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19 de septiembre

La solidaridad asomó su cara en México, un rostro joven con miedo, pero no del que paraliza, sino del que mueve a la acción. Mucha gente fue al templo a dar gracias por estar vivo, a pedir por sus familiares y amigos, y de ahí a ayudar a los demás. Otros simplemente se aseguraron de que todos sus cercanos estuvieran bien, e inmediatamente empezó el trabajo de rescate, en algunos casos aún seguían derrumbándose edificios.


Angustia en el temblor


A diferencia de hace 32 años, en esta ocasión todos nos enteramos al momento, mi hermano menor me avisó por whatsapp desde la Ciudad de México cuando aún estaba temblando, luego traté de comunicarme con mi hijo a Puebla y ningún teléfono funcionaba, fue ese momento de saturación y caída de líneas, luego por las redes supe que él y su comunidad estaban bien, luego otros familiares, y durante la tarde todos empezamos a caer en la cuenta del tamaño del desastre, en la zona metropolitana, en Puebla, en Morelos, en Chiapas, Guerrero y Oaxaca.

Pero las redes en esta ocasión no sólo nos ayudaron a enterarnos, también fueron la primera herramienta para convocar y organizar, las empresas telefónicas reaccionaron de inmediato abriéndolas sin costo, la solidaridad cundió por toda la patria, esperanzadora, angustiada, en silencio, pero con la determinación del samaritano que ayuda al desconocido sin esperar nada, al contrario, buscando como hacer más. Surgió la identidad nacional, desde las familias fuimos acercándonos al otro hasta darnos cuenta de que somos una gran familia mexicana con profundas raíces cristianas.

Luego la reacción natural frente a un gobierno rebasado por la sociedad, no queremos dinero para campañas políticas, lo queremos para ayudar y para reconstruir, que se castigue a quienes permitieron malas construcciones, justicia y no impunidad, la conexión se estableció ya, la agenda política de las elecciones del próximo año está definiéndose en este momento por los ciudadanos, no por los partidos. 

Algunos políticos aun no entienden y quieren acaparar y manipular la distribución de ayuda, como el gobierno de Morelos, va pues otro elemento de la agenda ciudadana, que los apoyos sean manejados por ciudadanos, no desde el gobierno, la confianza en los políticos en su nivel más bajo. En términos de ciencia política estamos frente a una “ventana de oportunidad” generada por la tragedia y por la reacción ciudadana frente a la misma.

En la madrugada bajo la luz de las lámparas, y los días siguientes bajo la lluvia y el cansancio, todos los ciudadanos sin importar condición o preparación, mujeres y hombres, trabajadores, profesionistas, empresarios, militares, todos volcados a ayudar, y la gran mayoría jóvenes. Sentir un temblor el mismo día que solo existía en la historia, movió a los menores de 32 años, de la historia a la experiencia. El sufrimiento y la angustia los sacó de la realidad virtual en las pantallas a la del contacto humano y solidario en la calle.

Los jóvenes de esta generación, acusados de ser apáticos e individualistas, han mostrado a todo el mundo una entrega incansable minuto a minuto, sin voltear a la cámara ni posar en selfies para no distraerse de ayudar, rescatar, consolar, y buscar. Ellos están a cargo de la incipiente reconstrucción material, pronto se darán cuenta de que también tendrán que hacer la reconstrucción social y política de este país. Se necesitan nuevos actores, nuevas instituciones e ideas que pongan por delante la solidaridad, la protección de la familia, la transparencia, el combate a la corrupción y a la impunidad.

En México cada 19 de septiembre va a ser celebrado como el día de la solidaridad, la unión y la reconstrucción.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

 

 

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