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¿Derecho Humano al Agua para excluidos?

Las zonas más marginadas de México son también las que menos cobertura de agua potable y alcantarillado tienen y, paradójicamente, los lugares donde la gente tiene menor acceso al agua potable no son necesariamente los más secos del país; por el contrario, son los lugares en donde más llueve durante el año. Así que no es un problema de falta de agua, sino de atención, infraestructura, prioridades y política.


El derecho al medio ambiente


Hace 3 años se aprobó una modificación a la Constitución mexicana para incluir el derecho humano al agua en los siguientes términos: “Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible”. Entonces se estableció un plazo de un año para crear una nueva Ley General del Agua (LGA) que establecería la manera en que el Estado garantizaría dicho derecho humano. Finalmente, tres años después se está discutiendo en la Cámara de Diputados una iniciativa para crear dicha ley que sustituiría la Ley de Aguas Nacionales (LAN) vigente.

Revisando el dictamen que fue aprobado por las Comisiones Unidas de Agua Potable y Saneamiento, y de Recursos Hidráulicos de la Cámara de Diputados para su discusión en el pleno, me encontré que en el Título Segundo sobre el Derecho Humano al Agua se utilizan conceptos y redacción que en la práctica anulan la posibilidad de goce de dicho Derecho Humano a quienes hoy son excluidos, porque NO tienen acceso ni al agua potable ni al drenaje sanitario.

Por una parte, se define el mínimo vital para consumo humano y doméstico en 50 litros por habitante por día, lo cual podría parecer suficiente ya que el agua que tomamos y usamos para cocinar diariamente pueden ser cinco litros; sin embargo, si consideramos que cada vez que se descarga el baño utilizamos quince litros y que bañarse en la regadera puede tomar hasta 200 litros, entonces se podría pensar que es un mínimo insuficiente para los consumos urbanos.

Sin embargo, en las zonas rurales no todo mundo se baña diario y no se utiliza tanta agua en las letrinas, ni se usa regadera sino cubetas o baldes de agua, por lo que el consumo es menor, excepto que el consumo doméstico incluye agua para pequeños huertos familiares y para alimentar a los animales que muchas veces proveen de alimentación de subsistencia a dichas comunidades, y que no se incluye en la definición.

El problema es que la iniciativa establece que el servicio de agua debe pagarse “acorde con la capacidad económica de los usuarios”, y entonces se nulifica la definición del mínimo vital para consumo humano y doméstico, ya que quien no tenga para pagarlo de nada le sirve que esté definido un mínimo en la ley, simplemente tendrá que pagar ese mínimo vital y entonces el Estado no estaría cumpliendo con lo que establece la Constitución.

Yo soy un convencido de que el servicio de agua debe pagarse, porque cuesta extraerla, tratarla, distribuirla y sanearla. Sin embargo, también estoy convencido de que hay un mínimo vital que debe ser accesible a toda persona, indistintamente de su capacidad de pago. He aquí el primer problema y dilema de la ley que se está discutiendo. Mi propuesta es que se establezca un valor mínimo y mecanismos para subsidios cruzados que hagan factible que toda persona goce del derecho aunque no pueda pagarlo, y que así se establezca con claridad en la ley.

El segundo problema es que se definen prioridades “políticamente correctas” de atención para todo tipo de personas: “deben asegurar el acceso al agua a pueblos y comunidades indígenas, refugiados, solicitantes de asilo, desplazados internos, repatriados, presos y detenidos, así como en zonas rurales y urbanas desfavorecidas”.

Pero en ningún lado se establece como prioridad y ni siquiera se menciona hacer llegar el agua a los nueve millones de personas que hoy el gobierno federal dice (Programa Nacional Hídrico 2014-2018) que no tienen acceso al agua potable y a los trece millones de habitantes que no cuentan con alcantarillado; siendo que estos excluidos, son quienes verdaderamente necesitan que se les garantice el derecho humano al agua, ya que quienes sí tenemos ambos servicios (aun pagándolos) de alguna manera ya contamos con el derecho.

La iniciativa dice que se debe “garantizar el derecho humano al agua de forma progresiva”; el problema es que en ningún lado se define en qué consiste eso. ¿En diez, en cincuenta o en cien años? Si se plantean escenarios utilizando ecuaciones matemáticas y asumiendo que la inversión en agua y alcantarillado se mantiene; y suponiendo que se vencen obstáculos burocráticos y tecnológicos que hoy existen para llevar agua y saneamiento con métodos alternativos a comunidades dispersas (que son suposiciones muy optimistas), en el mejor escenario se podría lograr cobertura universal en una década, pero existen otros escenarios en los que puede tomar más de veinticinco años.

La ley prevé la utilización de métodos alternos donde no sea posible garantizar el acceso con las redes de distribución municipales; sin embargo, no establece ni plazos ni metas para hacerlo, y por otra parte, pone el énfasis en la distribución más que en la potabilización del agua, por lo que tampoco atiende con seriedad el derecho humano al agua de los excluidos.

La Ley General del Agua que se está discutiendo tiene múltiples “oportunidades de mejora” en otros temas; sin embargo, quise llamar la atención sobre estas deficiencias porque están en el corazón de la justificación de esta nueva ley, ya que su razón de ser es precisamente establecer cómo el Estado va a garantizar el derecho humano al agua a todos, y yo diría principalmente a quienes hoy son excluidos de tal derecho.

Es de tal importancia para la vida, salud, seguridad y economía de los mexicanos esta nueva ley, que es indispensable que se revise con el tiempo y cuidado necesarios, tanto en la Cámara de Diputados, como en la de Senadores, para que sea un verdadero instrumento que mejore el uso del recurso y beneficie a las personas, y no uno que en sus indefiniciones y ambigüedades mantenga las cosas como están o incluso las agrave.

@OFIbanez

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