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Cristo Rey hecho carne

Hace algunos años, en un país centroamericano, una familia vivía en un basurero de una gran ciudad y sobrevivían de lo que encontraban entre los desperdicios; a esa precariedad sumaban la tragedia del padre de familia que había caído presa del alcohol y las drogas, y finalmente enfermó de Sida. Estando ya cerca de su muerte, la familia buscó un sacerdote que lo confesara, pero la persona no estaba dispuesta. El sacerdote se acercó entre el hedor, sudor, las llagas y el posible contagio, lo abrazó y lo consoló antes de morir, el moribundo lo agradeció.


La cultura del encuentro


El Papa Francisco, en la ceremonia de canonización de la Santa mexicana Guadalupe García Zavala, el año pasado dijo: “Madre Lupita se arrodillaba en el suelo del hospital ante los enfermos y ante los abandonados para servirles con ternura y compasión. Y esto se llama «tocar la carne de Cristo». Los pobres, los abandonados, los enfermos, los marginados, son la carne de Cristo. Y Madre Lupita tocaba la carne de Cristo y nos enseñaba esta conducta: no avergonzarnos, no tener miedo, no tener repugnancia a tocar la carne de Cristo”.

Normalmente la encarnación me remite al momento en que Dios se hace hombre en el seno de la Virgen María; sin embargo, esta semana, en la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, en el Evangelio según San Mateo (25,31-46), Jesús, al explicar su carácter de Rey, nos habla de su otra encarnación, la que Él hace en cada persona que sufre alguna necesidad: enferma, pobre, presa, hambrienta, sedienta, desnuda.

Efectivamente Cristo se hace “carne” en los que sufren, porque espera que su Reino se construya en el servicio que cada uno hagamos a los demás. Si una persona es injustamente encarcelada y no tiene quién le ayude a defenderse, o a pagar los gastos de una legítima defensa, se convierte en “carne” de Cristo que espera ser “tocada” por alguien que tenga misericordia. Si a algún padre le arrebatan, le torturan, o le matan a un hijo, ¿quién estará ahí para consolarlo y acompañarlo en su dolor y en su búsqueda de justicia?

Hoy @Pontifex_es nos regaló un tuit para reflexionar: “Cuando vemos que alguien pasa realmente necesidad ¿reconocemos en él el rostro de Dios?” La expresión de Cristo Rey no deja lugar a dudas: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”.

¿Cuántas veces nosotros realmente vemos a Cristo en el rostro y la carne de aquellos que sufren? Porque el Rey del Universo dice: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.

Cristo es un Rey muy especial y distinto, se encarna en los más necesitados, y no lo hace en sentido figurado; de hecho, desde su nacimiento lo hizo en las condiciones más precarias, en una periferia literal, como migrante, en medio de carencias y persecución política. Luego decidió quedarse en el pan y vino eucarísticos, y finalmente, se sigue encarnando en cada necesitado, y nos invita a dejarlo entrar y encarnarse en nosotros para manifestar su misericordia, amor y servicio a todos.

¿Queremos que Cristo reine? ¿Queremos un reino de paz, de justicia, de amor? La encarnación de Cristo en las personas es la invitación a construir ese Reino. ¡Viva Cristo Rey! Claro, ¡que viva y que reine!

Tomado del portal:

www.encuentra.com

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