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“El secreto de Adaline”

La seducción sobre la eterna juventud

Una rara alquimia cuyo misterio no podrá ser descifrado hasta el año 2035 ha producido que se detenga el curso natural de envejecimiento en una bella joven viuda, quien al conducir su automóvil sufre un terrible accidente del que se deriva -algo que podría parecer un anhelo de muchos-: volverse inmune al paso del tiempo, para no envejecer jamás.


Cine para todos


Adaline es quien sufre este inexplicable fenómeno de quedar atrapada en sus veinte tantos años, con lo cual comienza a vivir muchas cosas que, quienes sueñan con detener el tiempo, tal vez no han reflexionado.

Huyendo todo el tiempo de cualquier situación estable tiene que mudarse y crear una nueva identidad cada diez años para evitar tener que dar explicaciones de su eterna juventud. Tener como única amiga y confidente a su hija, quien ha envejecido como una persona normal y es ahora quien podría ser su abuela, después de que tuvo que abandonarla en su adolescencia para huir de dar explicaciones del raro fenómeno que vive. La imposibilidad de asirse a algo o alguien y estar condenada a vivir en soledad con el impedimento de poder enamorarse o si quiera conservar por largo tiempo una amistad.

La historia que cuenta esta película sucede en San Francisco y aunque puede ser un relato tan predecible como inverosímil, tiene el acierto de proponer una reflexión que se contrapone con la permanente invitación que nos hace la cultura actual de evitar a altísimos costos cualquier signo de envejecimiento.

El secreto de Adaline es una historia romántica que cuenta el probablemente trillado conflicto de evitar el envejecimiento y del deseo de exentarse del viaje inexorable de vivir en el tiempo.

Ante la seducción insistente que se reinventa cada día para proponernos mil maneras de evitar evidenciar el paso del tiempo, ya sea con cremas, cirugías, tratamientos dietas, masajes, alimentación, vitaminas y todo tipo de auxiliares para “retrasar” la fatalidad de la degeneración física. En una sociedad que vehementemente busca todas las maneras de invitarnos a revertir, eludir o disimular el paso del tiempo en nuestra vida y que ha convertido esto en una exigencia prioritaria, no sólo en un ámbito físico y material, la cinta puede ser una forma de contrarrestar este falso anhelo.

También en una sociedad en donde vemos el desprecio a la vejez en el mundo laboral y aun en el mundo familiar, donde los adultos mayores van perdiendo espacio y reverencia, esta película, que presenta un argumento que se antoja envidiable, nos presenta la otra cara de la moneda.

Un relato que nos hace reflexionar sobre aquello que en principio podría parecer la tan ansiada aspiración acerca de la eterna juventud, que en realidad se convierte en la más grande maldición, porque al impedir la esperanza de un futuro se borra también el legado del pasado.

Imaginemos por un momento que los recuerdos y acontecimientos de nuestra historia tuvieran que desaparecer. Nos quedaríamos sin nada, vacíos, sin herencia histórica, sin memoria, sin huella del paso por el tiempo. Tendríamos que ser espectadores mudos de una realidad a la que no podemos pertenecer. Sin pasado el presente se vuelve efímero y vano, no tiene sentido el presente sin afectos en el tiempo, experiencias, recuerdos, ni nada que consolide nuestra historia personal.

Muchas veces menospreciamos nuestro propio trayecto de vida, nuestro pasado. Algunas partes de él, porque nos pesan, nos avergüenzan o nos parece que no han tenido valor, pero pensemos que si hoy podemos ser camino, es porque pasos dimos primero, y aunque esos pasos hayan sido torpes, pequeños o desatinados, dieron posibilidad a trazar un sendero.

Por otro, ser por siempre joven y gozar de las fortalezas de la juventud es un espejismo no sólo cruel sino que aniquila. Sin futuro no hay posibilidad de amar, ni de comprometerse. Sin futuro, el amor que se experimenta es un placer fugaz que no promete nada, ni espera nada. Y aunque a veces pareciéramos preferir vivir un eterno enamoramiento y un presente sin desgaste y sin consecuencias, lo cierto es que el amor que no se convierte en compromiso y se responsabiliza de la felicidad y de ser testigo del otro, carece de todo sentido.

Para muchos jóvenes que hoy huyen del compromiso de un futuro y les aterra el “para siempre”, porque se sienten incapaces de adherirse a lo que aman para sostenerse en ese amor “pase lo que pase”, el mensaje de esta cinta puede ayudarles a evidenciar el espejismo del amor, cuando no hay anhelo de un futuro común.

Cuando no podemos decir “estaré contigo en las buenas y en las malas, de ahora y para siempre”, nos encontramos en realidad frente a dos egoísmos complacientes, que han acordado estar ahí mientras el placer de la mutua compañía sea el mismo que es hoy. No admiten una evolución hacia algo mejor, por el miedo a aceptar quedarse con menos de lo que se tiene ahora. Y en esa ambición, pierden todo poder de compromiso.

Una historia que plantea el envejecer como una bendición a la cual no deberíamos temerle, y que reconoce que se es doblemente bendecido, si se tiene la fortuna de contar con un alguien que esté dispuesto a recorrer el camino desgastando la vida en mutua compañía, escribir unidos un proyecto común y envejecer juntos como esperanza de que el amor, así y sólo así, puede durar para siempre.

Actores:  Blake Lively, Harrison Ford, Kathy Baker, Michiel Huisman, Amanda Crew, Ellen Burstyn.

Director: Lee Toland Krieger.

Guionistas: J Mills Goodloe, Salvador Paskowitz.

Director de fotografía: David Lanzenberg.

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