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Donald Trump y seguidores: Money, money, money

Cuando hablamos del personaje estadounidense más actual, aunque no sea el más joven, del señor Donald Trump, no podemos hablar de moral, ni de humildad y ni siquiera de conocimiento político.


Donald Trump; money


Lo que atrae al pueblo estadounidense hacia este señor, son sus promesas de más money, money, money; de volver a hacer de ese país el más poderoso en todos sentidos, al costo humano que sea.  Esto es lo que llaman el “fenómeno Trump”.

El señor en cuestión se equivoca en muchas cosas, pero menos en lo que él mismo dice: No se equivoca en cómo hacer dinero.

Critica a los hispanos ilegales y quiere sacarlos de su país, pero al mismo tiempo está financiando la construcción de un gran hotel de superlujo cerca del Capitolio en Washington con mano de obra de trabajadores mexicanos y latinos, y muy posiblemente no todos son ‘legales’ en Estados Unidos. En épocas pasadas era pro-aborto, hoy se dice ‘contra el aborto’, pero declara que la mujer que aborte debe ser “castigada”. Tiene por costumbre desmentir después su falsa retórica.

Sin importar lo que pase en noviembre, la candidatura presidencial de personajes como Trump y de Clinton, nos obliga a pensar como país ligado a Estados Unidos, en dónde estamos y cómo podríamos prever lo que venga después, pues por lo que se ve desde aquí, nos causará indiscutiblemente algún malestar.

Hillary Clinton tiene actualmente gran poder para convertirse en el ser humano más poderoso del mundo como presidenta de Estados Unidos. Ella afirma que “la persona no-nacida no tiene derechos constitucionales”, es decir, que el bebé no-nacido es una persona, pero que no tiene derechos, sólo porque lo dice Clinton; y por eso, se le puede dar muerte. Así nada más. Otra de sus incoherentes afirmaciones es: “Gay rights are human rights, and human rights are gay rights” (International Human Rights Day, Ginebra Suiza, 2011), discurso que llamó la atención mundial.

El Partido Republicano había sido el partido conservador tradicionalmente, pero hoy su candidato top se sitúa como el más liberal de todos los tiempos, ya que su idea es manejar el gobierno como él maneja sus negocios.

Esto nos hace pensar en un Apocalipsis; esto es el signo del comienzo del fin de la tradición política estadounidense y de su estilo de vida. Trump y otro de sus contrincantes, Bernie Sanders, se enfocan exclusivamente en temas de tipo económico, ninguno trata siquiera de disimular que el dinero es la raíz de todo lo bueno y lo demoníaco. Y por supuesto, encuentran apoyo en aquéllos ciudadanos que consideran la cuestión económica como lo más importante en sus vidas y para su país.

Hasta cierto punto, los asuntos económicos han ocupado un papel predominante en elecciones, no sólo en Estados Unidos, sino en todos los países. Pero, si buscamos en la historia, el asunto económico había estado balanceado por otros asuntos de diferente naturaleza. Tanto la gente como los políticos se han preocupado por la economía, como es debido, pero también hasta hoy se tomaba en cuenta qué es lo que hacemos como seres humanos viviendo juntos en cierta sociedad, más allá de lo puramente material.

¿Habrán perdido los estadounidenses el lado no-material de las cosas? ¿Ya no podrán ver más allá de las promesas hechas sólo ‘money’ de un civil quien hasta hoy no ha hecho nada por su país y todo lo que haya hecho, lo ha hecho sólo para su propio provecho? La mentalidad estadounidense se ha estrechado y Trump ha tomado gran ventaja de este hecho desafortunado.

En un artículo leí recientemente algo interesante: Hace casi 200 años, Alexis de Tocqueville (sociólogo historiador francés, S. XIX) anticipó estos acontecimientos en Estados Unidos. Él no se oponía a objetivos económicos, pero tenía temor que el exceso de enfoque a estos objetivos frenara el desarrollo humano y estrechara los horizontes a los ciudadanos de las democracias modernas. Tocqueville llamaba a la “búsqueda de bienestar” algo “honesto y legítimo”, pero se preocupaba de que esta búsqueda causara en último término que los individuos “perdieran el uso de sus facultades más sublimes”. Y continuaba diciendo que “al desear que todo mejore a su alrededor, finalmente llegarán a degradarse a sí mismos”.

Ciertamente, esto parece estar pasando en el país del norte. La cultura estadounidense se ha convertido en lo que sus críticos decían: Una sociedad cuyo mayor interés es el bienestar material. Los políticos y también los ciudadanos se olvidaron de pensar en el bien público o bien común, ya ni siquiera lo utilizan como retórica.

Los efectos negativos de la tecnología y la ciencia han dejado su marca en la sociedad, convirtiendo a los ciudadanos en buscadores del confort individualista. Ya no quieren ver más allá de sus iPhones hacia un significado de su existencia, de tal modo que lo que les interesa es poner más comida en sus platos y comprar el iPhone más moderno. El egoísmo, el materialismo, el individualismo, la extravagancia y la búsqueda desmedida de confort no sólo se palpan en el Sr. Trump, sino en sus seguidores, que han hecho de él no sólo un candidato, sino un modelo a seguir.

Otro candidato, el Sr. Sanders, decía que “la desigualdad de ingresos es el gran tema moral de nuestra época”. Nuevamente el enfoque es estrecho, pues es solamente económico. Por otra parte, ¿qué es lo que sentimos cuando vemos las noticias o leemos un artículo, o cuando nos parten el corazón cuando pensamos en el futuro de nuestros niños y niñas? –Creo que no es exactamente la desigualdad de ingresos.

Las cuestiones morales que enfrentamos hoy son mucho más profundas, más peligrosas y tienen mucho mayores consecuencias; esto, si se quedan sin respuesta.

Vamos, en primer lugar hay muchos que pasan por la vida ‘como si Dios no existiera’. Se ha escrito sobre la secularización occidental y los regímenes ateos que dominan a la humanidad queriendo relegar a la religión completamente fuera de la vida pública. Esto se ha situado en cualquier país que haya acogido la ideología de la revolución sexual reflejada en la legalización del aborto, en el control poblacional por medio de campañas para evitar hijos, en la normalización de la homosexualidad y en la propaganda de la diversidad de género.

Lo anterior va acompañado de demandas de derechos humanos como derechos legales, en donde muchos contradicen las creencias de la tradición judeo-cristiana acerca de la dignidad humana y el progreso humano. Y cada uno, junto con los nuevos derechos inventados, es acogido por gobiernos dominados por el secularismo y el sentimentalismo economicista.

Otro punto importante de nuestra época es la falta de promoción del capital humano en el capitalismo económico. Para eso, se necesita la base familiar, considerando que la familia es el tabique constructor de la sociedad. Por tanto, la planeación económica con sus componentes, desde mercados financieros, reglas comerciales, hasta el mercado de salarios, deben hacerse tomando como base a la familia natural.

Otros puntos de índole moral que afectan a nuestras sociedades son, por ejemplo: el aborto, ante el cual existe una pregunta aún no respondida: ¿los niños no-nacidos tienen derecho a la vida? Otro ejemplo es la santidad del matrimonio como principio de unidad familiar. Y un ejemplo más sería la “educación sexual”, cuya tendencia actual es la destrucción de la inocencia infantil y la corrupción de la juventud.

Solamente me queda mencionar una cuestión importante que fue subrayada por los mismos fundadores de Estados Unidos: Nada provee de un antídoto más seguro para el individualismo materialista, que recordar la inmortalidad del alma y nuestros deberes con Dios.

Según Tocqueville, esto también sirve para “elevar la mente en general, para cultivar nuestras más sublimes facultades que nos conducen a entender realidades abstractas y a buscar actividades más duraderas y significativas”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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