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El dolor fecundo de Jesús y nuestra realidad

De acuerdo a cifras oficiales 53 millones de mexicanos viven en condiciones de pobreza, es decir, casi uno de cada dos mexicanos. A esto hay que sumar los datos de desempleo que da a conocer el INEGI que muestran que casi 2 millones y medio de personas económicamente activas están desocupadas. Además, el gobierno mexicano estima que más de la mitad de los mexicanos que trabajan (30 millones) están en la economía informal.


El ejemplo es el que arrastra


Hace más de 10 años que no veía a un padre de familia que completa sus ingresos familiares como obrero, trabajando los fines de semana boleando calzado a domicilio, lavando automóviles y otros trabajos similares. En esta ocasión lo vi acompañado por 3 de sus hijos menores, el mayor de ellos era el más pequeño hace una década y ahora le ayuda, su hijo mayor ya está por iniciar la universidad. El trabajo y alegría de este padre acompañando y dando buen ejemplo a sus hijos me hicieron reflexionar sobre los millones de historias similares en todo el país.

El episodio de la vida de Jesucristo que meditamos en la Iglesia esta semana es sumamente humano y cercano por la violencia y pobreza que hay en el país; se refiere al momento trágico en que Él recibe la noticia de la muerte de Juan Bautista, y cómo al retirarse para hacer oración y dolerse de la muerte de su primo y profeta, se encuentra la realidad de miles que lo esperaban como ovejas sin pastor. Jesús hace fecundo su dolor y se pone a predicar a la multitud, hasta que es tarde y no hay como darles de comer.

Normalmente se habla de la multiplicación de los panes en su aspecto milagroso, ¿y cómo no hacerlo? No todos los días se da de comer a más de 5,000 hombres, sin contar mujeres y niños (que quizá serían otros tantos). Sin embargo, poco meditamos sobre la enseñanza e invitación que Jesús nos hace a través de los detalles del milagro. (Ver Mt. 14: 13-21)

Primero, contradice la lógica de los apóstoles que resolvían el problema pidiéndole a la gente que se retirara a sus casas, algo así como que cada quién resuelva su problema (por cierto muy propio de nuestra cultura individualista). Después les dice “denles ustedes de comer”, invitación a actuar en solidaridad por los demás que el Papa Francisco nos recuerda en Evangelii Gaudium.

El asunto es que frente a la necesidad que implica ver gente pobre o sin trabajo, nuestra lógica nos lleva a pensar que nuestros 5 pescados y dos panes -que seguramente tenemos- son insuficientes para resolver el problema, incluso, quizá pensemos que ni siquiera alcanzarán para resolver nuestra propia necesidad. Jesús nos invita a que le demos todo lo que tenemos para que Él haga el milagro de la multiplicación.

Poder compartir con las personas lo que tenemos va contra nuestra lógica, y sin embargo encaja con la lógica cristiana de reunirnos en grupos para compartir, para dar lo que tenemos, con la plena conciencia de que a nosotros sólo nos toca dar todo lo que tenemos, sea nuestro tiempo, conocimientos, actitudes y bienes materiales.

En medio del dolor y la pobreza del país, a veces nos vence la desesperanza, el desánimo e impotencia, porque creemos que los males nos rebasan, sin embargo, a imitación de Jesús tenemos la oportunidad de hacer nuestro dolor fecundo, y empezar a compartir y ver por las necesidades de los demás.

Tomado del portal: www.encuentra.com

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