitud incluso sin aquel trabajo. Ahí está la riqueza de nuestro espíritu o la pobreza de nuestra tristeza, la misma esclavitud que tenemos.

Hay algunos cristianos que su opción parece ser una Cuaresma sin Pascua. La alegría no se vive del mismo modo siempre. Hay circunstancias más duras. Cierto. Pero tampoco podemos caer en esa Cuaresma sin Pascua. Nuestra tristeza infinita sólo se va curar con un amor infinito. Vamos, entonces, a pedir que nuestro corazón se encauce hacia allá, hacia un amor infinito y eso lo cura todo. Y esa es la gran riqueza de un cristiano, porque un cristiano nunca es aburrido o triste; por el contrario, el que ama a Cristo está lleno de alegría y esa alegría se irradia a los demás.

Cuando meditamos fuertemente en nuestra tristeza cotidiana, es porque hay muchas cosas dentro de nosotros que no nos permiten alcanzar la alegría más grande. Cuando la tristeza nos embarga, las razones difícilmente las vas a encontrar afuera. Las razones, de ordinario, están dentro de un corazón que no es capaz de ser generoso y entregarse. Y dentro de un corazón que en la esclavitud de las comodidades, en esclavitud de los placeres, no es capaz de encontrar una vida más plena y llena de alegría. En cambio, cuando ese corazón se libera y se entrega a los demás, las cosas cambian y la tristeza no pasa por delante, lo cual no significa que no pasen momentos duros; los hay, pero son momentos duros que se afrontan con muchísima alegría, porque en ellos se está jugando la vida; y cuando la vida está en juego, la alegría está presente.

No olviden sonreír, no olviden vivir con intensidad, no olviden poner la vida en juego para encontrar en ello la alegría más profunda de existir.

 

@yoinfluyo

mm@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo