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El don de servicio es lo que edifica este mundo

El rincón del loco; don de servicio

“El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Una frase que, aunque podamos trillar, sigue teniendo fuerza.

Hace unos días celebraba los 54 años de mis queridos padres, 54 años que podría resumir en esas palabras, 54 años de una vida que está puesta al servicio de ellos, de nosotros como sus hijos, del resto de la familia, de la misma sociedad. 54 años en que ellos se han desvivido por servir en un entorno en el que a veces tenemos la desilusión o las ganas de cortar o cambiar rápidamente.

Mis padres son el ejemplo más grande de servicio que puedo tener en mi entorno. Yo no sé si tú también los tengas; si los tienes, valóralos muchísimo; y si ya no los tienes, recuérdalos con ilusión; y si tú estás en camino de serlo, ten en cuenta que detrás de ello hay un paso enorme, enorme. Porque el don de servicio es lo que edifica este mundo. Si este mundo no lo edificamos en el servicio, en la entrega, en la solidaridad, no se edifica nada.

Les pongo de ejemplo a  mis padres. Ellos se encuentran hace muchos años (54) y tienen simple y sencillamente 8 hijos; y digo sencillamente, porque es el regalo más grande que ellos han hecho a este mundo. No es que seamos los mejores hijos, pero han dado 8 vidas, han acompañado 8 vidas, han educado 8 vidas, han enseñado a amar 8 vidas; y por lo tanto, le han dado a este mundo 8 pulmones más, 8 corazones más para entregarse y para sentir con los demás, y ese es un don de servicio inefable: la capacidad de generar más servicio. En segundo lugar, definitivamente no recuerdo un día en que entre ellos dos no hubiera un detalle de cariño, de cercanía, de amor, de servicio. Todos los padres no sólo engendran, no sólo engendran nuevas vidas que van a servir y les van a educar justo en eso, sino que además son testimonio vivo y constante de eso.

El Papa Francisco hace poco nos citaba una frase antigua en la que decía que los más favorecidos debíamos renunciar a algunos derechos para poner con mayor liberalidad los bienes al servicio de los demás. Éste es otro paso en el don de servicio: ser capaz de poner lo propio al servicio de los demás. Por eso, vuelvo a mis padres. Pusieron sus comodidades, sus viajes, sus cosas, al servicio de tener una familia grande, sabiendo lo que estaba detrás de ella, y afrontaron retos enormes; y pudieron haber servido de otra manera. Sí, pero imagínense a cuántas cosas no renunciaron con el simple hecho de servir formando una familia y educando a unos niños.

La Iglesia –citaba en alguna ocasión el cardenal Martini– necesitó hombres que liberen en otros el coraje o la magnanimidad, de manera que se pongan a disposición de Dios y al servicio de los hombres. Ese es el grandioso don de servicio, transmitir la vida, entregar la vida y hacer apasionada la vida. Hombres como éstos en el mundo  son los que hacen que cada día tengamos más aire que respirar, un momento más dichoso para esperar, una circunstancia para entregarnos a los demás, porque alguien te ha dado la vida, te ha servido en la vida y te ha movido a apasionarte por la vida.

Ojalá en nuestra querida ciudad, en nuestro país y en el mundo tuviéramos ese gran consenso y esa gran alegría de disfrutar ansiosamente lo que ya tenemos en el día cotidiano y de entusiasmarnos juntos, y no desanimarnos, y no perder nunca la esperanza. Que no exista ninguna noticia que nos haga perder la ilusión de volver a servir con todo el corazón.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

 

 

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