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Recibirán el poder del ES

Es un sábado cualquiera. Más de un centenar de jóvenes regresan de realizar su “servicio social”; algunos vienen de jugar y convivir con niños huérfanos; otros, de hacer el aseo en la casa-hogar donde unas religiosas franciscanas atienden a personas abandonadas, otros regresan de ayudar a construir con sus propias manos vivienda para familias necesitadas en la periferia. Llegan al templo y entran un momento a dar gracias frente al Santísimo.


Servicio a los demás


Más de mil jóvenes hacen obras de caridad cada sábado en esa parroquia (y en muchas otras), y los domingos asisten a misa y escuchan charlas por más de cuatro horas durante seis meses, entre otras actividades como preparación para recibir al Espíritu Santo en la Confirmación.

¿Qué mueve a estos muchachos que son atendidos por otros jóvenes a realizar estas actividades que suenan ajenas a lo que vemos normalmente en los medios de comunicación sobre la juventud?

Estando Jesús a punto de ascender al cielo a la vista de sus apóstoles, les dijo que se mantuvieran cerca, ya que en pocos días recibirían el poder del Espíritu Santo para que fueran sus testigos “hasta los confines de la tierra” (Hechos 1, 1-8). Y fue hasta que los apóstoles lo recibieron en Pentecostés mientras hacían oración, que dejaron sus miedos, superaron sus limitaciones, y empezaron a dar la cara, a predicar y a hacer milagros en nombre de Jesús.

Es curioso cómo funciona el poder del Espíritu Santo en contraposición a los tradicionales poderes de fuerza, dinero y autoridad, a los que todo mundo está acostumbrado y frente a los cuales es relativamente fácil sucumbir.

Si los apóstoles confiaran en su fuerza, su dinero, su sabiduría, o su influencia política, no hubieran estado encerrados llenos de miedo, y sin embargo, en su debilidad, su pobreza, su falta de preparación y miedo, el Espíritu Santo se manifestó con sus dones: Sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios, que les permitieron iniciar su misión.

El poder político y el afán de dinero fácilmente pueden hacer que las vidas humanas de los demás se vuelvan insignificantes, por lo que las matanzas, la guerra, las persecuciones, el aborto, el narcotráfico y demás crímenes, sirven para constatar el poder de la fuerza, la violencia, la avaricia, el egoísmo, la injusticia e impunidad que vemos por todos lados.

En contraste, el Espíritu Santo produce estos frutos: Caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, y castidad. Como se podrá ver, cada una de estas virtudes requiere de un poder sobrenatural.

¿Cómo amar a los enemigos? ¿Cómo soportar con paciencia los errores de los demás? ¿Cómo estar dispuesto a servir a pesar de la ingratitud e injusticia? ¿Cómo defender la verdad en un mundo escéptico que la niega? ¿Cómo iniciar cada día con la alegría de hacer bien tu trabajo buscando ayudar a los demás? ¿Cómo levantarse de los errores, los abusos, las injusticias y mentiras que cometemos? ¿Cómo reconocer nuestros errores y estar dispuestos a corregirlos?

El Hijo de Dios nos dejó al Espíritu Santo para que nos consuele y nos lleve a amar, a estar alegres y a construir la paz. ¿Seremos capaces de recibirlo y dar testimonio? ¿O seguiremos intentando construir este mundo sólo con nuestras fuerzas?

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