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¡Vayan a las periferias!

El Papa Francisco volvió a sorprender a propios y extraños con el gesto de abrir por primera vez en la historia de la Iglesia una puerta santa fuera de Roma, lo hizo en su reciente visita a África, en la Catedral de Bangui de la República Centroafricana, y además lo hizo una semana antes de que inicie el Año Santo de acuerdo a la Bula Misericordiae Vultus que él mismo publicó en mayo de este año.


Año de la Misericordia


Sin embargo, el acto del Papa no debería sorprendernos, pues está en absoluta concordancia con dos ideas que él ha manifestado reiteradamente durante su pontificado: “Ir a las periferias a llevar a Jesús”, y ser “dispensadores y no revisores de la gracia de Dios”.

Los índices de pobreza y marginación hacen que África sea una periferia del mundo. Sus temas no son los de mayor importancia para los medios internacionales; incluso cuando hay atentados y todo tipo de violencia, no nos enteramos, como cuando este tipo de atrocidades se cometen en países donde se encuentran los centros de decisión. Así pues, es un Continente de la periferia, y hasta allá fue el Papa a iniciar el Año de la Misericordia.

Y no se dejó limitar por las tradiciones y formalidades en su afán por abrir la misericordia de Dios precisamente a quienes el mundo considera y trata como excluidos; por el contrario, allá dónde Cristo se hace presente en el necesitado, se presentó su Vicario para llamar la atención del resto del mundo, empujando la puerta –que simboliza hacer a un lado los obstáculos– para emprender el camino del perdón y el consuelo.

Desde la primera vez que leí sobre la costumbre judía de perdonar las deudas cada 50 años, según consigna el Antiguo Testamento en el Levítico, me sorprendió por su radical contraposición a las reglas tradicionales del intercambio económico de nuestro mundo. El Pueblo de Dios sabía que después de 7 veces 7 años (49) se dedicaba un Año Santo para el Señor, donde se perdonaban las deudas y se restituían los bienes (Lv 25 1, 8-17).

El Papa llama a todos los católicos a recibir la Misericordia de Dios siendo misericordiosos; nos propone emprender nuestro camino de encuentro personal con Jesucristo a través de las Obras de Misericordia. Y el inicio del Adviento es un tiempo inmejorable para prepararnos dando Misericordia para recibir al Dios Niño, quien es todo Misericordia.

Las Obras de Misericordia, tanto materiales como espirituales –que se pueden conocer en esta liga– son el punto de partida para vivir a profundidad este Año Santo, que entre otras cosas nos anima a recordar los 50 años de conclusión del Concilio Vaticano II.

El Adviento significa la preparación para la venida del Señor. ¿Hasta dónde realmente pensamos en cómo recibir a Jesús? ¿Estamos atentos en escuchar lo que quiere de nosotros? ¿Estamos tan ocupados en hacer cosas, que no tenemos tiempo de escuchar? Si nuestra mirada está puesta en Él que viene, es probable que sí podamos disponernos.

El Papa nos regaló con su gesto en África dos recomendaciones precisas para vivir este Adviento y Año Santo: Ir a las periferias, a donde normalmente no vamos, con quienes difícilmente convivimos; y vayamos con la mirada y el oído atentos para descubrir al Señor a través de la Misericordia, empujando y abriendo puertas que hoy están cerradas al perdón, a la justicia y al amor.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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