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Madre, título notable

Madre, todos sabemos, es aquélla que contribuye a dar una vida a su vástago, al que está intrínsecamente unida. A partir del momento sublime en que la madre ve a su hijo por primera vez, sabe que hay un ‘comienzo’ y un ‘compromiso’, y habrá de pensar si cumplirá cabalmente con su papel.


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Quizá muchas mujeres no toman en cuenta que dar vida a un nuevo ser humano es no tener exactamente una vida propia, sino una “vida con…” alguien más. Y esos “alguien más” pueden ser esposo e hijo(s), y entonces se forma una FAMILIA, es decir, ya no soy yo y lo que quiero solamente, sino somos todos los que formamos una familia, y lo que pienso va a depender de cómo se acomoda mi familia a mis propios deseos.

Un gran filósofo, el Dr. Carlos Llano decía que la familia es el centro de la libertad, “pero no es el centro de la libertad porque pueda ser el rincón privilegiado de nuestros caprichos, sino porque es el caldo de cultivo de los tres componentes que constituyen la esencia de la libertad: capacidad de compromiso, capacidad de renuncia y capacidad de don de sí”.

Hoy vivimos una época difícil con muchas ideas que nos bombardean por todas partes, muchas veces contradictorias. Podemos decir que hablar de ‘madre’ puede tener dos sentidos: antes de serlo y después de serlo.

Antes de ser madre, ella necesita conocer qué es amar, amar de verdad. Quizá, si conoce esa palabra, sepa algo de la santidad del matrimonio, porque el amor, todo amor, es naturalmente fecundo. Platón lo definió como “un afán de engendrar belleza”. El amor conyugal tiene una especial fecundidad: dar la vida a nuevas personas; por tanto, querer limitar o impedir cualquier amor, es cortarle las alas y, con ello, poner obstáculos para la propia felicidad. Vale la pena el esfuerzo innegable que lleva aparejado cada hijo(a), porque entre otros motivos, esto supone una mejora al amor recíproco.

Y después de ser madre, hay que estar segura de que un hijo vale infinitamente más que cualquier bien temporal o con cualquier valor económico, como un coche o una vivienda. El hijo es una fuente radicalmente mayor de felicidad y de dicha. La adecuada actitud ante el hijo es considerarlo como lo que es: una persona, un gran bien, lo más perfecto que existe en la naturaleza, y para más claridad: un hijo de Dios. El hijo es una persona fruto del amor, habrá que incrementarlo, criarlo, aun en medio de sacrificios personales.

¿Qué pasa hoy y qué ideas pasan por la mente de la mujer actual?

Muchas veces, dar vida a un hijo es percibido como complicarse la vida, dejar de pasársela bien, estar continuamente al borde del drama y la tragedia; en definitiva, para algunas, es un modo absurdo de perder la libertad.

Los medios de comunicación invaden las mentes femeninas con nuevas expresiones tales como: “empoderamiento, techo de cristal, equidad, género, paridad”, etc. y saltan las preguntas: ¿entonces, qué frena a las mujeres?

Hoy, más del 50% de la fuerza laboral está compuesta por mujeres, pero según estadísticas sólo en 3 de cada 100 empresas una mujer se sienta en la silla ejecutiva. Así que a partir de esto, se habla de las “desigualdades de género” como barrera a la cual debe haber soluciones por parte de empresas, instituciones y particulares. No sólo esto, cuando la mujer logra romper estas barreras, asumen el estereotipo y se comportan como hombres, como único medio de lograr ser respetadas. Esto puede producir una sensación de pérdida de identidad y de aislamiento.

Pero la situación principalmente de la mujer y también la del varón, no se explica sin apelar a ciertos antecedentes: la revolución sexual y la revolución biológica, en donde a partir de los años 60 se introduce el uso de anticonceptivos, que es uno de los hechos históricos más relevantes del siglo pasado.

Además, el difícil reto de conciliar trabajo y familia redundan en una serie de conflictos que terminan con separaciones y divorcios. La madre de familia y también el padre, deben dirigir su trabajo a: 1) Robustecer su yo: influir más en sociedad, aumentar su popularidad e incrementar sus incentivos económicos, 2) Acercamiento a su profesión (sea como madre o trabajadora o ambas) por encima de todo: aumentar su prestigio, destacar en su especialidad y 3) Dirigir sus acciones a amar por encima de todas las cosas, el bien de su familia.

Cuando una persona mujer o varón actúa sin un fin o por un fin equivocado y cuando hace de su trabajo su único fin, la vida humana pierde significado y valor y se transforma en una vida mediatizada, manipulada y desvivida. Así, mediante los modernos medios de comunicación (ej: iPhone) la mujer cree poder controlar desde su lugar de trabajo toda la crianza de sus hijos; sin embargo, no se da cuenta de la desarticulación que se produce en el modo de identificar y usar los medios y fines en el ámbito personal, pues si los fines se transforman en medios, dejan de ser tales y acaban mediatizados y los niños aprenden que ‘mamá no está aquí, está solo en el celular’.

Ataques a la familia

Hoy estamos sufriendo muchas ataques a la familia, especialmente todo lo que reduce al ser humano a comportarse sin trazos de bondad, bien o belleza, todo lo que signifique desprecio a su propia naturaleza, como por ejemplo una madre con un ser humano concebido en su vientre, que acaba con ese ser y le quita el derecho a la vida: el aborto, mal terrible de nuestra época.

¿Tiene el no-nacido derecho a la vida? ¿Tiene la madre derecho a quitársela?  Las respuestas a estas preguntas asedian y confunden a la mujer actual y además determinan cómo percibimos el valor de la vida humana. La forma en que respondamos determinará nuestro concepto de la santidad de la vida, de la vida no sólo de un no-nacido, sino de la vida de un joven, de un viejo sano o débil.

La mujer joven la mujer inteligente, la mujer estudiosa ¿piensa hoy en la santidad del matrimonio fundacional de la familia?  La definición moral y legal del matrimonio entre un hombre y una mujer ha sido tradicionalmente el tabique constructor de los hogares y comunidades, es crucial para una sociedad sana. Ignorar la importancia de la familia es ignorar la substancia y el entendimiento de cómo interactúan los seres humanos y nuestro deber como madres y padres es enseñar las bases morales a nuestros hijos, debemos regresar a los valores clásicos y básicos, al compromiso y a la renuncia.

El Dr. Llano decía que el compromiso y la capacidad de entrega están en nuestras manos y no en reglamentos estatales ni en oropeles televisivos, porque la familia es la única alternativa del futuro si sabe ejercer la libertad de la que es maestra.

La mujer y el hombre contemporáneos creyéndose independientes, se dejan arrastrar por las ideas y las modas. Muchas personas en el momento en que interrumpen sus múltiples actividades, se topan con el vacío, pueden llegar a darse cuenta de que están siendo dirigidas a no-se-sabe-dónde ni para qué.  Pueden llegar a darse cuenta de que se hallan inmersas en un relativismo sin contenido, se trata de una carencia de convicciones que lleva a adoptar conductas regidas por los códigos y reglas que el medio les impone pero que ellos no eligieron consciente y libremente. Son como borregos de una manada.

Y un niño ¿qué nos dice de su madre, de su padre y de su ambiente al nacer?

“La aventura suprema es nacer. Nos encontramos de repente en una trampa espléndida y estremecedora. Ahí vemos de verdad algo que jamás habíamos soñado antes. Nuestra Madre y nuestro Padre están al acecho, esperándonos, y saltan sobre nosotros como si fueran bandoleros detrás de un matorral….Al entrar en la familia por el nacimiento entramos, de verdad, en un mundo incalculable, en un mundo que tiene sus leyes propias y extrañas, en un mundo que podría muy bien continuar su curso sin nosotros, en un mundo que no hemos fabricado nosotros. En otras palabras, cuando entramos en una familia, entramos en un cuento de hadas.” (G.K. Chesterton)

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