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La globalización de la indiferencia

Julio Jaramillo, cantautor ecuatoriano de antaño, escribió una canción que sorprende en su aparente contradicción:

Ódiame por piedad yo te lo pido

Ódiame sin medida ni clemencia

Odio quiero más que indiferencia

Porque el rencor hiere menos que el olvido.


Una realidad del siglo XXI


En su Mensaje para la Cuaresma de 2015, el Papa Francisco reflexiona sobre la indiferencia que domina en todo el mundo y que se opone directamente al amor, la principal condición que debe caracterizar al buen cristiano: tener entrañas de misericordia, compadecerse por los demás.

El Papa nos recuerda que “la Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia»”.

En la encuesta de “Creer en México”, del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc), se muestra cómo la participación de los cristianos no católicos es más comprometida en la ayuda al prójimo que la de los católicos. Y en mi limitada experiencia, una de las principales razones de ex católicos para integrarse a iglesias de cristianos no católicos es la acogida que reciben en esas comunidades. ¿Qué tan cálidas y acogedoras son nuestras comunidades parroquiales?

Los datos muestran la necesidad de que muchos católicos renovemos nuestra experiencia de vida con Jesucristo y la participemos a los demás, que podamos tener el corazón lleno de amor y misericordia que se desborde en compromisos, servicios y actitudes que nos renueven y sacudan al mundo que camina en triste indiferencia.

La Cuaresma nos brinda un tiempo de gracia especial, una gran oportunidad para iniciar ese camino con actividades y actitudes que nos ayuden a renovarnos: en lo personal, para “fortalecer el corazón” a través de la vida sacramental y la oración; y en los social, respondiendo a la pregunta eterna y al mismo tiempo cotidiana: “¿Dónde está tu hermano?” con la actitud de comunidad de iglesia, de “si un miembro sufre, todos sufren con él”.

¿Cómo hacer para romper la indiferencia que domina muchas veces nuestras vidas?

Un sacerdote me comentaba que cuando se empezaba a sentir demasiado a gusto en su Parroquia con sus deberes diarios, optaba por irse al basurero, donde vivían los más pobres de los pobres; eso le permitía combatir la indiferencia y renovar su vida.

Podríamos aprovechar este tiempo de Cuaresma para estar con gente que nos haga salir de la indiferencia, desde gestos tan pequeños como ir a visitar enfermos en hospitales públicos, donde además de confortar a los enfermos, hacer oración con y por ellos, se puede donar sangre o exigir un servicio digno de salud para personas que además de sufrir la enfermedad, sufren por la indiferencia y falta de atención.

O quizá acompañar a alguien en los tortuosos procedimientos judiciales, llenos de corrupción, injusticia e impunidad. La indiferencia no permite que reaccionemos frente a los altos niveles de impunidad e injusticia que existen en nuestro país, y lamentablemente parece no importarnos, o creer que “así son las cosas”. Esta indiferencia es la que necesitamos vencer para ser capaces de construir paz por medio de la justicia.

Dios no es indiferente a nuestra realidad, ¿aprovecharemos este tiempo de gracia para que Dios nos toque y nos mueva para encontrarlo y servirlo en los demás?

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