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La política, el macho alfa y la teoría feminista

Hasta hoy, aún no he leído prácticamente nada favorable escrito o dicho con respecto al candidato presidencial de Estados Unidos, el Sr. Donald Trump.



Habría que preguntarse ¿por qué las corrientes feministas aún no han reaccionado en su contra, si él representa el ejemplar del machismo moderno?

Los comentarios soeces de Donald Trump sobre su capacidad de dominio sobre las mujeres han suscitado, a la vez, un coro de voces que lo celebran y aplauden, además de que lo excusan como símbolo de un “macho alfa” completo, mal hablado, soberbio y audaz.

En el universo político al que él fue ajeno prácticamente toda su vida, ahora vienen a decir que cómo no van a celebrar a alguien que hable sin disimulos y que dice por fin lo que a muchos varones les gustaría decir abiertamente: que evade tantos impuestos sin reclamo alguno, como les gustaría evadir a muchos; que ha estado con muchas mujeres, como les gustaría a tantos; que gana dinero y engaña al fisco, como les gustaría ganar y engañar a muchos; y que se despacha contra latinos, contra minorías y seres débiles, como les gustaría hacerlo a otros tantos.

Entonces, ¿qué pasa con la igualdad jurídica, que es uno de los pilares de cualquier sistema que se denomine democrático? Y ya que hablamos de igualdad, habiendo sido el ideal de tantos años de lucha feminista, podríamos entonces pensar que dicha igualdad ahora se ve retada y hasta burlada por el franco sexismo del candidato a la presidencia de un poderoso país.

Haremos una aclaración: para el feminismo, la igualdad no implica que las mujeres nos comportemos como hombres. Por el contrario, implica la eliminación del hombre como paradigma del ser humano, cosa que de manera clara y franca se considera a sí mismo el candidato.

En el momento en el que estamos viviendo, hablar de igualdad es hablar de diferencias. El problema feminista es que, si las mujeres decidimos que somos diferentes y que, por tanto, esa diferencia debe ser tomada en cuenta, es precisamente la diferencia lo que, en muchos casos, provoca la desigualdad. Así, debido a la marcada desigualdad que el Sr. Trump encuentra en las mujeres, se autodefine como el macho superior que puede hacer con ellas lo que le plazca denigrando su físico o provocando a quien no acepta sus insinuaciones y colocándose él mismo como el rey del harem.

En la crudeza de sus declaraciones y sus presuntas agresiones hacia las mujeres se ha descubierto que quienes lo enaltecen como modelo a seguir, son los adolescentes varones. Muchas madres estadounidenses ahora se preguntan ¿qué es lo que mi hijo está aprendiendo de Donald Trump?

Todos sabemos que los varones adolescentes necesitan modelos de masculinidad, pero que no estén basados ni en la dominación ni en la agresión. Estos modelos se aprenden en el hogar teniendo como modelo principalmente al padre de familia. Esto, a pesar de que los medios no se cansan de difundir las palabra y actitudes del candidato presidencial en cuestión.

Las investigaciones además muestran que, especialmente en los varones jóvenes, son la madre y el padre quienes tienen mayor influencia en su comportamiento; por supuesto, esto es cuando viven bajo el mismo techo.  

Se ha encontrado además en varios estudios que, cuando un joven presenta comportamiento perturbador, casi siempre se debe a que proviene de familias rotas o descompuestas. Y no está por demás decir que las familias rotas están asociadas con malos ejemplos parentales y el desarrollo llamado no-cognitivo [ej: emocional, social] aparece como extremadamente sensitivo a dichos ejemplos.  Si a esta confusión mental adolescente le sumamos la agenda de género, no es raro entonces que los jóvenes vean al Sr. Trump como su modelo a seguir.

Una convención que ha sido símbolo de la lucha extrema feminista, la “Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer” (CEDAW), está basada en que mujeres y hombres somos diferentes. Ésta no dice que se debe tratar a la mujer igual que al hombre para eliminar toda discriminación. Por el contrario, dice que es discriminatorio ‘todo trato’ que tenga por resultado la desigualdad.

Esto es precisamente lo que ha hecho el candidato, marcar la desigualdad entre él como macho importante y rico, y la(s) mujer(es) a su alrededor, convirtiéndose en el trato más descaradamente discriminatorio de las últimas épocas.

“A los efectos de la presente Convención, la expresión ‘discriminación’ contra la mujer denotará toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de igualdad del hombre y la mujer, de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera.”   (CEDAW)

Volviendo al candidato, la noción de “macho alfa” con el que el nacionalista británico Nigel Farage ha disculpado a Trump, merece una breve reflexión.

El neuro-científico Dean Burnett escribió recientemente en el periódico The Guardian que el verdadero “macho alfa” de la naturaleza es más amable que Donald Trump. Este concepto -nos dice-, nació con la investigación de los primates y se refiere al macho dominante en una manada. Gorilas y chimpancés se organizan en una estructura jerárquica que sitúa o respeta al frente al ejemplar más fuerte o combativo.

Algunos libros que establecen paralelismos entre el comportamiento de los primates y los humanos, empezaron a extender el uso de “macho alfa” en la sociedad, pero Burnett advierte: “Eso no significa que sea válido, sino simplemente común”.

Los humanos nos organizamos, o deberíamos organizarnos de otra manera. El liderazgo de personas debe tener mayor relación con la confianza, que con la fuerza. 

Jurídicamente, es conocido “El derecho fundamental a no ser discriminado por razón de sexo”, que el candidato por su poca cultura, desconoce. Este principio se divide en:

A) La prohibición de discriminaciones directas, esto es, de toda norma o acto jurídico-público (y con ciertos matices, también jurídico-privado) que dispense un trato diferente y perjudicial en función de la pertenencia a uno u otro sexo.

B) La prohibición de discriminaciones indirectas, esto es, de aquellos tratamientos jurídicos formalmente neutros o no discriminatorios de los que derivan consecuencias desiguales perjudiciales por el impacto diferenciado y desfavorable que tienen sobre los miembros de uno u otro sexo.

La diferencia fundamental entre la regla de prohibición de discriminaciones (directas e indirectas) y el principio de acciones positivas, puede describirse desde la interpretación que realiza el investigador alemán R. Dworkin:

Los individuos tienen dos tipos diferentes de derechos: uno es el derecho a igual tratamiento, cuyo contenido es una distribución igual de oportunidades, recursos o cargas. El otro, es el derecho a ser tratado como un igual, que no es el derecho a recibir la misma distribución de cargas y beneficios, sino a ser tratado con la misma consideración y respeto que cualquier otro.

Podemos decir sin temor a equivocación, por tanto, que el Sr. Trump ejerce la discriminación directa ya que en su definición incluye el tratamiento [jurídico] diferenciado y desfavorable a una persona por razón de su sexo, con independencia de los motivos que hayan movido al causante. Jurídicamente pueden sufrirla tanto hombres como mujeres, aunque por supuesto, las mujeres son casi siempre las víctimas de discriminaciones directas (C. Saez, Consejo Económico y Social de Madrid, 1994).

Regresando a las investigaciones de Burnett, el modelo Trump no tendría mucho que hacer en una manada de primates, ya que los machos alfa de los animales, respetan la existencia de una hembra alfa que ejerce un nivel equivalente de control, lo cual es totalmente ajeno al humano referido.

Y aunque hasta recientemente el candidato se ‘convirtió’ en pro-vida por los votos que pueda acumular, tendremos que decir obligadamente algo positivo sobre este señor: no permitirá –dice– que se propague la práctica del aborto (a diferencia de su oponente) y tampoco permitirá el aborto de último término, como cuestión verdaderamente aberrante. ¿Cuál será la opinión feminista?

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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