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¿Por qué no regalar a los niños lo que quieren en Navidad?

Recientemente vi un video donde se les pide a unos niños que hagan sus cartas de Navidad, y después se les pide que le escriban cartas a sus padres. Las respuestas de los pequeños son impresionantes, y de alguna manera también las reacciones de sus papás cuando leen lo que sus hijos les piden.


El verdadero sentido de la navidad


Pero para no echar a perder el video mejor véanlo en esta liga.

La temporada navideña se manifiesta de diferentes maneras, una de ellas sin duda es el exacerbado consumismo que inicia casi un mes antes con una mezcla de ofertas, comerciales, la disponibilidad de dinero por el aguinaldo y las múltiples reuniones de fin de año (algunas mal llamadas posadas), en donde el tema central se convierte en el intercambio de regalos.

El sociólogo Zigmut Bauman, en “Consumo versus consumismo”, reflexiona y observa que “una economía orientada al consumo promueve activamente la desafección, socava la confianza y profundiza la sensación de inseguridad, hasta convertirse ella misma en una fuente de ese medio ambiente que prometía curar o ahuyentar ese miedo que satura la vida líquida moderna y es la causa principal del tipo de infelicidad propio de esta época”.

La intuición de los niños que muestra la preferencia que tienen de convivir, jugar o comunicarse con sus papás por encima de la recepción de regalos materiales, es una clave que nos puede ayudar a entender nuestra actualidad.

A veces pensamos que nuestra infelicidad tiene su origen en nuestras limitaciones, cuando es muy probable que su origen esté realmente en la presión de la mercadotecnia y de la sociedad de consumo, que nos apura a buscar satisfactores efímeros que nos generan adicción, inseguridad y más insatisfacción.

El Niño Dios viene cada vez al mundo a darse Él mismo; ése es su regalo: su persona. Nos da ejemplo de que el mejor regalo para los demás debería ser nuestra persona, nuestra presencia y actitud. Siendo Dios, se hizo hombre, lo que nos da ejemplo de humildad; ofreció su vida por nosotros, lo que nos da ejemplo de servicio y amor hasta la muerte por los demás; y finalmente, resucitó, dándonos razón para nuestra Esperanza de ir a la casa del Padre.

Si no logramos revertir la fuerza del entorno que nos invita a consumir, es muy probable que además de no regalarle a los niños lo que realmente quieren esta Navidad: nuestra presencia, tiempo y cariño, además les estaremos generando adicciones, miedos e insatisfacciones que los condicionarán en su vida futura.

Hagamos un esfuerzo consciente para que esta Navidad podamos recibir todos a Dios al darnos a los demás, empezando por nuestros pequeños.

Tomado del Portal www.encuentra.com

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