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En la Villa de Chalco Nada es imposible

Juan Pablo II en uno de sus viajes a México, desde Chalco, hizo a su estilo un llamado al mundo a mirar la pobreza y abandono en el que ahí viven cientos de miles de mexicanos…, su voz fue escuchada desde el otro lado del mundo por Aloysius Shwartz y ahora en el corazón de Chalco existe una escuela que da educación y hogar a más de tres mil quinientas niñas.


Niñas que dan valores


El pasado jueves asistimos a la graduación de cientos de esas niñas que terminaron su escuela preparatoria. Fueron acompañadas por el Nuncio Apostólico, por el Gobernador del Estado de México y por el líder de la bancada priista del Congreso.

Al abandonar el lugar una vez que finalizó la ceremonia, mi reflexión era sólo una: en la Villa de Chalco nada es imposible.

La Villa de las Niñas de Chalco inició sus operaciones en el año 1990 bajo el impulso, ya lo hemos dicho, de Aloysius Shwartz, que padecía ya entonces Esclerosis Lateral Amiontrófica (ALS). Él mismo había hecho antes fundaciones similares en Corea y Filipinas.

Nada es imposible. Más de 3 mil niñas comen, estudian, trabajan, conviven y rezan todos los días en orden y armonía, sin gritos ni estridencias, bajo la mirada y el afecto de un puñado de Hijas de María, cuyo origen es muy variado y a las que unifica sólo su deseo de educar y atender a los niños y jóvenes desamparados.

Aloysius Shwartz, que en dos ocasiones (1984 y 1992) fue nominado para el Premio Nobel de la Paz, falleció el 16 de marzo de 1992 en Manila; y (nada es imposible) no estando ya en la tierra, dio impulso a su obra, porque en 1997, en Guatemala, se estableció la Villa de los Niños y las Niñas, y en el año 2000 se iniciaron los trabajos de otra Villa en Brasil.

Me está matando suavemente” (Killing me Softly) es un libro que narra la inspiradora historia de este “Campeón de los Pobres”, Aloysius Schwartz, en la que nos cuenta el último año de su vida, su continua batalla con la enfermedad de Lou Gehrig (ALS) y cómo a la vez, (nada es imposible) intentaba mantener y dotar del personal necesario a sus Villas para niños huérfanos y desamparados.

La ceremonia de graduación a la que asistimos en Chalco fue engalanada de mensajes de vistosas autoridades civiles y eclesiásticas, pero más importante de lo que se decía, fue sin duda observar la atención de quien escuchaba: un puñado de chicas que sabe escuchar, entender y asimilar, que seguía sin parpadeo los mensajes. Se graduaron varios cientos de chicas, listas para incorporarse con éxito al mundo productivo.

Al finalizar, se inauguraron unas canchas deportivas en las que los principales donantes (nada es imposible) Manlio Fabio Beltrones, diputado priista, y Eruviel Ávila, el gobernador del Estado de México, protagonizaron un juego de basquetbol, en la que (nada es imposible) el equipo del coordinador priista del Congreso fue derrotado por el equipo del gobernador del estado.

La Villa de las Niñas de Chalco es el resultado de una ecuación que funciona, cuyas principales variables: visión, trabajo, constancia, fe, disciplina, entrega, cariño, y hasta coordinación Iglesia, Estado e iniciativa suman esfuerzo en bien de la niñez.

En la Villa de las Niñas de Chalco hay miles de historias, como la de María, que a sus apenas 15 años asegura ser feliz, porque durante los años que ha vivido en la Villa, además de recibir comida y hospedaje, ha conocido a sus mejores amigas y ha aprendido a estudiar, a hacer deporte y a tener fe en Dios y en sí misma para abrirse paso en la vida y formar una familia.

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