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La tentación de la resignación

Casi todos los días hay ejemplos de encuentros deportivos donde el equipo que iba en desventaja logra recuperarse, empatar el marcador e incluso vencer al adversario. No es tan frecuente ver remontadas espectaculares cuando la diferencia entre ambos equipos parecía definitiva, sin embargo suceden.



Lo curioso es que en cada caso, lo primero que tuvo que hacer el equipo que remonta es no darse por vencido, no resignarse, no creer que esté dominado, y poco a poco, punto a punto, seguir en la lucha hasta la victoria. Muchos factores pueden intervenir, desde errores del adversario o del árbitro, hasta genialidades y suerte del equipo que va abajo.

En su primer evento en Morelia, Michoacán, el Papa Francisco nos hizo reflexionar sobre una de tantas tentaciones a las que nos podemos enfrentar, sobre todo frente a “ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad”, frente a una realidad “que parece haberse convertido en un sistema inamovible”: la tentación de la resignación.

La corrupción y la falta de buenas alternativas en los candidatos que compiten en las elecciones y que alejan a muchos cristianos de la participación política, es una manifestación de esta poderosa tentación; sin embargo, es en las campañas cuando es necesario presionar, exigir y obligar a los candidatos a debatir soluciones a los verdaderos problemas.

Si los candidatos se han vuelto cínicos, si hacen lo mismo para movilizar y manipular clientelas y obtener votos sin que nadie los denuncie o les reclame, si nadie les exige que cambien su actitud, si no hay quienes los enfrenten a sus promesas incumplidas, entonces ciertamente que nada va a cambiar ni a transformarse.

Si por otra parte los cristianos empujamos a los medios “controlados” a través de los medios “no controlados”, como las redes sociales, para presionar y hacer oír nuestra voz y opinión, podemos generar cambios de actitud y agenda política en el combate a la violencia, a la impunidad y a la pobreza.

El considerar que nada cambiará es caer en la tentación de “una resignación que nos paraliza, una resignación que nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar, nos quita la alegría, el gozo de la alabanza. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar”.

El Papa, empuñando el báculo del Tata Vasco, a quien puso de ejemplo, ya que la terrible realidad de los indígenas “movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta. El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua purhépecha significa: Papá”.

Padre Nuestro, no nos dejes caer en tentación, líbranos de la resignación frente a las realidades dolorosas de nuestra patria y de nuestro entorno, recuérdanos que cada día hay que remontar el marcador confiados en tu misericordia, permite que nuestra oración se haga vida y que nuestra vida sea un camino de transformación y esperanza.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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